Retornos inesperados

"He aprendido a no juzgar a ninguna persona y por supuesto no creerme mejor que nadie"

Hace poco tiempo empecé a hablar de excarcelados que llegaban a Santiago Uno buscando ayuda hasta que le empezaran a dar la prestación que como poco tardaba dos meses.

Lo primero que hacemos es derivarlos a otro recurso que haya para estas realidades. Pero siempre hay alguno, que su referencia somos nosotros y si no se sienten traicionados y abandonados otra vez. Muchas veces con un complejo Peter Pan que parece que alguien los tenga que cuidar toda la vida. Difícil de entender para los ciudadanos normalizados de a pie.

Los mandas a otro recurso y te dicen que allí sólo hay presidiarios y drogadictos. Lo primero que saldría contestarles es: ¿ Qué sois vosotros?.Sabiendo nosotros que independientemente del problema son personas. Nuestro modelo constructivista sistémico y centrado en soluciones enseña a todos los educadores a hacer “externalizaciones”, atacar el problema sin dañar a la persona, aunque no siempre se consigue.

Me he definido muchas veces como el más fracasado de la Casa Escuela Santiago Uno, una de las razones son estos pocos retornos. Les pagamos cincuenta euros por cada día de trabajo en la cooperativa hasta que consigan la prestación. Pero no es tan sencillo, yo tomo esa decisión porque en momentos desesperados personas que han traficado con drogas, con personas, que tienen más de veinte puñaladas, en un momento de desesperación pueden causar un daño irreparable a algún inocente o a alguna inocente.

Esta es nuestra modesta aportación cuando otros creen en la pena de muerte, en la insostenible económicamente prisión continua, etc. Muchas veces de ellos se sacan lecciones disuasorias para nuestros chicos.

Los últimos tres nombres se las traen: El primero de esta historia Boregar ( bella mirada), Darwin ( evolución) y Adnan ( del árabe “colono”).

El noventa y cinco por ciento de los retornos son de personas integradas en la sociedad y con gratos recuerdos de nuestras aventuras educativas y no educativas.

Curiosamente de los miles que han pasado algunos los puedo haber olvidado momentáneamente hasta que los vuelvo a ver y no los recuerdo a todos. Pero hay nombres , sueños, situaciones, realidades y caras que jamás olvidaré y que han pasado a formar parte de mi propia historia.

Se pueden juzgar las acciones y no seré cómplice de ningún delito que perjudique a un tercero. Pero he aprendido a no juzgar a ninguna persona y por supuesto no creerme mejor que nadie. Esto no es tibieza para nada, ya que he podido saltarme alguna ley que he considerado injusta a favor de algún desfavorecido. Muchas desgracias vienen de acorralar a las personas por prejuicios y por falta de empatía y solidaridad. Sin lugar a dudas no todos tenemos las mis oportunidades y no hablo sólo de la igualdad de género.