Miércoles, 17 de julio de 2019

Llorar a Mamen en Vitigudino

¿Ley de vida?, dicen algunos, decimos todos. ¿Qué ley de vida es esa? La que agosta una vida a los 57 años, con toda la calentura de los puentes vitales a las espaldas, con las veredas primaverales en el regazo, las noches tenebrosas, los pecados veniales, las mentirillas piadosas, las risas y los desconsuelos, los besos, el amor y la paciencia, las manos en las tejas que crean otros mundos, recuerdos, qué sé yo…

 La vida que curiosea las vidas en los libros, que viaja a mil universos, siluetas de la imaginación, imaginación que esculpe la inviolable y gustosa sensación de disfrazar tu vida con otros vestidos trasparentes al sueño. Tus libros.

 La vida de tu mejor obra (tu hijo Alberto), la obra de tu mejor obra (tu nieta). A ella le contaremos (tenlo por seguro), de forma puntillosa y profunda, como eran de hermosos y cabales los sentimientos de su abuela, cómo era de rico el café que dibujaba en el patronaje de sus faldas y vestidos y como sentía respingar el alma con los naturales de Morante de la Puebla.

 Fuiste, pequeñito amor Alba, el rayo de luz que crispó la tormenta que se avecinaba, tormenta que no paró y que se fue llevando lentamente, pero sin pausa, a nuestra querida Mamen, cuando marzo entra en sofoco para anunciar la primavera y tus Corpus del alma en el pueblo.

 Y te lloramos ayer y hoy en Vitigudino, tu querida cuna y tu apenada ausencia tan dura porque se nos hace muy difícil pensar que ya estás entre dos fechas, entre dos paréntesis. Donde no faltarás nunca será en la alcoba principal de nuestro corazón; tía, esposa, hermana, madre, suegra, abuela, amiga.

 No puede ser ley de vida que la muerte se levante tan temprano. No puede ser.