Miércoles, 21 de agosto de 2019

Dumbo, un elefante diferente

Para ser insustituible, siempre hay que ser diferente. Coco Chanel

El carismático director Tim Burton, se adentra nuevamente en una historia cuyo protagonista se mueve en los siempre complicados límites de la marginalidad, de la despiadada exclusión a la que son sometidos aquellos que no cumplen los criterios de normalidad, unas estrictas normas, no escritas, que imponen el aspecto físico que hay que tener, la conducta social que se debe practicar, incluso, cómo y en qué hay que pensar.

No es la primera vez que Burton hace protagonistas de sus películas a personajes “distintos”, personajes que se salen de la norma. Ya lo hizo con Batman (1989) y Eduardo Manostijeras (1991), también con Ed Wood (1995) y más recientemente con los residentes en El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares (2016). En esta nueva entrega el héroe es, nada más y nada menos, que un pequeño elefante que nace con unas desproporcionadas orejas, al que ya conocimos en la versión que los estudio Disney estrenaron en 1941: Dumbo.

Como todos los distintos, Dumbo debe demostrar cualidades especiales para ser aceptados en el mundo de los normales. En este caso el pequeño elefante – sometido a un duro bullying por los miembros del circo y al que su madre quiere proteger pero es separada él - sólo es admitido en la comunidad cuando demuestra que es capaz de volar, su diferencia es precisamente lo que le hace especial, lo que hace que todos le admitan y así se convierte en la estrella del circo, algo a lo que nunca hubiera podido aspirar de ser un elefante normal.   

En nuestra sociedad hay demasiados dumbos, personas a las que en muchas ocasiones se las excluye o margina por ser distintas y claro, aquí está el problema ¿quién o quienes define la normalidad[1]? ¿quién o quienes establecen los preceptos a los que debemos ajustarnos para que seamos admitidos como normales?

El filósofo, historiador y psicólogo francés, Michel Foucault, afirmaba que las normas sociales no son más que construcciones humanas que, en cada época, establecen lo que es normal o anormal, lo que es moral o pervertido. Aquellos que ejercen el poder en las sociedades construyen lugares donde recluir a aquellos que no cumplen con la norma: los locos en los manicomios, los enfermos en los hospitales, los presos en las cárceles o los inmigrantes sin papeles en Centro de Internamiento.

El poder político se ejerce a través de todas estas instituciones, pero también en escuelas, empresas, cuarteles, talleres, etc.; y aun más, porque desde hace décadas los poderes públicos no solo tiene como misión la gestión económica y la seguridad de los ciudadanos, hoy está presente en todo los ámbitos de la vida: controles de salud y vacunación, sistemas de reproducción, causas legales de abortar, custodia de los hijos, etc.; y todo aquello que no cumpla las normas es rechazado, separado, excluido, cuando no sancionado.

¿Es normal que una mujer no quiera tener hijos o que un hijo odie a sus padres? ¿ es normal que un niño o niña prefiera estar leyendo en su cuarto que jugando con sus amigos en la calle? ¿es normal que una mujer se case con otra o un hombre con otro hombre? ¿Se trata en estos casos de conductas fuera de lo que consideramos normal y por tanto de conductas patológicas? Solo un par de ejemplos. En las sociedades griega y romana la homosexualidad era una conducta  normal y en las cortes reales europeas las amantes de los reyes y nobles estaban bien consideradas?

Dumbo, como otros muchos dumbos que conviven con nosotros, no cumplen con lo normal, es diferente, pero eso no debería justificar que sea ridiculizado o excluido. Hemos suavizado el lenguaje para referirnos a los diferentes, ya no hablamos de subnormales, ni de maricones, no llamamos marimacho a una mujer que no desea tener hijos o puta a la que ha sido infiel a su marido, pero el lenguaje es solo es una parte del problema, un problema de mucho más calado porque tiene raíces profundas en los prejuicios aprendido y en los socialmente aceptados. El pequeño elefante nació con unas orejas anormalmente grandes, pero fue eso precisamente, el salirse de la norma, lo que después todos admiraron ya que permitió hacer algo que los normales no podían hacer, a pesar de estar investidos de normalidad.

¿Eran normales Einstein, El Greco, Mahoma, Gandhi, Shakespeare, Alejandro Magno, Miguel Angel, Newton, Pasteur o Madame Curie? Fueron sus diferencias las que les hicieron grandes. Dicen que Coco Chanel, la diseñadora de alta costura francesa y fundadora de la marca Chane, decía: Para ser insustituible, siempre hay que ser diferente. Yo añadiría, porque los normales siempre tienen recambio

[1] El término también se refiere a lo que actúa como regla, canon o modelo, y a lo que se ajusta, debido a su naturaleza, a preceptos establecidos con antelación.