Domingo, 8 de diciembre de 2019

Papel de periódico

Profecías de sabias voces, anuncian un escaso futuro a los tradicionales periódicos de papel, que serán apartados de la circulación por la inmediatez de noticias digitales llevadas a domicilio en las pantallas de los ordenadores.

Me niego a aceptar esta imparable realidad, por muy irreversible que la anuncien los futuristas con el apoyo y complicidad de lectores incapaces de rentabilizar las ventajas y servicios que ofrecen los diarios que nos vende cada mañana la señora Faustina.

Si desaparece la prensa escrita tendremos que ajustarnos aún más el cinturón para comprar todos los objetos, productos y elementos que suplen las páginas de los periódicos, desde que la primera rotativa se puso en marcha en 1846, a partir de la máquina de impresión ideada por Applegath.

¿Con qué vamos a rellenar los huecos libres que dejan en las cajas los paquetes postales que enviamos a  los amigos de confianza?

¿Qué papel van a utilizar las personas de los servicios de limpieza cuando acaban de fregar el suelo, para evitar las pisadas?

¿Cuánto dinero extra tendremos que gastar en materiales para mantener la horma de los zapatos de una temporada a otra y el volumen de los bolsos?

¿Qué utilizaremos para envolver vajillas, cuberterías, cristalerías, portarretratos y pequeños objetos domésticos, en los traslados de vivienda?

¿Cómo vamos a proteger la tarima, los muebles y objetos de una habitación cuando nos dé por coger el pincel para pintar las paredes?

¿Cuántos euros gastaremos en productos para iniciar el fuego de la chimenea, abanicarnos, matar insectos y sentarnos en un banco?   

¿Dónde irán a parar algunos periodistas, distribuidores, kiosqueros, taladores de árboles, transportistas, fabricantes de jabones, sarteneros, cazueleros, coleccionistas de primeras entregas, cafeterías mañaneras, fotógrafos destajistas y recogedores de papel,  cuando desaparezcan los periódicos?