Lunes, 9 de diciembre de 2019

¿Hay desgracias con suerte?

Un conductor circula con su vehículo por una carretera comarcal, al mirar su móvil durante unos segundos pierde el control se sale de la carretera y cae por una cuneta. El resultado es que sufre algunas contusiones, nada grave. Un mes después, otro conductor en el mismo punto mira su móvil pierde el control e impacta con otro vehículo en dirección contraria, ambos se salen de la carreta. El primer conductor, el que miraba su móvil, sufre algunas contusiones, pero en segundo coche se producen 3 víctimas, una mujer y dos menores de edad. Un tercer conductor pasa por el mismo lugar, no mira su móvil, va atento a la carretera, pero sin saber de dónde sale un chico en bicicleta que se le atraviesa, le atropella y el chico queda gravemente herido a causa del golpe y pierde una pierna.

Ninguno tenía intención de provocar daños a nadie, pero los dos primeros cometieron una imprudencia, el tercero no. Una misma acción, un mismo descuido irresponsable o no, tres resultados bien diferentes. ¿Cómo juzgar a cada uno de los protagonistas?

Ahora imagine que dos terroristas colocan sendas bombas, una en el metro de Londres y otra en el de Paris. La primera explota como estaba previsto y causa 20 víctimas mortales y 50 heridos, la segunda no llega a explosionar por un fallo en el control remoto. Ambos terroristas son apresados por la policía y juzgados ¿Se les debe aplicar la misma pena?

Tanto en el primer caso como en el segundo los diferentes resultados se debieron a causas ajenas a aquellos que realizaron el acto. Ninguno de los conductores pretendía provocar daños a nadie, en el segundo ambos individuos querían causar el mayor número de víctimas posibles. Dos conductores cometió una negligencia, el tercero no, el terrorista de Paris vio frustrada su acción por un fallo técnico aunque su intención era la misma que la de su compañero. ¿La culpabilidad legal es la misma que la culpabilidad moral? ¿Debe tener mayor peso la intencionalidad, buena o mala, o el resultado de nuestras acciones, buenos o malos?

La suerte, otros le llaman azar[1] incluso predestinación, está siempre presente en nuestras vidas desde el mismo día en que nacemos y en numerosas ocasiones determina lo que podemos hacer, lo que llegamos a ser. Tal vez esto sea injusto en ocasiones, porque depende de variables que no podemos controlar, pero es así. Un descuido, una imprudencia, el estar en un lugar en un determinado momento, puede condicionar todo nuestro fututo. ¿El que califiquemos una acción como buena o mala, inocente o culpable tiene que ver con la suerte? Bueno pues hay opiniones para todos. Si tuviéramos que considerar todas las posibles consecuencia, buenas o malas, de cada una de nuestra acciones nunca haríamos nada.

Sea como sea hay que seguir viviendo y convivir con estas preguntas cada vez que tenemos noticias de situaciones como las descritas. No todo depende de la suerte, pero tampoco nuestra vida es absolutamente ajena a ella, sino ¿por qué tanto millones de personas participan cada día en juegos de azar? Recuerden lo que dice el refrán: la suerte es loca y a cualquiera le toca.

[1] Causa o fuerza que supuestamente determina que los hechos y circunstancias imprevisibles o no intencionadas se desarrollen de una manera o de otra.