Domingo, 24 de marzo de 2019
Guijuelo al día

La villa se suma a los actos del Día de la Mujer

El Ayuntamiento ofrece una serie de actividades con la lectura del manifiesto a favor de la igualdad como eje central

El Ayuntamiento de Guijuelo ha conmemorado esta mañana el Día Internacional de la Mujer con la tradicional lectura del manifiesto en la Plaza Mayor. Como es habitual, la concejala de Mujer del Consistorio chacinero, Mayte Montero, se ha encargado del discurso en defensa de las mujeres. Se ha invitado a las mujeres a denunciar las injusticias que se sufran por su condición y se ha apostado por la igualdad y la inclusión en todas las áreas. Montero ha estado acompañada del concejal de Fomento, Roberto Martín y la de Cultura, María Jesús Moro.

Por otro lado, Guijuelo Joven inicia hoy una actividad espacial que servirá para decorar las instalaciones trabajando el conocimiento de mujeres que han sido protagonistas de la historia en diferentes campos y el sábado, 9 de marzo se realizará un taller de pulseras. Además el viernes, 15 de marzo con motivo del Día Internacional de Mujer se desarrollará un taller. “Es una sesión dirigida a jóvenes a partir de 2º de la ESO que estará impartido por Alba Calvo, promotora de Igualdad contratada por la Diputación de Salamanca y que bajo el título ‘¿Medias naranjas o naranjas enteras?´ propondrá generar un pensamiento crítico que posibilite a los jóvenes establecer relaciones basadas en el respeto, el consentimiento y la igualad”, apuntaba la coordinadora de Juventud, Sara García.

MANIFIESTO DE GUIJUELO

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2019

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, el Ayuntamiento de Guijuelo se suma un año más a esta conmemoración con el firme convencimiento de que sólo por el camino de la educación en valores, se puede alcanzar la verdadera equiparación entre mujeres y hombres. Equiparación que constata nuestra Constitución a todos los efectos legales. En este sentido, no podemos transigir con la división de la sociedad por géneros que pretenden establecer desde algunos sectores más radicales, ni tampoco debemos admitir la politización del feminismo. Ni las mujeres nacen víctimas ni se puede criminalizar a los hombres por el mero hecho de serlo. Es un despropósito intentar dividir nuestra sociedad entre víctimas y verdugos porque, además, es una imagen falsa e irreal. Las mujeres no son seres débiles e indefensos, que necesiten leyes especiales que les suministren cobijo y protección. Un asesinato es un hecho atroz en sí mismo porque significa la muerte de una persona a manos de otra, independientemente del género de cada uno. Por lo tanto, rechazamos frontalmente cualquier tipo de violencia, y aprovechamos que es 8 de marzo para mostrar nuestra solidaridad con aquellas mujeres que sufren maltrato cada día en su ámbito doméstico y familiar. 

En el caso de la brecha salarial, que en los últimos días ha acaparado los titulares informativos, por supuesto es absolutamente condenable pero, sobre todo, es ilegal. Atenta contra nuestro ordenamiento jurídico y quien justifique o fomente semejante despropósito, debe responder ante los tribunales porque está cometiendo un delito. Si por ser mujer, estás segura de que cobras menos que a un hombre que ocupa un puesto de trabajo como el tuyo, no caben dudas ni vacilaciones: hay que informarse y, llegado el momento, presentar la correspondiente denuncia. No sirve de nada ampararse en cuotas ni manifiestos porque la justicia sólo tiene un camino, y hay que actuar.  

A lo largo de la historia el papel que le ha tocado desempeñar a las mujeres no ha sido sencillo y, es verdad, que en algunos momentos incluso se ha intentado silenciar la labor de aquéllas que han destacado en innumerables facetas. Aún así, a base de esfuerzo y de sacrificio, las mujeres hemos conseguido ocupar puestos de gran responsabilidad en todas las áreas, ya sea política, economía o empresa, medicina, ciencias, literatura, filosofía… la lista de mujeres relevantes a nivel histórico es interminable. Cuando una mujer avanza, es innegable que todas las mujeres avanzan con ella, pero también la sociedad en su conjunto. ¿Acaso no es igual de importante Isabel la Católica que Fernando en la historia de España? ¿O alguien podría asegurar que Julio César es más famoso que Cleopatra?

En la vida cotidiana, cuando hablamos de visibilidad, no nos referimos sólo a dar la relevancia debida a los descubrimientos o actuaciones destacadas de cualquier mujer, hablamos del quehacer diario. En Guijuelo siempre hemos defendido la ardua labor que han desarrollado las mujeres y su contribución imprescindible a la conversión de nuestro municipio en un núcleo industrial, referencia en la producción del ibérico. Mujeres y hombres han trabajado siempre juntos en Guijuelo y, de esta manera, han llegado el progreso y el entramado empresarial que existe actualmente. 

Hemos mencionado el valor de la educación al principio. Educación en valores no significa adoctrinamiento; niños y niñas deben convivir y comprender que todos somos personas con los mismos derechos y deberes. La violencia nunca es un recurso, como tampoco lo es la exclusión social impuesta. De la misma manera, ningún género debe imponerse por encima del otro. Y no olvidemos, que la verdadera educación comienza en nuestras propias casas.

En lo que respecta a la maternidad, la sociedad y las instituciones tenemos la obligación de dotar a las mujeres que quieran ser madres, de los instrumentos necesarios para que puedan compatibilizar su vida familiar y laboral, si ése es su deseo. Se trata de medidas conciliatorias y de concienciación, para que comprendamos que éste es el buen camino que debemos seguir por el bien de todos. Este mismo razonamiento es aplicable a todos aquellos hombres que quieren ser padres, ejercer como tales, y compaginar el cuidado de sus familias con su profesión. Queremos que haya nacimientos en nuestro país, pues habrá que facilitar el cuidado de los hijos a hombres y mujeres por igual. No se puede menospreciar a nadie porque quiera ocuparse de su familia, muy al contrario, hay que reconocer ese gran trabajo y concederle los medios precisos para llevarlo a cabo. 

Por último, dada nuestra condición de nación democrática y occidental, tenemos la  obligación moral de alzar la voz por aquellos más desfavorecidos que no pueden hacerlo. Sigue habiendo demasiados países en los que la vida de las mujeres no vale nada y nacer niña es una auténtica condena. Países donde se utilizan las violaciones como arma de guerra y donde las mujeres son lapidadas si no se someten a sus maridos. Y aún así, a pesar de esas terribles circunstancias, esas mujeres se levantan cada día con la firme resolución de mantenerse con vida y luchar por sus familias, dándonos un verdadero y maravilloso ejemplo de esperanza y superación.