Sábado, 7 de diciembre de 2019

"Me aburro con las cosas que ya entiendo"

“Todo el mundo sabe que una persona inteligente, divertida, guapa o bien vestida tendrá éxito. Pero es posible triunfar con tus imperfecciones. Yo necesité mucho tiempo para darme cuenta de esto”.

Las palabras son de la flamante ganadora del prestigioso premio Abel, que reconoce a quienes destacan universalmente en una de las ciencias más hermosas, sugerentes, creativas y apasionantes que la inteligencia humana ha sido capaz de elevar hasta el núcleo del pensamiento: las Matemáticas. Estos días, desde esa bella, mágica e interminable ciencia se nos ha obsequiado con una explosión universal de gozo, un esperadísimo rasgo de reconocimiento y de pura alegría, al reconocer la Academia de Ciencias y Letras de Noruega con el premio Abel el talento, y sobre todo, la persona y la personalidad de Karen Uhlenbeck, una admirable científica, inteligencia puntera en el mundo matemático, especialmente en la rama de Geometría y Topología Algebraicas, cuyas investigaciones y descubrimientos han aportado a la ciencia avances de enorme trascendencia relacionados con importantísimos temas científicos, tales como la medida y formalización de la multidimensionalidad del espacio o las complejas intersecciones entre las matemáticas y la física.

Me aburro con las cosas que ya entiendo” es toda una declaración de inquietud intelectual  que pronuncia Karen Uhlenbeck y que se constituye como ejemplo, modelo y referente de tantas mujeres que todavía, todavía, encuentran en el mundo de la investigación científica las innumerables trabas que la mal llamada “civilización” arrastra aún en cuestiones de igualdad. La misma premiada admite que no conoce a ninguna mujer matemática para quien la vida, en relación con su trabajo, haya sido fácil, ya que, continúa diciendo, los esfuerzos heroicos tienden a ser la norma.

Aunque, dada la importancia de sus logros, el reconocimiento de las aportaciones científicas de Karen Uhlenbeck debería haber sido infinitamente mayor, pormenorizar en un artículo periodístico el detalle de sus investigaciones sería mucho menos clarificador que nombrar, al menos en enunciado, algunas de sus aportaciones en investigación matemática, que incluyen avances relacionados con los trabajos también reconocidos de otros matemáticos, cuales son su teorema sobre la existencia de inmersiones armónicas en variedades de Riemann (una nueva dimensión de la topología y, en general, de la geometría), aportaciones capitales a la teoría de cuerdas (que puede ayudar a explicar la naturaleza de la realidad) o sus investigaciones en la geometría del espacio-tiempo (desarrollos vanguardistas desde Einstein), que abundan y desarrollan enunciados físicos de enorme complejidad que, gracias a sus trabajos en las llamadas superficies mínimas, la teoría gauge (relacionada con las simetrías y los sistemas integrales), constituyen un referente indiscutible en los horizontes actuales de la Matemática.

La concesión del premio Abel (que no deberíamos abaratar denominándolo “Nobel de Matemáticas”, pues la ciencia que reconoce es, con diferencia, la más alta realización del intelecto humano e influye de forma capital en cualquier otra disciplina científica), viene a unirse a la agridulce sensación de recuerdo de la genial Maryam Mirzajani, fallecida en 2017 a los cuarenta años de edad, que fue distinguida en 2014 con otro de los grandes reconocimientos matemáticos, la Medalla Fields, y cuya especialización y aportaciones, en parte paralelas y complementarias con las que realiza Uhlenbeck, significan una extraordinaria apertura de puertas y ventanas en un mundo reacio a semejantes aireamientos,  la investigación científica, y da otro gran paso en el reconocimiento en igualdad de mujeres y hombres que, en el campo de la aportación puntera al conocimiento, empiezan a avanzar en paralelo y cuyos logros son reconocidos, igual que lo habrían de ser sus oportunidades, acceso y consideración, en base a su talento y no a su sexo.