¿Democracia interna?

La democracia liberal, en la que vivimos, tiene como uno de sus elementos esenciales la existencia de los partidos políticos. Partido viene de parte, pues tal es su sentido: un partido político representa a una parte de la sociedad, con una ideología determinada y unas soluciones acordes a su punto de vista para abordar y tratar de dar solución a los problemas de la realidad. Si no, para qué valen. En definitiva, partido político es sinónimo de pluralismo político, o de democracia. Lo contrario de las dictaduras, de derechas o izquierdas, que se asientan sobre el partido único, es decir, el monolitismo ideológico. En España lo padecimos con Franco. Y en otros lugares, con Hitler, Stalin, Mussolini, Mao o Castro. Hay de todos los colores, pero en el fondo todas ellas son detritus político, o más claro, dan asco.

Pero a la vez que requerir de partidos, en un Estado que se proclame democrático, también es propio de esa condición la democracia interna de esos partidos, o sea, el pluralismo ideológico en el seno del partido. De lo contrario, asistiríamos a estructuras férreas controladas por un líder político que se impondría a las minorías dentro de ese partido. O en otras palabras, el llamado “aparato” frente a las bases. Es lo que está ocurriendo ahora mismo y estamos viendo en primera fila con la elaboración de las listas electorales, con variantes interesantes, pero todas ellas dignas de crítica porque atacan el pluralismo en el interior de los partidos.

Me hace gracia lo que ocurre con Pedro Sánchez y el PSOE. Como el presunto plagiador de su tesis doctoral, autor interpuesto de un libro con sus “ideas” sobre nuestra realidad, es la antítesis de lo que dice, no ha hecho más que perpetrarlo con la elaboración de listas de su partido. El ejemplo más llamativo es lo sucedido en Andalucía. Allí los militantes del PSOE eligieron los que debían ser candidatos en las próximas elecciones. Y la ministra de Hacienda, Montero, consiguió el octavo lugar por Sevilla. Pero el órgano central electoral en Madrid acaba de adjudicarla el primer puesto, al tiempo que otros políticos sevillanos que iban en puestos de salida, han sido relegados o purgados hasta el punto de desaparecer como candidatos. Esta es la democracia interna del PSOE, 100 años de honradez. ¿Alguien, con dos dedos de frente, podría decir que este partido tiene democracia interna, o más bien rige el puro y duro centralismo democrático, que es otra forma de decir que aquí se hace lo que quiere el líder, y los militantes que se vayan a pasear por el Guadalquivir?

El tema es claro. Sánchez es un aventajado discípulo de Maquiavelo, para quien, en lo que toca al poder, el fin justifica los medios. Y el doctor Sánchez no olvida: sabe quiénes quisieron mandarle al infierno político, y no perdona, ahora se toma el desquite. Quiere en Madrid un grupo parlamentario fiel y sumiso, que no pueda acabar con él si pierde las próximas elecciones o si pacta con separatistas, como ya sabemos que es capaz cuando se trata de alcanzar el poder. Ha aprendido el chaval. Estudiar, parece que ha estudiado poco, pero listo y astuto, quién va a negarle sus dotes, a este guaperas de Chamberí.

¿Y en el PP? Ahí, Pablo Casado ha demostrado, a la hora de la elaboración de sus listas, que del dicho al hecho hay mucho trecho. La escabechina que ha perpetrado con quienes estuvieron frente a su candidatura, apoyando a Soraya o Cospedal, es de época, propia de quien al ganar su nominación dijo que buscaba la integracion. Los cronistas miran hacia atrás y recuerdan a Aznar sucediendo a Fraga y no cargándose a sus partidarios, o a Rajoy sucediendo a Aznar, y más de lo mismo. Y llega el chavalito que todavía no se ha ganado sus primeros galones en unas elecciones generales, y manda al cuerno a quienes se atrevieron a rechistarle. El caso de campeonato es el de Cayetana Álvarez de Toledo, que abiertamente se enfrentó a Rajoy, y que en estos años ha manifestado proclividades claras hacia Ciudadanos, y Casado la premia ahora haciendo que encabece la lista del PP por Barcelona. ¿Es que Casado ganó con el 80 por 100 su nominación a presidente del PP, o más bien ganó gracias al apoyo de Cospedal? ¿Es democracia interna esto o es pasar por la rueda a todo quien piense distinto a mí?

Y para acabar: Ciudadanos. La virgen política española. Y el amigo Rivera se salta a la torera a toda su militancia, que debe de ser de tercera porque no puede presentar candidatos propios, y recurre a los llamados independientes: por ejemplo, el que fuera ejecutivo de Coca-Cola, Marcos de Quinto, cuyas ideas reflejadas en sus tuits se aproximan más a Vox que a un partido liberal que dice ser Ciudadanos. ¿No hay en Ciudadanos personas capaces de defender las ideas de este partido o hay que recurrir a la propaganda de los grandes nombres para ocultar fiascos como el sucedido en Castilla y León?

Podría seguir con Vox y el reclutamiento de militares de alta graduación, algunos de ellos en la reserva y adalides del general Franco (como militar, eh, no como dictador) para encabezar sus listas. ¿Así se construye un partido, dónde están sus militantes, en qué cree esta gente? Y qué decir de Podemos, convertido en el gran carajal político de quien pudo haberlo sido todo, pero la megalomanía de su líder Iglesias y sus compulsivas derivas autoritarias, han acabado con lo que podía haber sido y no fue, como acredita el caso Errejón.

Este es el panorama oscuro de nuestra política. Los partidos son imprescindibles, pero también lo son la democracia y el debate interno, sustituidos por los hiperliderazgos, que cualquier otra cosa serán, pero nunca democráticos. ¿Critico la democracia? En absoluto, critico estas derivas antidemocráticas que lastran a todos los partidos políticos. Ante ello, ¿hay que tirar la toalla o justo lo contrario, defender abiertamente que se apliquen principios esenciales en una democracia digna de ese nombre? No se dejen engañar.

Marta FERREIRA