Jueves, 12 de diciembre de 2019

A cuestas

En ocasiones, son poderosas las imágenes con que la llamada actualidad nos regala. Y son poderosas –como la de este caso– porque son simbólicas, ejemplares y porque, debido a todo ello, nos salvan y nos dan sentido como seres humanos. 

Hablo de ese niño chino que, todos los días, lleva a cuestas al colegio a su compañero de clase, porque no puede andar. Y, una vez en el colegio, está a su cuidado, cada vez que necesita sus pasos y sus costillas…, cada vez que necesita, en definitiva, su alma. 

Ese niño, con su inocencia, con su generosidad, con su disponibilidad, con su entrega, con su ayuda… nos está salvando a todos, nos está dando sentido a todos, habitantes de un mundo en el que cada uno va a lo suyo, en el que casi nadie quiere saber nada de los demás, en el que domina la lógica de los pícaros, de los aprovechados, de los listos (perdón, de los que se pasan de listos) y de los que se las saben todas. 

Pero ese niño chino, con su gesto, investido de gracia, pese a que él no lo sepa, anula de un plumazo, aunque tampoco lo sepa, esa ferocidad de un mundo en el que parece haberse abolido la lógica de la fraternidad y del apoyo mutuo. 

¿Con cuántas cosas aceptamos cargar? ¿Qué parte de las responsabilidades de todos aceptamos como nuestras y las asumimos, arrimando el hombro, arrimando las costillas? Estos días que se aproximan, en que un hombre divino asume cargar con esa cruz a cuestas, que es el peso que todos le endosamos, son buenos, no para desentenderse, que es a lo que una sociedad irresponsable como la nuestra nos ha habituado, sino para reflexionar si aceptamos cargar con esa cuota que nos corresponde para hacer mejor el mundo de todos. 

No es la figura de Sísifo, emblema de todos los sinsentidos que ha de soportar el ser humano, la que corresponde a este niño chino, que carga con su compañero impedido de andar, sino otra figura más redentora y salvadora, pues nos otorga sentido a todos. 

La melodía de la inocencia, la melodía de la entrega, la melodía de la ayuda… se alojan en las costillas y en el alma de un niño chino que todos los días va a la escuela, que todos los días lleva a cuestas a su compañero impedido, que todos los días expresa ese milagro, ese fulgor, esa maravilla que es la humanidad, cuando de verdad se manifiesta a través de cualquier ser humano, cuando de verdad de tal ejerce. 

Como decía el escritor judío-egipcio, que escribiera su obra en lengua francesa, Edmond Jabès: “Así, la disponibilidad sigue siendo la salvación”. Sí, nos salvamos por ella. Nos salva ese niño chino que lleva a cuestas a su compañero de colegio. Porque ese gesto salva y humaniza el existir de todos.