Jueves, 13 de agosto de 2020

Un sólo mundo, y en peligro

(Manifestación  del pasado día 15, ante el Colegio de Anaya) 

El pasado viernes floreció un nuevo 15-M, esta vez de alcance mundial, motivado por el estado del medio ambiente y, más concretamente, por los impactos del calentamiento global. No debería sorprendernos la rapidez con que se ha generalizado este movimiento juvenil, que sólo se explica por la previa existencia de una preocupación muy extendida, especialmente entre los jóvenes.

La problemática medioambiental viene siendo planteada desde hace décadas, al menos desde el informe que la comisión presidida por Gro Harlem Brundtland, entonces primera ministra de Noruega, elaboró para la ONU en 1987: “Nuestro futuro común “, por no hablar de los informes del Club de Roma de los primeros años setenta. En todos ellos se señalaban ya los graves problemas de la escasez de recursos naturales y del deterioro del medio ambiente, viéndolos desde una perspectiva universal o global (un anglicismo hoy de uso común). Y se avanzaba ya la exigencia de medidas que los afrontaran también en ese ámbito mundial. Pero pasa el tiempo, nuevos informes indican que la situación empeora y no hay una agenda política suficiente.

Es cierto que se toman medidas parciales de ámbito local para afrontar el cambio climático. El problema es ese: que son remedios parciales y generalmente enfocados a paliar los efectos,  no a atacar las causas, que tienen que ver con un modo de vida –al que genéricamente podríamos llamar capitalista– basado en un consumo creciente y cada vez más diversificado. Por lo demás, los compromisos internacionales no se cumplen o no del todo (Protocolo de Kioto de  1997, objetivos del milenio, del 2000, Conferencia de París de 2015). Y todavía queda algún cretino poderoso que niega la evidencia alegando que el clima “siempre ha tenido cambios”. Uno de ellos ocupa la presidencia de EE.UU. Es la divergencia creciente entre las evidencias científicas sobre ese desgaste del medio ambiente y de la biosfera, por un lado, y la pasividad irresponsable de los dirigentes políticos, por otro, lo que ha empujado y seguirá empujando la movilización.

Las manifestaciones el pasado 15-M me llevan a una rectificación. En el artículo anterior decía que, ante esta grave situación mundial, no había tampoco una respuesta ciudadana suficiente. Este movimiento masivo juvenil me desmiente, por suerte. Estuve en la manifestación, en la que también participó algún “veterano“ más, no muchos. Me emocionó que, al final, se recordara a uno de ellos, fallecido hace años: Nicolás Sosa, fundador que fue del Comité Antinuclear de Salamanca; un hombre luchador y de gran capacidad intelectual. (Sus boletines de información, publicados en los primeros años 80, son de gran rigor científico y divulgativo,  y pueden ser útiles todavía hoy).

Me hubiera gustado evocar a Nicolás en una intervención ante los manifestantes, así como las movidas en que estuvimos implicados en aquellos años, que fueron los pioneros del movimiento ecologista, con gran repercusión en Castilla y León, sobre todo en torno al peligro de la nuclearización civil y armamentística del territorio. Pero no había tiempo, me dijeron. Sirvan estas líneas como recuerdo de Nicolás y expresión de simpatía hacia la movilización, en la que él sin duda hubiera participado.

Queda también el compromiso de volver a estos temas más adelante. Si más no, se trata de recordar que también este movimiento juvenil tiene sus antecedentes.