Martes, 10 de diciembre de 2019

Si nuestros políticos callaran

Nuestros políticos no saben callar. ¡Qué bien harían aprendiendo a guardar silencio! Todos sabemos de la importancia del silencio, todos sabemos que es preferible callar y que duden sobre si somos imbéciles a hablar y disipar todas las dudas.

Todos sabemos que hay momentos en los que el silencio es la mejor respuesta. Todos sabemos que en boca cerrada no entran moscas. Todos sabemos que cuando nada tenemos que decir, lo mejor es permanecer en silencio. Todos sabemos de la virtud que supone el saber callar… En fin, todos sabemos que hay momentos en los que el silencio dice mucho más que las palabras que alborotadas y sin sentido salen por nuestra boca cuando hablamos por hablar, o lo que es peor, cuando hablamos para insultar al otro.

Todos lo sabemos, todos menos  nuestros políticos. ¡Qué ocasión han perdido todos ellos, a lo largo del día 11 de marzo, tras la celebración de los actos conmemorativos del atentado del 11 M!

Me he sentido avergonzado de que personajes de esa calaña sean los que van a dirigir los designios de nuestro país, vidas y haciendas.

Ahí les tenemos ante las cámaras de las televisiones, los micros de las emisoras de radio, las grabadoras de los periodistas, argumentando que ellos no harán política de un acto como este, que son los otros, lo que, sin vergüenza alguna, lo están haciendo.

¿Qué sentimientos puede tener esta gente? Ninguno, y casi es mejor que no los tengan, porque si su corazón siente lo que de sus labios sale, mejor es que no sientan. Además de no sentir, tampoco deben pensar, porque a poco que fueran capaces de pensar, pensarían que esas bochornosas declaraciones, las escucharán las víctimas y los familiares de las víctimas de aquel terrible atentado. ¿Y cómo se sentirán al ver cómo los políticos manipulan un acto tan terrible para arañar un puñado de votos? Lo cual me viene a confirmar que también carecen de toda ética y que no tienen ni el más pequeño resquicio de moral.

Ahí les tienen ustedes, todo ufanos, orgullosos y sonrientes, y detrás de ellos su camarilla, que con cara de circunstancias mal disimulada, asienten a todo cuanto dice su líder. No piensan, no sienten, no sufren…. sólo están, permanecen hasta que los micrófonos desaparezcan. Entonces, regresarán sus cínicas caras, felicitaciones, abrazos y comentarios: esto nos va reportar un buen puñado de votos.

¿Se imaginan ustedes que se hiciera realidad aquella frase que decía el señor Lucas en el sainete de Arniches “Los culpables”?: “Que durante diez años trabajase tóo el mundo y no hablase nadie. Y si al cabo de ese tiempo de aplicación y de silencio no habíamos progresado en un mil por mil, daba yo un vale con oción a que se me machacase la masa encefálica. He dicho”