La cruda lucha por el poder

La política muchas veces es una ciénaga. Sobre todo, cuando compruebas que los representantes que la protagonizan, se mueven simple y llanamente impulsados por el poder, por acumular privilegios, no por el compromiso con unas ideas y la defensa del interés general. La cruda y repugnante lucha por el poder. Esta semana hemos tenido un ejemplo para encuadrar. Ya lo han adivinado ustedes: el fichaje de Silvia Clemente por Ciudadanos. No lo voy a negar: hubo un momento en que creí que este partido había venido para regenerar la corrupta política española, así lo pensaba cuando defendía las listas abiertas, cuando reivindicaba la desaparición del escenario de quien estuviera acusado de corrupción hasta que se probara su inocencia, o cuando plantaba cara al independentismo en Cataluña mientras los demás estaban callados.

Pero desde las pasadas elecciones en Andalucía, es como si Ciudadanos hubiese entrado en modo pánico y estuviera cometiendo errores de libro. Una de las claves es la escasa estructura nacional de este partido que le ha llevado a improvisar candidatos, con el peligro que esto conlleva. Ya han surgido varios nombres que encabezarán sus listas y que no formaban parte del mismo. La razón que alegan es que no tienen suficientes militantes capaces para hacerlo y buscan pescar en el caladero de políticos hasta ahora en otros partidos, como Joan Mesquida en las Baleares, Celestino Corbacho en Cataluña…o Silvia Clemente en Castilla y León.

Lo de Clemente es para nota. Hasta hace una semana esta señora era la presidenta, ni más ni menos, que de las Cortes de Castilla y León, nuestro parlamento autonómico. Antes fue consejera en diversas áreas como la de Agricultura o la de Cultura. Vamos, que en los últimos veinte años ha ocupado toda clase de cargos en el PP. Cuestionar que ha cambiado de ideología sería de risa porque, repito, hasta hace pocos días era la número 2 de la autonomía, tras el presidente de la Comunidad.

Si durante tantos años se hartó de disfrutar de prebendas anejas a tantos cargos políticos, no me cabe ninguna duda de que era por su coherencia ideológica y su compromiso con su partido. Hasta el otro día: imprevistamente convoca una rueda de prensa en las Cortes castellano leonesas y suelta una andanada de tres pares contra Alfonso Fernández Mañueco, al que le tilda de todo, poniéndole a caer de un burro. Y a continuación la paisana anuncia que se va del PP. ¿Por qué? Pues porque dice que la han ninguneado, vamos, que implícitamente trasluce que ya no tiene futuro ahí, no va a tener el hueco que ella esperaba en las listas de las próximas elecciones (¿cuáles?, porque va a haber tres), y que se va.

Pero adónde se va esta prócer de la patria: ¿a su casa?, como haría cualquier político honrado y coherente digno de ese nombre, abandonando la formación que le dio todo, pero de la que está profundamente decepcionada. Qué va, ese día se guardó la manita, pero a los tres días anunciaba que fichaba por Ciudadanos, que saltándose la normativa ordinaria sobre militancia y cargos, reúne a sus órganos máximos para esquivando las reglas mínimas democráticas abrirle las puertas para que sea candidata en las próximas elecciones autonómicas. Y en Valladolid, con todos los honores, comparece rodeada de paniaguados que viven de y para el servicio público y con la presencia del secretario general de ese partido.

He visto muchas veces intervenciones en televisión de José Manuel Villegas, el 2 de Ciudadanos (al menos sobre el papel): es un hombre gris, de escasas dotes oratorias, pero es claro y se le entiende, lo que es de agradecer. ¿Cuál fue el argumento de Villegas para justificar el fichaje de Clemente? Que la necesitan por su capacidad de gestión y la experiencia acreditada. Es como si estuviera reconociendo que Ciudadanos de Castilla y León está lleno de inútiles y que han tenido que pescar en las aguas de su detestado PP (el partido de la corrupción, según Rivera, hasta que ha necesitado pactar con él) para fichar a una política, cuya capacidad es cuestionada por muchos y que su imagen política tampoco es para echar cohetes.

¿Puede cambiar un político de partido? Clemente ha sido muy clarita: “las cosas no duran para siempre”, ha dicho con una cara de cemento armado que asusta. No es la primera vez que sucede. Cuando llegas a la conclusión de que la organización en que militas no se corresponde a tu actual manera de pensar, lo honrado es irse, pero no de cualquier forma. Irse del segundo cargo en la jerarquía de la región, vale, pero no vale cuando a los cuatro días anuncias que te vas a un partido adversario hasta ayer. ¿Pero quién se cree esta señora que son los castellanos y leoneses? ¿Un hatajo de indocumentados que no nos enteramos cuando nos están engañando antes nuestras narices?

Me hizo gracia un artículo que leí en que la criticaban por las formas empleadas. No, hombre, no: no son las formas, es el fondo. Te vas a tu casa, te das de alta en Ciudadanos, colaboras con ellos en segunda línea, pero dejas transcurrir un tiempo antes de volver a subir a la pasarela. Y entonces te ganas el respeto de los ciudadanos. ¿Pero, qué digo, le merecemos el respeto los ciudadanos a esta caterva de politicastros, que ensucian el buen nombre de la política?

Marta FERREIRA