Domingo, 25 de agosto de 2019

Antonio Machado, siempre

 

 

"Antonio Machado es uno de los grandes escritores españoles contemporáneos. Puso el dedo en la herida de España"

            El pasado viernes, 22 de febrero, se cumplió el ochenta aniversario del fallecimiento de Antonio Machado en la localidad francesa de Colliure, donde había llegado, camino del exilio, en los estertores de la guerra civil, fiel como siempre lo fuera a la causa republicana. Y Antonio Machado es uno de los poetas (y prosistas y pensadores, pues su pensamiento tiene una gran importancia) máximos del siglo XX español.

            Estos días, recién editado, se encuentra en librerías el libro de uno de los mayores hispanistas, el británico Gerald Brenan, titulado ‘Cosas de España’, que recoge ensayos, artículos y textos de crítica literaria, inéditos en nuestro país. En uno de tales textos, afirma que Antonio Machado y Federico García Lorca son los dos grandes poetas de la España contemporánea. Es verdad. Aunque a tales nombres habría que añadir el de otro andaluz universal: Juan Ramón Jiménez.

            La poesía de Antonio Machado es siempre maravillosa, sobria y equilibrada en su expresión y hondísima en su contenido, tanto cuando recoge el intimismo becqueriano y lo pasa por el filtro del simbolismo, que tan bien conocía, algo que hace en ‘Soledades’ (1903) y en su ampliación ‘Soledades, galerías y otros poemas’ (1907), como cuando se convierte en un poeta regeneracionista y civil, que es lo que ocurre en ‘Campos de Castilla’ (1912) y en ‘Nuevas canciones’ (1924).

            La poesía de sus últimos años está marcada por su tono meditativo y reflexivo, así como también por esos nuevos brotes de la rama amorosa, con su enamoramiento de Guiomar (la poeta Pilar de Valderrama), que le llevan a escribir una suerte de cancionero poético de gran belleza.

            Antonio Machado –al igual que hiciera el portugués Fernando Pessoa, aunque con otro sentido– creó sus propios heterónimos, a los que llamó sus ‘apócrifos’. Los dos más destacados fueron Abel Martín y Juan de Mairena.

            Este último era su “yo filosófico”, así lo llamó él. Y, en la editorial madrileña Espasa-Calpe, en el mismo 1936, publicó Machado ese gran libro de la prosa contemporánea española que es ‘Juan de Mairena’. Este profesor apócrifo reflexiona sobre muchos aspectos de la realidad, del mundo y de nuestro propio país.

            Una de las reflexiones más profundas que realiza es sobre el patriotismo. Indica Mairena que los señoritos están todo el día con el nombre de España en la boca; pero que, cuando hay que defenderla, cuando hay que levantarla, cuando hay que dignificarla, ellos se desentienden, y quien realiza tal tarea es el pueblo.

            Antonio Machado es uno de los grandes escritores españoles contemporáneos. Puso el dedo en la herida de España. Y con cuánto tino y cuánta delicadeza. Como indica el hispanista Gerald Brenan, su verso es poderoso y delicado, nace de un molde tradicional de la raíz del pueblo (su padre, Antonio Machado y Álvarez “Demófilo”, es uno de los pioneros de la introducción de la ciencia del folklore en nuestro país), pero también de las corrientes simbolistas francesas. Su pensamiento conecta con algunas de las grandes corrientes filosóficas europeas, como el krausismo (que recibe de la Institución Libre de Enseñanza, donde se educó) o también, entre otros, del pensamiento del alemán Martin Heidegger. Nada menos.

            La figura de Antonio Machado sigue vivísima y es bueno celebrarla, por su efecto estético y civilizador. En estos tiempos españoles de bilis, de palabras gruesas, de ruidos y furias, bueno es que celebremos ese mensaje implícito machadiano de que nuestro país es de todos y en él cabemos y hay sitio para todos.

José Luis Puerto