Orgía electoral.

Otra vez inmersos en una orgía electoral. Uno apenas alcanza a saber que se vota. Se vota, parece, a todo lo que se tercie. Nuestros gobernantes y líderes políticos andan muy preocupados. En las sedes partidarias los elegibles se miran de reojo. Mucho se juegan, nada más ni nada menos, que cinco mil eurazos al mes entre nóminas y dietas. Cuatro años chupando cámara, viajando en primera, al extranjero representando a los colores patrios y otras gabelas. Pareciera que la gabela supone una ventaja menor. Se equivocan, las gabelas equivalen a la letra chica de un contrato. Y de todos es sabido que, siempre, lo importante reside en esos párrafos ilegibles. Resulta que el hijo de algún prócer ha estudiado derecho y no encuentra acomodo, que se precisa de un crédito bancario generoso, adquirir una propiedad a un buen precio, publicar un mamotreto infumable o de la intervención misericordiosa de un juez, inspector fiscal o funcionario público… Pues bien, todo eso y más, lo obtienen leyendo la letra chica. El que más arriba se sitúa, conseguirá más y el que menos, menos. En este juego de poder no hay tu tía. El Ibex no perdona. Eso sí, al que se desmadra (o le descubren) lo dejan caer y lo convierten en ejemplo: “Vean la Ley es implacable, no hace distingos” Bueno, aún llegados a tal punto esa sacrosanta los hace. Por ejemplo, el Emérito: “Perdón, me equivoqué”. ¡Hala! ¡Cuerpo a tierra! ¡Viva el rey!

Otra vez, inmersos en decenas de campañas electorales. Días atrás, el joven formado en Harvard pedía para los independentistas la pena de galeras. Hoy, sin embargo, asevera: “también gobernaré para ellos”. Días atrás llevaba el aborto escrito en su frente, hoy precisa: “no es un tema primordial” Habla mirando el retrovisor. ¿Digo asá o así? El asá o el así es lo de menos. Lo demás, cuántos van por el así y cuántos por el asá.

Nuestro contratenor está metido en un buen lío. El filón de Cataluña (“España se rompe”) se agota a ojos vistas. Las encuestas dicen: más de la mitad de los españoles se decantan por el diálogo, el ochenta por ciento de los catalanes también. Toca deshojar la margarita: “¿pactar con el PP y VOX o hacerlo con el PSOE?”

Llegamos al “resistente”. ¿No os gusta la figura del “relator”? ¡Fuera con él! ¿Mola más Guaido que Maduro? ¡Viva el presidente interino! A pesar de tantas idas y venidas, balbucea: ¡Queremos exhumar a la momia¡¡Queremos quitarle de la pechera las medallas al Billy el Niño! ¡Queremos echar abajo la reforma laboral! ¡Nunca más miserables desahucios! ¡Democracia, concordia, amor! ¡Sean sensatos, vótennos! En Ferraz, en un despacho perdido, se preguntan en secreto: ¿Podemos o Ciudadanos?

Podemos. Pablo dice: “Un cleptómano, con nocturnidad y alevosía, nos traicionó” ¡Sin la menor duda! Él, no obstante, aún no se ha enterado que también lo hizo. De un carpetazo cortó con el cordón umbilical que les unía a los barrios, a los colectivos, a la gente precaria. Guerra de guerrillas. La Bescansa, si me llevas de segunda tuya soy. El otro, me voy con la Carmena.

Por fin llegamos al Redentor, al señalado por el Altísimo. Montado en un caballo, pistola al cinto, semblante severo: “No llevo a España en la cabeza, la llevo en el corazón” ¿De qué España habla este hombre? Como el presente es incierto se refugia en el pasado. Relato: “Alrededor de la hoguera se reúnen los miembros de la tribu. Un anciano, de barbas blancas y ojos azules (sabiduría=ojos azules), ilustra a los niños acerca de la vida: “Hijos míos todos los males que sufrimos se deben a no seguir los consejos de nuestros ancestros” La Iglesia encantada. Es nuestro hombre. La Iglesia está necesitada de ellos.