Martes, 15 de octubre de 2019

“No existe la literatura respetuosa, es un fracaso” 

Charo Ruano entrevista a esta autora colombiana “que tiene 39 insultantes años y un talento impresionante”

Margarita García Robayo, escritora colombiana. Foto de Mariana Roveda

 Hay entrevistas que una se lanza a hacer casi a ciegas, tan pocos son los datos que se tiene del autor-a, pero lo que has leído te ha gustado tanto, tanto que decides aventurarte y a veces las aventuras salen bien…Porque pocas cosas podemos decirles de Margarita García Robayo, que es colombiana que tiene 39 insultantes años y un talento impresionante y que gracias al buen hacer de la editorial TRÁNSITO, podemos leer una maravilla que se llama PRIMERA PERSONA. 

García Robayo tiene otros libros que no encontrarán en nuestro país, cosas de las editoriales, pero con este van a abrir una puerta por la que la escritora se colará en nuestras vidas siempre que quiera. Un placer y gracias a Sol Salama su editora que nos proporcionó el contacto, y que en unos meses nos ha dado LA AZOTEA de Fernanda Trías, LA MEMORIA DEL AIRE de Caroline Lamarche… y esta PRIMERA PERSONA literatura con mayúsculas.

.-Si tuviera que explicarle a los lectores (que no la conocen, que no la han leído) quien es Margarita García Robayo que diría

Soy alguien que mira mucho e intenta reflexionar sobre casi todo lo que ve. Me interesa la indagación constante en temas ordinarios, quiero decir, ningún tema me parece despreciable. Creo en la mirada como una daga capaz de penetrar con su filo en la carne dura con la pretensión de encontrar la esencia que nos constituye.

.-En Primera persona (un libro que comienza maravillosamente) no hay grandes tramas ni certezas, hay sobre todo divagación, reflexión sobre temas como la maternidad y sus miedos, el amor, o el enamoramiento, la locura, el hastío, las frustraciones 

Sí, es ese el lugar desde el que suelo escribir. Me gusta poder formularme preguntas desde los espacios (físicos e ideológicos) que habito, aun sabiendo que el resultado puede no contener respuestas satisfactorias. Pero es otra necesidad la que me mueve a hacerme esas preguntas, más allá de la ausencia de certezas; mi necesidad es poner esas preocupaciones afuera, depositarlas en un lugar (distinto a mi cabeza) en el que me sea más fácil diseccionarlas. 

.-Una mirada a la que no estamos acostumbrados, un cierto cinismo, una ironía que corta, tengo la impresión de que muchas mujeres se habrán sentido identificadas, pero y ellos, ¿la han leído?

Sí, este es un libro extraño porque ya ha tenido mucho recorrido. La española es la tercera edición, pero antes de ser libro ya estos textos habían sido encargos de revistas en las que escribo y en estas publicaciones es frecuente recibir el feed back de los lectores, muchos de los cuales son hombres. Me han dicho que la persona gramatical desde la cual están escritos es más identificable con la primera persona del plural femenino (más que yo, por momentos, parece decir “nosotras”), pero no creo que sea excluyente.  

.- Leí en una crítica muy buena sobre su obra que “Hurga en sus recuerdos y los descose sin miedo…” no sé las veces que he visto en las críticas a libros firmados por mujeres lo de coser y descoser, sé que es una memez, pero le aseguro que me carga

Jajaja. Yo no sé coser (descoser es más fácil), la verdad, no podría aportar nada acerca de ese oficio tan digno…

.-También ha dicho (Mariana Enríquez) «Creo que es la escritora que mejor escribe sobre la intimidad». Lo suscribo, pero a menudo una tiene la impresión de que siempre que una mujer hace autoficción se saluda como un gran descubrimiento

Eso sí que es terrible, porque no es un descubrimiento de ninguna manera, es un género antiquísimo y riquísimo, pero también es cierto que como todo género o formato no es más que una carcasa vacía y cada autor o autora la llena con lo que tiene, como puede, como mejor le sale. Es por eso que no me gusta hablar en abstracto sobre géneros porque en ese planteo tan genérico se deja de lado lo mejor que tiene un autor para ofrecer, que es su singularidad.

.-Ese oído privilegiado para la prosa, (magnífica y por la que el lector vuela) ese ritmo viene tal vez  de la poesía, aunque creo que usted no ha publicado poesía

Nunca escribí poesía, pero trato de leer bastante. Me gusta mucho, es como un bálsamo luego de leer tanta narrativa… No me atreví aun a la poesía porque todavía la respeto demasiado y el respecto restringe. No existe la literatura respetuosa, es un fracaso. 

.-Es muy duro descubrir que va mitificando la memoria y desmitificando los recuerdos, el padre, el mar, los amantes…

Para mí fue un alivio entender y tener claro que mi voz narrativa era una construcción falible, llena de contradicciones y fisuras. Por supuesto que el tiempo convierte todo en mito, ningún recuerdo es igual a otro, y entender eso sirve para aventurarte a contar tu “versión de las cosas” con el compromiso de honestidad que solo tú te puedes imponer. El riesgo es caer en la autocomplacencia o en el autoflagelo, ser honesto es también ser equilibrado.

.-Es un texto en el que hay dolor, rabia, locura, huidas, adultos que no entendemos…adultos que están a punto de ser… y todo narrado con una dulzura y un cuidado muy especial, eso me ha sorprendido, no deja traslucir el enfado o al menos no hay rencor

Hay enfado, sin duda. Porque no se puede pretender mirar el mundo sin enojarse: todos los días veo cosas que me producen indignación profunda y una gran impotencia por no poder remediarlas. Esto tiene que ver con vivir en Latinoamérica, lógicamente, si mi casa quedara en Viena quizá escribiría de otras cosas.

.- Y sin embargo la escritora de estos textos se adivina en perpetúa insatisfacción.

Sí, la insatisfacción es una constante necesaria. A veces pienso que es el verdadero motor de mi escritura, supongo que si no viviera con esa cuota de incomodidad y molestia, no tendría la necesidad de expresarme a través de la escritura.

 .- “Todas las escritoras que están ahora mismo visibilizadas, incluso las invisibilizadas que empiezan a hacerse visibles, se ganan esa visibilidad, no porque sean mujeres, ni porque alguien les dio una cuota, sino por la potencia de su obra.” Son palabras suyas y me parecen muy optimistas

Las suscribo, no creo que haya que hurgar mucho para encontrar escritoras excepcionales, ni que diseñar cuotas femeninas, ni ponerles un reflector. Están ahí, hay que leerlas.

.-Y para terminar que les diría a  todos los críticos que ante obras como la suya firmadas por una mujer dedican palabra y palabras, hablando de la intensidad, con que intensidad escriben algunas mujeres dicen, como si lo nuestro tuviera que ser la sutileza

Jajaja (me has hecho reír mucho). De acuerdo, pero además no hay nada más falaz que esa idea de la “subjetividad femenina” asociada a la blandura, a lo suave, a lo frágil. Desde las escritoras canónicas hasta las más periféricas desmienten esto con lo que hacen que, de distintas formas, comparten calificativos como intenso, salvaje, doloroso, mordaz.

- ¿Definitivamente se ha reconciliado con el mar?

Cuesta. Ahora lo visito más por mis hijos, y me meto y me hundo y fantaseo con ir más lejos, pero luego suena la alarma de la supervivencia: no te relajes demasiado, no te confíes, se ve apacible, pero sigue siendo un monstruo.

MARGARITA GARCÍA ROBAYO (Cartagena1980) es una escritora colombiana radicada en Buenos Aires, es autora de novelas (Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí y Tiempo muerto); de libros de cuentos (destaca Cosas peores, galardonado con el Premio Literario Casa de las Américas 2014); y del libro de relatos autobiográficos Primera persona. En 2018 se lanzó en UK Fish soup, que formó parte del listado anual “Books of the year”, del suplemento lite- rario del periódico Times. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, portugués, italiano, hebreo, turco y chino.

Por Charo Ruano / Fotos de Mariana Roveda y Martín Benavides