Lunes, 20 de mayo de 2019

Los idus de marzo

Profesor de Derecho Penal de la Usal

No hay día que no me sorprenda por la escasa talla intelectual de ciertos políticos que saltan a la arena electoral. La ex presidente de las Cortes de Castilla y León, Silvia Clemente, irrumpió bruscamente hace escasas semanas y calificó al candidato del PP a presidente de la Junta de Castilla y León, Fernández Mañueco, de ser un líder que no tiene palabra, ni capacidad,  ni liderazgo. A los pocos días de darse de baja del PP ya se creía la candidata de Ciudadanos en las elecciones autonómicas de Castilla y León, el 26 de mayo; porque, aunque tenía que superar el proceso de primarias en este partido, era la candidata oficial propuesta por el “caudillo” de esta formación, Albert Rivera y su “lugarteniente”, Villegas. En principio, todo estaba programado, pensado y calculado. No se le podía escapar de las manos al jefe de la “legión naranja” esta oportunidad, a pesar de las sospechas de presunta corrupción política de esta mujer relacionadas con la concesión de subvenciones millonarias a su marido provenientes de la Consejería de Agricultura cuando Silvia Clemente era la Consejera del ramo.

Clemente se las prometía muy felices porque parecía tener controlados los votos de las primarias y estaba convencida que iba a derrotar al otro candidato, Francisco Igea, mientras varios cargos públicos de este partido amenazaban con presentar la dimisión si Clemente era elegida. Y, efectivamente, lo fue, pero no pudo dar su paseo triunfal debido a la reclamación de Igea, que, a la postre, prosperó, porque se detectó que hubo un “pucherazo” al contabilizarse 80 votos más de los militantes que lo depositaron. Y lo más grave de todo es que, a pesar de que los ciudadanos tenemos el deber de conocer la verdad de esta “cacicada”, -que se conocía pero se silenció hasta que Igea presentó la reclamación oportuna-, Rivera y los suyos ni han dado ni darán las explicaciones oportunas: “consejos vendo y para mí no tengo”.

Con el transcurso del tiempo, Casado y Rivera se están viendo desbordados por los acontecimientos, dado que prevén que si la evolución en el voto sigue la tendencia actual, en las elecciones del 28 de abril tendrán unos resultados no esperados, mucho peor de lo que preveían hace tan sólo dos meses y se darán un fuerte batacazo. Desde el inesperado pinchazo en la manifestación de la plaza de Colón, en Madrid, el pasado 10 de febrero -yo diría más, desde su unión en Andalucía con Vox para entregar el poder al PP, en diciembre pasado-, Casado y Rivera han radicalizado su discurso y se han “desnortado” completamente, porque, aunque digan otra cosa, saben que esa coalición ha constituido el punto de inflexión por el que los ciudadanos, en general, están uniendo fuerzas para prevenir la posible invasión del fascismo y la ultraderecha. El ejemplo lo hemos tenido hace tan sólo una semana con las impresionantes manifestaciones que ha habido en toda España apoyando el “feminismo”, -no como contraposición al “machismo”, sino como reivindicación igualitaria de sexos en la sociedad; donde hombres y mujeres tengamos los mismos derechos y las mismas oportunidades-, y que ha dejado en “fuera de juego” a los líderes de la derecha. Incluso a Ciudadanos, que con la precipitación se han inventado la ideología del “feminismo liberal”, reivindicando, ni más ni menos, que a Clara Campoamor.

La ignorancia histórica de los líderes de Ciudadanos les impide ver que Clara Campoamor, -aunque, efectivamente, perteneció al Partido Radical (republicano con ideas conservadoras) de Lerroux, en el primer bienio de la Segunda República, un partido que se identificaba con los valores republicanos, liberales, laicos y democráticos-, tuvo que abandonar, por dignidad, este partido cuando posteriormente se unió a la CEDA, formación que lo absorbió completamente, con las consecuencias negativas que esto tuvo en relación a la trágica historia que todos conocemos y que condujo al golpe de Estado y la Guerra Civil. Posteriormente, intentó entrar en Izquierda Republicana, pero no la admitieron. ¿Ese es el futuro que le espera a Inés Arrimadas y Albert Rivera? Porque, no olvidemos que Ciudadanos se ha entregado a Vox y a la facción más dura del PP en la Junta de Andalucía. Los errores históricos se pagan.

Las consecuencias de los acontecimientos también están influyendo en la trayectoria de Casado, que ya no sabe ni lo que dice, ni lo que hace, ni lo que propone; y si está bien o está mal. Lo último, lo conocemos y ha sido el esperpento que ha organizado el PP en relación a una propuesta sobre retrasar la expulsión de mujeres inmigrantes embarazadas que den su hijo en adopción. La ley de extranjería (articulo 57) establece que la expulsión no podrá ser ejecutada cuando afecte a embarazadas si la medida puede suponer un riesgo para la gestación o la salud de la madre. Por mucho que insista Casado es que esa noticia es falsa, sabemos que la han planteado, que es cierto. La reacción de Casado viene motivada por los comentarios que se han hecho sobre esta propuesta, como la realizada por la feminista Lidia Falcón, que la ha calificado de “propuesta nazi”, o la opinión de Joaquim Bosch, de jueces para la democracia, que ha manifestado lo siguiente: “hubo una vez en España una dictadura que arrebataba sus hijos a las rojas encarceladas para dárselos en adopción a los señoritos”.

Aprovechando que estamos a mediados de marzo, me viene a la memoria el comentario del escritor griego, Plutarco, en relación con el asesinato de Julio César, en el Senado Romano, el 15 de marzo del año 44 a.C., día en que finalizaban los “idus de marzo” y que la tradición romana calificaba esta fecha como días de augurios favorables y que en el caso de César fueron funestos. Cuenta Plutarco que un vidente había advertido a César que tuviera cuidado con los “idus de marzo” porque podrían ser un peligro para él. Cuando César entraba en el Senado se encontró al vidente, al que dijo con sorna: “los idus de marzo ya han llegado”, respondiendo el vidente: “Sí, pero aún no han acabado”. Poco después sucedió lo que todos conocemos: el asesinato de Julio César.

Shakespeare, en su famosa obra “Julio César”, fue el primero que introdujo la famosa frase: “Beware of the ides of March”, es decir, ¡cuidado con los idus de Marzo! Creo que Casado y Rivera conocerán estos pasajes históricos, aunque, probablemente, la situación puede haberse vuelto irreversible para ellos.