Jueves, 25 de abril de 2019

Votemos por la democracia.

Cuando el Estado utiliza a sus servicios de seguridad en beneficio de algún partido político todo puede suceder. Se empieza espiando y se puede terminar arrojando al “subversivo” desde un avión al océano. En América latina se sabe mucho al respecto.

En España también. Después de la guerra civil, durante cuarenta años, el bando vencedor, con la complicidad de la Iglesia Católica, puso en práctica métodos similares. Aún, no se han podido recuperar los cuerpos de los asesinados, tampoco reparar su memoria y menos enjuiciar a los verdugos. La famosa transición consistió en que casi todos los protagonistas acordaron usar la goma de borrar. “Lo primero es la convivencia”, se decía. Sin embargo, en una democracia debería primar la justicia y, a partir de ella, convivir en paz. Esta herida sigue abierta. La memoria es muy tozuda.

Algunos partidos de derechas, los herederos del franquismo han pasado página. “Las guerras del abuelo” o “existen problemas más acuciantes por resolver” aducen como justificación. Incluso, alguno de sus candidatos promete, si gobierna, acabar con la Ley de la Memoria Histórica. Tampoco el PSOE se ha mostrado muy dispuesto para llevarla a efecto. Veremos qué sucede si conserva el gobierno.

El hecho es que la sombra de aquella dictadura fascista se extiende hasta el día de hoy. La utilización de las fuerzas de seguridad del Estado para acabar con el disenso fue una práctica corriente durante aquellos años de plomo. Hoy se sigue haciéndolo. En mucha menor medida ¡sí! pero sigue siendo una práctica admitida. La actuación del Batallón Vasco Español y los GAL se inscriben en el marco del Terrorismo de Estado. En un Estado social y de derecho, como es el nuestro, el fin nunca justifica cualquier medio. La fortaleza y la eficacia de la democracia reside siempre en el escrupuloso cumplimiento de los derechos humanos. Además de delictiva, ese uso de las cloacas por parte del gobierno fue contraproducente en su lucha contra el terrorismo de ETA. En efecto, les “legitimó” a los ojos de sus simpatizantes. Les proporcionó un oxígeno que comenzaba a faltarles. El Presidente de Noruega, Terje Andersen, a raíz de los brutales atentados perpetrados en el año 2011, manifestó: “El terrorismo se combate con más democracia”.

Hace unos días nos hemos enterado de una “presunta” utilización de los servicios de seguridad por parte del Ministerio del Interior del PP. Una vez más, se recurre a ellos para acabar con la oposición y destruir pruebas. En este caso, los enemigos eran Convergencia i Unió y Podemos. Ambos partidos democráticos con representación parlamentaria.  La persecución, además, se extiende a ciertos “amigos” que dejaron de serlo. Testigos y, a su vez, coautores de numerosos casos de corrupción.

Esta operación de “acoso y derribo” se completa con la imprescindible colaboración de ciertos medios de comunicación y periodistas sin escrúpulos. Una democracia exige libertad de expresión. Expresión veraz. Si la veracidad deja paso al infundio, la libertad de opinión desaparece. Se engaña al ciudadano. Y, eso, significa volver a los tiempos oscuros.

No obstante, lo más temeroso es que un amplio sector de la población observe complacida esas actuaciones. Vote a los protagonistas y se diga: “¡Todo vale! Por desgracia, nuestra democracia es muy joven y esa forma de gobierno aún no ha calado lo suficiente en nuestras mentes. Para muchos españoles la democracia es sinónimo de debilidad. De ahí que se silencie, se justifique, el uso de las cloacas, del golpe de mano, del autoritarismo. Lo más temeroso es que los grandes partidos pasen de puntillas y los grandes medios releguen la noticia a la página 32.

Existe un refrán francés que dice: “En mangeant vient l’appétit”, comiendo se abre el apetito. Pues eso, se empieza fabricando pruebas falsas, robando a escondidas, publicando mentiras; se sigue con algún sorprendente suicidio y se termina aplicando la pena de desaparición.

Soplan malos aires en España y en Europa. Preservemos una forma de gobierno que costó la muerte de sesenta millones de personas en Europa. Democracia es sinónimo de bienestar para todos. Votemos por la democracia.