Domingo, 24 de marzo de 2019

La corrupción del ecosistema informativo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(La TV rusa muestra el  misil ultrasónico ‘Zyclon’ , dirigido  a centros estratégicos de EE.UU.)

En su último informe de enero pasado, los editores del BOAS (Boletín de científicos atómicos) retocaron su “reloj del apocalipsis“ (Doomsday Clock); pero no movieron el minutero, sino su lectura. De “quedan dos minutos“ se pasa a “aún quedan dos minutos”, en una situación mundial que consideran “tan preocupante como la de los peores tiempos de la Guerra fría”. Ese inquietante retoque sugiere que, según vayan las cosas del mundo en el futuro inmediato, quizá no haya ocasión de darle más veces cuerda al reloj.

Según el BOAS, las emisiones de CO2 han repuntado en 2017 y 2018 y los principales productores de petróleo (EE.UU., Rusia, Arabia saudí y Kuwait) boicotean la aplicación de los acuerdos de París sobre cambio climático de 2015. Además, informes recientes indican que Estados Unidos pronto se colocará a la cabeza de los productores de hidrocarburos, explotando masivamente las técnicas de fracking, gravemente lesivas para el medio ambiente geológico, hidrológico y atmosférico.

En el terreno nuclear, el rechazo del acuerdo con Irán y del tratado sobre armas atómicas de medio alcance por parte de Estados Unidos incrementa la tensión internacional, mientras el arreglo del dilema coreano sigue pendiente y aparece una nueva crisis entre India y Pakistán, países nucleares.  Se puede hablar de una nueva carrera de armamentos, que incluye el posible uso de armamento atómico, algo tabú hasta hace pocos años. (El informe no se refiere a las guerras convencionales, que están desangrando a muchos países pobres).

Como es sabido, los científicos del BOAS se vienen centrando desde 1945 en las dos problemáticas mencionadas: la acción antrópica sobre el medio ambiente y las armas atómicas. Pero el informe de este año incluye una nueva amenaza: lo que llama “la corrupción del ecosistema informativo“, que es la difusión masiva de mensajes en los de la mentira se presenta como verdad y ésta como noticia falsa (fake new). Algo que, según el BOAS, distorsiona la realidad, aumenta las divisiones sociales, mina la confianza en la ciencia y erosiona la democracia. Esta guerra cibernética agrava las otras dos amenazas globales, pues impide percibirlas como tales a la vez que alienta miedos y expectativas irracionales. Algo parecido opina Tim Berners-Lee, el padre de internet, quien ve difícil erradicar del todo la piratería y la desinformación de la World wide web, a veces patrocinadas por los estados.

Lo peor es que, frente a estas amenazas, ni los gobiernos ni las ciudadanías de los países parecen asumir posturas responsables como, por ejemplo, las que hubo en los años ochenta y noventa del siglo pasado; mientras, por otra parte, las instancias internacionales y el multilateralismo son cada vez más inoperantes.

El segundero del Doomsday Clock sigue corriendo: a finales de febrero una televisión rusa ha señalado cinco objetivos en EE.UU. para otros tantos misiles atómicos supersónicos lanzados desde submarinos (uno de esos objetivos es el Pentágono); están preparados en los dos grandes océanos para la eventualidad de que la OTAN sitúe misiles en Polonia o en algún otro país del glacis ruso.

El diablo se frota las manos: podrá dejar el infierno. La Tierra se convertirá en un lugar más calentito…