Lunes, 22 de julio de 2019
Las Arribes al día

La importancia de la caza

El setter inglés es la segunda raza con mayor número de perros inscritos en el LOE

La actividad cinegética está viviendo tiempos convulsos, los propios que produce la acción de quien agita los ánimos de la sociedad contra los cazadores y el mundo rural. Poco o nada habría que argumentar a estas alturas acerca de una actividad que se le reconoce al ser humano desde el principio de los tiempos, pero nunca está de más recordar que la acción de cazar, como método de selección y regularización de las especies, propicia -además del impacto económico que genera ya conocido sobradamente– seguridad vial (justa población, menos accidentes) salud pública y medioambiental. A este respecto debemos tener en cuenta que actualmente hay una epidemia de peste porcina africana (PPA) en varios  países de  Europa, Hungría, Letonia, Moldavia, Polonia, Rumanía, Ucrania y Bélgica, además de China y Mongolia en Asia, y Chad en el continente africano, dándose como denominador común que la inmensa mayoría de animales afectados son jabalíes. La presencia de la PPA en Bélgica es altamente preocupante para España y la superpoblación actual de jabalí en nuestro suelo sería el mejor caldo de cultivo para la propagación de la peste si llegase el caso. Tal supuesto sería demoledor por lo que supone para España el sector del porcino, principalmente el cerdo ibérico.

Pero la caza es también el soporte sobre el cual se sustentan todas las razas de perros que se dedican a esta utilidad, algo de suma importancia, a mí entender, y sobre lo cual quiero ahora incidir principalmente. Con las razas de perros de caza pasa lo mismo que cuando los taurinos mencionan y defienden su afición por la Fiesta: si no hay corridas de toros, el toro bravo desaparece como especie, pues nadie criará un animal al que no se le vaya a dar la única utilidad que tiene. Comparativamente, podemos afirmar que si no se cazara, las razas de perros de caza desaparecerían.

Si observamos los diez grupos en los que la Federación Canina Internacional (máxima autoridad mundial en materia canina) tiene distribuidas las 343 razas de perros existentes en el mundo,  podemos ver qué perros de caza hay en los grupos 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 10, entre perros de rastro, de madriguera, de cobro, de muestra, levantadores de caza, podencos y lebreles, con lo cual podemos afirmar que si no pudiésemos cazar, una parte muy alta de éstas 343 razas  desaparecerían. No podemos ser ingenuos, si no se cazara, nadie criaría un perro de caza.

La prueba de esto es bien clara con algunas razas de muestra. El Setter Inglés es la raza ‘de moda’ actualmente. En consecuencia, inscribió en 2017 (último año del que se tienen datos) en  el Libro de Orígenes Español (LOE) 3.837 ejemplares, pasando a ser la segunda del total de razas existentes, superada solo por el Pastor Alemán, que inscribió 4.470 perros. Por el contrario, el Setter Gordon y el Setter Irlandés, que ahora son utilizados como perros de compañía, inscribieron 82 y 85 ejemplares respectivamente. Así mismo, el Pointer que un día fue el preferido de los cazadores españoles, ahora va cayendo en desuso (por motivos en los que ahora no entro) y solamente ha inscrito en 2017, un total de 940 ejemplares. Finalmente, otra raza de suma importancia para nosotros, por ser la única raza de muestra autóctona de España reconocida por la FCI, el Perdiguero de Burgos, crio 92 ejemplares al ser utilizado por un número insignificante de cazadores. Por cierto, cabe mencionar aquí, por ser raza autóctona, que el primer documento existente por medio del cual tenemos constancia de la existencia de esta raza, es un cuadro del pintor Rafael Mengs, ‘Retrato en traje de caza del Príncipe Carlos’ (luego rey Carlos IV), de 1765.

La historia de los perros de caza es tan antigua como la del ser humano, siendo, probablemente, la referencia más antigua que tenemos, aquella que nos sitúa en la cultura del Antiguo Egipto (3.200 años a. de C.) cuando infinidad de esculturas, grabados y pinturas nos muestran la existencia de perros de aspecto lebrel ya en aquella época. Posteriormente, los Fenicios (1.200 años a. de C) los extendieron por Europa, especialmente por los países de la cuenca mediterránea, y desde entonces los cazadores hemos sido capaces, con nuestra actividad, de conservarles mejorando, incluso, su funcionalidad.

Más próximos en el tiempo, en la primera mitad del siglo XIV, hallamos una cita que hace referencia a la caza, concretamente a la caza con galgo, cuando en El libro del Buen Amor el Arcipreste de Hita (1283-1350), en el cuarto verso de la estrofa que titula “De cómo Don Amor y Don Carnal vendieron y los salieron a recibir", dice: "A la liebre que sale, luego le echa la galga". Desde entonces los cazadores hemos sido capaces de mantener la especie (liebre) y la raza (galgo) demostrando que nuestra actividad es positiva para ambos y compatible con el campo.

Con el galgo ya se ha comprobado, también, que su existencia va ligada a la utilidad natural que siempre tuvo y tiene, la caza.  Aquí, cuando era niño, muchos cazadores tenían galgos y era habitual verles por las calles de los pueblos, eran parte del decorado urbano. Poco después, una serie de circunstancias contrarias (las concentraciones parcelarias, que llenaron los campos de alambradas, fue la última de ellas) hicieron que la caza con galgo no se pudiera practicar y estos han desaparecido. Los niños en los pueblos, hoy, no ven ningún galgo. En 2017, el galgo español inscribió en el LOE 121 ejemplares.

La historia de los perros de muestra, particularmente, también es muy antigua si tenemos en cuenta que escritores como Plinio el Viejo [Como (Italia) 23 d. C- 79 d. C.] nos dejaron testimonio escrito del trabajo de unos perros que por su comportamiento, no cabe duda, eran perros de muestra.  Posteriormente, y sobre todo en los siglos XV, XVI y XVII, se suceden los testimonios de perros de muestra, tanto de su existencia como de su utilidad, en aquellos tiempos, para cazar con red, que era como se cazaba antes de la aparición de las armas de fuego.

Es evidente que la acción de cazar, regulada además por ley como lo está en el presente, no produce exterminio de especie alguna sino todo lo contario, y para mantener las razas de perros dedicadas a este fin es necesario su ejercicio para así testar a los mejores ejemplares y utilizarlos luego como reproductores con el fin de mejorar siempre y poco a poco las razas, que este es el fin primordial de los criadores, sin olvidar que la cabaña ganadera de un país no solo son vacas y ovejas como pudiera pensarse en principio, sino todos aquellos animales que constituidos en razas utilizamos para cualquier fin.

Sería una barbaridad histórica que el desconocimiento de una minoritaria parte de nuestra sociedad nos llevara a perder tan rico patrimonio.

*Juez Internacional Canino

  • Pointer
  • Perdiguero de Burgos
  • Setter Irlandés
  • Setter Gordon
  • Lebrel egipcio
  • Testimonio de la importancia del perro en el antiguo Egipto