Jueves, 21 de marzo de 2019

¡Inolvidable!

Mercedes Sánchez, colaboradora de SALAMANCA AL DÍA

Sí, sí… Ya sé que crees que se me ha pasado, que te preguntas cómo es posible, que piensas que ya no conmemoro nada… ¡Pero no es cierto!

Tenemos la buena costumbre de celebrar cada diez con un artículo. Así lo hicimos con ¡Una decena! (29 de Junio de 2018), Mensajes en una botella, (14 de Septiembre de 2018), con Hilos de amistad en un día importantísimo y muy emocionante en mi mundo pequeño de escribir (16 de Noviembre de 2018), porque conocí por fin a muchos de esos escritores y colaboradores a quienes tanto admiro, y fue un absoluto placer.

Y sí… te doy la razón: ya hemos cumplido con creces los cuarenta, pero antes nos hemos deseado felicidad y hemos brindado con La música del nuevo año (4 de Enero de 2019), hemos celebrado la PAZ con La ramita (25 de Enero), el Tiempo de vivir (15 de Febrero)… Y tantos otros… Ha salido hasta una crónica deportiva, Con un par, el viernes pasado.

Y es que la actualidad nos pisa a todos los talones. Tanto que ya estamos casi a la puerta de los cincuenta (cómo se pasa el tiempo).

Esta semana tenía una cita que quiero contar. Una lectura de algunos escritos aparecidos en esta columna, Insomnios y sueños, por parte de la autora, quien suscribe, en la Casa de la Cultura, Biblioteca José Hierro de Talavera de la Reina. Me encanta el nombre de Casa, porque una casa acoge, es un lugar de todos, es un espacio común, un hábitat compartido. Una Casa de Cultura es un lugar de encuentro, en el que la ciudadanía contribuye de muchas formas: en su creación, en su mantenimiento, y en su devenir cultural: de evolución y crecimiento personal, de formación continua, de puesta en común. Y lo es este lugar en el que hay tanta actividad, y en el que los clubs de lectura, escritura, etc. que se reúnen semanalmente pasan con creces la veintena, no siendo este el único espacio cultural municipal de la ciudad. Y es un placer participar en ese entorno, en esa Casa común.

Para alguien, como yo, que siempre ha pensado que quien escribe bien es quien siente y hace sentir, un encuentro con los lectores es muy importante. Y lo es porque este oficio es solitario, y al escribir necesitas (al menos a mí me ocurre) sentir el pulso de quien te lee. Ese latido me llega semanalmente por muchas personas conocidas que me siguen y me cuentan lo que les parecen mis escritos, (pocas, no sé por qué, se atreven a comentar anónimamente en el blog). También recibo ese pulso porque hay, de alguna manera, una energía desconocida que no sé explicar, que me respalda. Es una fuerza invisible, es una forma de respirar, pero que se siente cercana y viva.

La emoción es ver entrar, en el salón de actos, caras de vidas compartidas, personas que se han ido haciendo cercanas con los años, aunque el tiempo y las dedicaciones actuales a veces no acompañen, personas que sabes que siempre están ahí aunque no las veas. Y al resto, que, sin conocerte, se acerca a saber de tus relatos.

El clima se hace rápidamente. ¡Qué fácil es acompasar!… Bella palabra que tanto uso… Hacer común la tarea, aunque esta parezca distinta: para el público, escuchar, activamente, con pasión. Para quien lee… contar, activamente, lo que con pasión se escribió. La magia no se hace esperar. Porque nadie tose, nadie se mueve, y ves las caras expectantes, siguiendo el ritmo del latido de tu escrito, y oyes bombear corazones en las venas sin darte cuenta de que son venas ajenas. Los semblantes se vuelven tristes, emocionados, ensoñadores, imaginarios de la historia que cuentas, ríen a carcajadas, y tú respiras las lágrimas, las risas… El milagro de la comunicación que se produce es único. La respuesta es clara: Estamos hechos de sentimientos, de vivencias, de sueños, de emociones. Lo humano comparte penas, sufrimientos, tormentos, anécdotas, pequeñas y grandes historias que, siendo únicas, nos reúnen a todos en la misma mesa camilla. La de sentir.

Nunca olvidaré este día, ni aunque pasaran mil años. Nunca olvidaré esa fuerza del directo, ese fervor de los aplausos tras cada relato, esa larga, emocionada, intensa ovación de pie al finalizar. Las caras sonrientes… Mi gratitud infinita, eterna, late dentro de mí al recordarlo.

Alguien me pide que firme. Me entrega un cuaderno. Una firma, me dicen… Echo un vistazo… Mis relatos han volado al papel, uno tras otro, se han coleccionado, y forman un gran cuaderno con un espacio en blanco, para que firme… Otra cosa más que me ha emocionado: esa colección de amistad gota a gota… Y con los ojos muy llenos de lágrimas va la primera dedicatoria… (Sea, simbólicamente, por el respetable).

Entre toda esa emoción, queda otra, si cabe, mayor. La Casa de Cultura, a través de su directora, quiere hacerme una propuesta. (¿Cómo no voy a aceptar? ¿Quién no aceptaría algo tan grande? No sé si lo podré escribir…). Crearán en su seno El rincón de Mercedes Sánchez. Un espacio en el que se irán colocando mis escritos.

No hay palabras para expresar todo esto. Me quedo sin adjetivos en mis montañas de adjetivos. Con luces de neón: GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS. Y así, celebramos ¡47 artículos!

Una niña soñó un enorme sueño. Un mago llamado Miguel Corral, de salamanca rtv al dia, hizo la magia. Y a esa magia se sumó el universo. Agradecimiento eterno.

mioficioescribir.blogspot.com