Sábado, 21 de septiembre de 2019

Cartas de los lectores

La región leonesa: despoblada, envejecida, invisibilizada

   Hace pocos días se manifestaba en Madrid la “España vaciada”, la “España abandonada”. Los medios de comunicación nacionales se hicieron eco de la misma y se abundaba sobre la situación de la ‘Serranía celtibérica’. El mapa de la España despoblada subrayaba la existencia de esa zona, pero junto a ella, en la misma (o peor) situación se halla otra: la Región Leonesa (Salamanca, Zamora y León) con extensiones a Orense y Cáceres. Otra vez oímos las frases conocidas: “Teruel existe” o “Soria existe”.  ¿Por qué los mismos medios no se hicieron eco de la terrible situación demográfica de la Región Leonesa? ¿Acaso no se encontraban allí colectivos de Zamora, Salamanca y León?

   Reflexionando sobre esta cuestión y teniendo delante el mapa de la “España despoblada”, con los municipios con una densidad de menos de 8 habitantes por km2, surge de inmediato la pregunta ¿y dónde está la “España envejecida”, la que tiene más de un 5,2 % de mayores de 85 años? Por provincias, el mapa es más basto porque no recoge todos y cada uno de los municipios, pero muy significativo: Zamora se lleva la palma, es la más envejecida, y a corta distancia le siguen León y Salamanca; las tres se encuentran entre las seis primeras. En la proyección de población española para 2023, las tres provincias leonesas se encuentran entre las cinco con mayor población de más de 65 años (superior al 28 %).

  Una región despoblada y además envejecida tiene un futuro sombrío si no se toman de inmediato medidas apropiadas. La situación demuestra un abandono histórico al que no se llega de la noche a la mañana, se arrastra desde el siglo pasado, incluso para algunos desde la Guerra de la Independencia, agravada con las carlistas, de Marruecos y la Guerra Civil. Dos siglos pesan mucho, máxime con momentos bélicos apocalípticos, en especial cuando no se adoptan decisiones equilibradoras y de fomento del progreso.

   A pesar de todo, la Región Leonesa conoció un momento de florecimiento cultural desde finales del XIX hasta 1936, con estudios de dialectología, etnográficos, históricos, etc., que visibilizaron la Región y la individualizaron, que señalaron sus problemas y sus fortalezas. Incluso fue delimitada en el Congreso y ratificada su composición triprovincial, a instancias de Claudio Sánchez Albornoz, en 1933. Luego llegaría el franquismo con la emigración masiva a Cataluña, el País Vasco y Madrid, áreas industrializadas desde el poder; más tarde la transición privará a la Región Leonesa de una autonomía que le habría permitido recobrar su personalidad y su autogobierno. La democracia le arrebatará su columna vertebral, la Ruta de la Plata, y dilatará por décadas la finalización de la Autopista Ruta de la Plata. El neocentralismo vallisoletano, más absorbente y aniquilador que el madrileño, esterilizará la movilización del Pueblo Leonés manifestada multitudinariamente en León el 4 de mayo de 1984 (unas 90.000 personas reivindicaron una autonomía de la Región Leonesa).

   Desde entonces, sañudamente, el Reino de León triprovincial será invisibilizado ante propios y extraños, sometido a una deculturación galopante, al emplearse desde las instituciones políticas Fundaciones ‘ad hoc’ como la Fundación Villalar, destinada a crear una identidad cultural híbrida inexistente. Su lamentable situación económica pasará desapercibida en Europa, sumida en un monstruo autonómico de mayor extensión que Andalucía y que Portugal.

   Todavía estamos a tiempo de revertir la situación. Los primeros que debemos ponernos manos a la obra somos los leoneses en las tres provincias, colaborando juntos, como hermanos que somos, potenciando el desarrollo del Noroeste, las relaciones con Portugal y Europa, reclamando una fiscalidad preferencial, inversiones en comunicaciones ágiles que faciliten la vida en áreas escasamente pobladas, fomentando la presencia de servicios de calidad -en especial sanitarios- con dotaciones adecuadas en las cabezas de comarca próximas a Portugal: Ciudad Rodrigo, Puebla de Sanabria, etc.-, facilitando el desarrollo urbano y logístico, con centros de investigación avanzados en el sector sanitario, aprovechando la presencia de núcleos pioneros, por ejemplo oncológicos, en relación con la Universidad de Salamanca y el Complejo Hospitalario salmantino; facilitando la interconexión de los habitantes de las áreas más desfavorecidas a través de internet, como ocurre en Finlandia, etc.

   Estas medidas lógicas tienen carácter transversal y pueden ser favorecidas por una opción regionalista que contemple la Región Leonesa, la globalidad de las provincias de Salamanca, Zamora y León como un conjunto con personalidad propia, que contagie a los demás grupos políticos la preocupación y la atención hacia esta Región con ansias de futuro.

Miguel Ángel Diego Núñez, autor del libro ‘Regionalismo y regionalistas leoneses del siglo XX (una antología)’