Domingo, 15 de septiembre de 2019

Cual perro al sol

Aquí me tienen esperando que se abran los botones de las flores, los nudos verdes de las plantas, las nubes que adornan el cielo a brochazos… tiene que llover y tiene que pasar esta incómoda situación de crispación y bochorno que nos deja empachados de hastío y empanzonados de agua turbia. Y todo porque la política ya no es el arte de lo posible, sino de la fuga y de la discordancia. Y si no, vean a los próceres cambiando de casilla cuando sienten que el calorcito del sillón amenaza con desaparecer de sus venerables culetes. Un auténtico despropósito en el que no sabemos si tiene que ver la geografía -¿Número uno por Ávila Marlaska o Robles? Por cierto ¿Qué tienen que ver con Ávila?- los principios –a Clemente, de lideresa del PP parece que le gusta más el naranja esta temporada primavera verano- o de plano el giro a la derecha, que lo del Cara al sol parece que es una necesidad para no perder la vitamina nacional con vista a una posible desmembración del país. Y qué país…

Estamos al verlas venir pero que conste en acta que el gobierno sigue en funciones y funcionando a todo meter a golpe de decreto y de ocurrencia. Alguna idea era justa y necesaria, pero resulta sospechosa la prisa y la poca tardanza en glosar las virtudes del decretazo. Claro que a los que prefieren el ataque frontal en vez de sumar para mejorar, las buenas iniciativas les importan bien poco. Lo principal es seguir cambiando colchones del palacio de la Moncloa, soñar con el Falcon y con colocar a los fieles que le ríen las gracias al jefe del turno en vez de decirle que deje de soltar tanta tontería. Pero así es el juego de la campaña electoral, una carrera a contrarreloj por la senda de la desmesura a la hora de prometer y a la de insultar al contrario. Un juego en el que perdemos todos menos ellos, aferrados en su mayor parte a cargos y puestos de confianza con buenos sueldos y mejores dietas. Un juego que, de vez en cuando, sorprende al personal con quiebros fruto del cabreo general: la necesidad de Podemos, la desmesura casi anarquista de votar a Vox, el dejar de lado a un tipo capaz de anunciarse en la política catalana desnudo de todo y de pasarse a la nacional con incongruencias tan sangrantes como apoyar la gestación subrogada. Cosas de la nueva política, el líder tiene que dar bien en los carteles aunque sus decisiones sean peregrinas –el apostar por Ruth Beitia nos devuelve la ridiculez del marketing sin pasar por las bases, bases que se dejan meter una canasta de tres puntos cuando al jefe se le ocurre llamar a Pepu para que haga bulto- y su discurso, un canto a la inconsistencia. Claro que para inconsistencia, tener una negra de prestigio, Irene Lozano y escribir a toda prisa un libro en el que glosar las virtudes del sujeto. Hagiografía de autobombo, es la nueva forma de hacer propaganda. El yo lo valgo total y absoluto. Y todo sin un mínimo sonrojo, la humildad es el rasgo de los perdedores.

Lo dicho, el grueso de la tropa que se levanta para ir a trabajar y que espera la primavera, lo vemos todo pasar como un perro al sol, disfrutando del calor, del tiempo detenido, de las virtudes de la caña compartida y hasta de los foros de internet donde desahogarse. Ellos mientras que recorran España subidos a la chirigota carnavalesca de la propaganda. Total, la pagamos todos, todos los que ahora, al sol, nos rascamos los ijares con cierta indiferencia.

 

Fotografía: Fernando Sánchez.