Sábado, 7 de diciembre de 2019

España en blanco

Parece ser que desde hace un tiempo hay una serie de partidos políticos y asociaciones varias, que quieren limpiar España de su turbulento y sucio pasado. De ese pasado del que los de mi generación, ignorantes nosotros, nos sentíamos tan orgullosos.

Según estas doctas personas, muy poco o nada bueno hicieron nuestros antepasados. Si no todos, buena parte de ellos, eran unos facinerosos, criminales e incluso genocidas, por lo que hay que eliminar cuantos vestigios de ellos encontremos en nuestras ciudades: nombres de calles, esculturas, edificios y todo aquello que pueda recordar las maldades que cometieron individuos como Colón, Hernán Cortes, Magallanes, Elcano…

Pero no es necesario viajar tan lejos en el tiempo, algunos los tenemos mucho más cerca, me refiero a todos aquellos que de alguna manera han contribuido a edificar la grandeza de España y su historia. Parece ser que una labor de ese tipo es propia de fachas y franquistas, por lo tanto tampoco merecen figurar en nuestras calles y plazas y por supuesto en nuestros libros de historia, así que de un plumazo nos los cargamos y todos tan contentos, puros y castos.

Pero no hay que conformarse con eliminar a estos individuos y el rastro que han dejado, no, también hay que terminar con cuantas costumbres, tradiciones, fiestas, folclore… pueda hacernos pensar que España es uno de los países más ricos del mundo en cultura y tradiciones. Porque reconocer que España ha tenido un peso importante en la historia de Europa y del mundo es algo por lo que no están dispuestos a pasar.

Lo ideal es dejar el solar patrio como un erial, sin señas de identidad, sin tradición, un solar frío y sin personalidad, todo muy blanco y muy puro, sin mácula. Hay que eliminar todo cuanto pueda recordarnos nuestro pasado. Fuera cruces, palacios, iglesias, catedrales y conventos que tanto daño hicieron. Fuera Colón, los descubridores y conquistadores, dejemos eso para otros países que con más inteligencia, con más moral y con más equidad supieron controlar los designios del planeta.

No tardando mucho, esos grupos y asociaciones descubrirán que Cervantes, Lope o Quevedo eran fascistas, por lo que habrá que eliminar todo lo relacionado con ellos, empezando, claro está, por sus libros.

También se darán cuenta de que Santa Teresa, San Juan o Fray Luis de León, eran gente de Iglesia. ¡La Iglesia!, cosa de brujería, cuna de fanatismos, limpiemos nuestras ciudades de semejante influencia, a la hoguera con todos sus edificios, sus obras de arte, su música, su falsa filosofía, que nada quede, ni siquiera sus folclóricas presentaciones, como romerías, actos litúrgicos o Semana Santa.

Pero antes de darse cuenta de todo esto, sus privilegiadas mentes se encenderán y se darán cuenta de que ninguno de nuestros reyes ha sido republicano, por lo tanto no demócrata, ni defensor de las libertades y lo que es peor, todos han sido unos machistas de mucho cuidado. Así que eliminemos las calles, plazas y edificios que lleven su nombre, no sea que el inculto pueblo pueda pensar que se les está homenajeando por las atrocidades que han cometido.

En nuestra querida Salamanca tenemos muchos edificios que derribar, para que seamos una ciudad libre de malas influencias, una ciudad por cuyas calles podamos pasear sin que nos tropecemos con elementos que recuerden tan nefasto pasado, una ciudad en la que podamos pasear sin que nos abochornemos al pasar al lado de medallones, esculturas o nombres de calles de tan nefastos personajes.

Empecemos por arrasar la Plaza Mayor, cuna de medallones fascistas. Derribemos las catedrales, máximos representantes de una Iglesia opresora. Derribemos iglesias y conventos, nidos de curas y beatas franquistas.

Una vez limpia de todo signo maligno, nuestra querida Salamanca brillará como un diamante en medio de un erial. Limpia de tradiciones machistas, de monumentos a la opresión, de lugares en los que se trasmite decadentes ideologías religiosas…  Por fin tendremos una ciudad en la que todos seamos iguales, todos tengamos nuestra casa, todas iguales, para evitar envidias. No tendremos que preocuparnos de nuestros pensamientos ni de nuestras ideas, ellos nos dirán en qué y cómo debemos pensar. Así, pensando todos lo mismo, evitaremos enfrentamientos. Podremos pasear sin preocupación alguna, sin pensar en nada ni en nadie. Todos vestiremos de la misma manera, para no despertar la envidia del vecino, eso de la moda es invento del capitalismo, por lo tanto hay que desterrarla. Habremos eliminado todo el pasado de nuestra memoria, para evitar el estúpido deseo de querer volver a él. No seremos ni desgraciados ni felices, seremos unos seres neutros, sin pensamientos, sin deseos, sin ilusiones ni pretensiones, nada querremos, nada desearemos, todo lo tendremos. Cada cual hará aquello para lo que se le programe y su punto de satisfacción lo tendrá cuando haya cumplido todo cuanto le exige aquel que piensa por él.

Traspasemos nuestra historia, nuestros hombres y mujeres ilustres, nuestras tradiciones, conquistas y descubrimientos, nuestra literatura y nuestro arte a países como Inglaterra, Alemania o Francia, que al carecer de mentes tan preclaras como las que tenemos en España, pensaran que todo eso es merecedor de valoración. Los pobres ignorantes lo guardarán y homenajearan como si de algo bueno se tratara.