Lunes, 16 de diciembre de 2019

¿El efecto búmeran?

Hace unos días recibí por Facebook un video corto, de dibujos animados, que llamaban efecto búmeran. Se trata de un señor pescando en una barca, en ella también hay un perro muy simpático y de vez en cuando acude una ¿garza? para robarle las lombrices que sirven de cebo. El perro, en defensa de la propiedad de su amo, ladra para ahuyentar a la garza. El pescador, que no la ha visto, regaña  al perro por hacer ruido y espantar la pesca, pero el perro sigue defendiendo el cebo cuantas veces la garza intenta robarlo. A lo lejos, ve el perro como la garza acude a un nido donde le están esperando tres polluelos hambrientos, pero que a pesar de ello, no quieren comer el pescado que les lleva la madre, quieren lombrices. El perro se da cuenta y ahora es él quien le ofrece las lombrices. La garza vuela feliz con ellas en el pico, llega hasta su nido y da de comer felizmente  a los polluelos. Al poco rato la garza vuelve a la barca, ahora cargada de peces recién pescados. El pescador ve con asombro aquella magnífica pesca y felicita al perro mediante unas caricias y sonrisas. Al final todos tan felices.

Como digo este video se da a conocer como modelo para hacernos ver que cuando hacemos el bien, la vida acaba por devolvernos ese bien. Pero a mí me hizo pensar que en muchas ocasiones, nos mostramos muy solidarios, afectuosos, incluso podemos llegar a emocionarnos con aquello que nos es más próximo. En este caso con el perro, la garza y los polluelos, olvidándonos de aquellos que, por distintas razones, nos son más lejanos, es decir las lombrices que son devoradas por los polluelos y los peces que boquean en el piso de la barca hasta su muerte.

Ese tipo de seres, simplemente porque nos caen más lejos, porque son diferentes, no son merecedores de nuestros sentimientos. No pensamos en los hijos de esos peces o de esas lombrices que pueden estar en el fondo del río o de la tierra, esperando inútilmente el regreso de su padre, su madre o sus hermanos.

He visto comentarios a ese video en los que la gente se deshace en elogios: ¡Que tierno! ¡Que lindo!... ¿Se imaginan qué diríamos si fuera al contrario, es decir, que las lombrices devoraran al perro y los peces se comieran a la garza y a sus polluelos?

¡Cuántas veces nos pasa eso mismo a las personas! ¡Cuánto sentimiento y emoción por aquellas que padecen cerca de nosotros! ¡Que indiferencia y que pronto llega el olvido para aquellas que son distintas y que sufren y padecen en pueblos lejanos! ¡Cómo van desapareciendo los sentimientos bajo la espesa capa del tiempo y la distancia!

Y es que, en muchas ocasiones, manifestamos nuestros sentimientos de una forma inversamente proporcional a la cantidad de kilómetros que nos separan del ser que sufre.