Lunes, 20 de enero de 2020

Luis Cabrera aproximándose a San Juan de la Cruz

 

 

1.

Voz bíblica la de San Juan de la Cruz, cual jardinero que perfuma sus versos con la fragancia del Cantar. Voz que acompaña a esa alma que busca al Amado toda noche oscura, hasta tocar el cielo, hasta ajustarse a la Querencia y a los éxtasis de adentro, sin necesidad de plañideras ni complacencias de cualquier mortal emponzoñado: voz para ser usada por los inéditos lugares donde se da caza al silencio: voz para la única travesía memorable por constelaciones secretas, aunque uno se quede ciego, aunque las mariposas se vuelvan hojas, aunque los prodigios tarden en llegar hasta que aumente la fe…

 

2.

Si por el Cantar revolotea el amor humano al vaivén de dos seres apasionados por ese Eros que Dios les concedió; por el Cántico lo carnal va en ascenso hacia lo divino, allí donde el futuro respira y desde donde suele regresar para saciar los básicos anhelos, el campanilleo inaudible del deseo. El viento místico también acaricia la piel y las entrañas.

 

3.

Luis Cabrera no olvida que los grandes maestros del arte supieron acercarse a las imágenes y a la simbología cristiana. Sabe que arte y religión han sido leal pareja por muchos siglos. Sabe también que ningún ser humano puede sobrevivir mucho tiempo en un desierto interior, enfundado en el desdén. Este cubano-español formado en la renombrada escuela de grabado de Leipzig es, al menos para mí, un genuino maestro del arte gráfico. He seguido sus series con atención y delectación. Ahora me envía su ‘Homenaje a San Juan de la Cruz’, una obra surgida tras su visita a la murciana ciudad de Caravaca de la Cruz, donde el pequeño Poetón de Fontiveros fundó un convento allá por 1586. Luego, tras la lectura de su poesía esencial, quiso dejar constancia de esa huella: Cabrera sigue la estela iniciada por su magnífica obra titulada “Muerte del jardinero vegano”, seguida después por ‘La simiente’ y, especialmente por la acuarela ‘Contador de almas’.

 

4.

Del santo patrón de los poetas, del cuerpo yacente del encarcelado por la Inquisición, el artista deja salir un par de almas corporeizadas, bien erguidas en busca del Amado, mientras pareciera caer un nutriente maná a la par que resuena el eco de esos versos que el poeta dejó bien grabados con el buril de su espíritu:

Mi alma se ha empleado,
y todo mi caudal, en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.

 

 

5.

Cabrera Hernández, Luis: mucho podemos esperar de la vigilia continua  de este artista de creaciones perdurables.

Que así acontezca.



Luis Cabrera Hernández y Marta Rodríguez, su esposa, en Salamanca (foto de Jacqueline Alencar)