Jueves, 21 de marzo de 2019

Es salmantino

Los recientes y pormenorizados estudios coordinados por el Doctor en Historia del Arte y profesor de la Universidad de Girona, Gerardo Boto, publicados ahora por la Universidad de Salamanca, recopilan todas las evidencias que demuestran que el claustro románico ubicado desde hace más de medio siglo en una finca privada de Palamós (Girona) es de origen salmantino.

La controversia sobre el origen de dicho claustro se reabrió precisamente en 2010 por parte de este profesor, que puso el foco de atención sobre este monumento románico. Como consecuencia de ello, en 2012 la Generalitat de Cataluña solicitó el acceso a dicho claustro, del que señaló en un informe de su departamento de Cultura de 31 de julio de dicho año que la obra no era original, sino “la recreación historicista de estilo románico propia del interés que despertaba este estilo arquitectónico durante los siglos XIX y XX”, aunque indicando a la vez que “hay un cierto número de piezas artísticas y elementos propiamente románicos”.

En este sentido, la afirmación que negaba la originalidad del claustro (reconociendo a su vez la existencia de elementos originales medievales) podría entenderse como un intento de que se apartase el foco de atención del mismo y cayese en el olvido la cuestión, a la par que el entonces consejero catalán de cultura, Ferrán Mascarell, instaba al ayuntamiento de Palamós a registrarlo como bien de interés local, buscando quizá con ello “blindar” el claustro de cara a una posible reclamación desde fuera de Cataluña.

Y es que, por aquel entonces, ya surgían voces señalando el origen no catalán del mismo. Así, desde la Universidad de Burgos se indicaba que podría ser el claustro del antiguo monasterio cisterciense de Gumiel de Izán (Burgos). Por su parte, Gerardo Boto no descartaba la posibilidad planteada desde tierras burgalesas, y apuntaba a diversos monumentos de Burgos, Palencia y Segovia como posible origen del claustro ubicado en Palamós.

Sin embargo, a medida que el profesor Boto fue avanzando en su análisis del claustro, su mirada comenzó a apuntar hacia Salamanca, y a finales de 2013 ya señalaba que, tras haber realizado diversos estudios mineralográficos e históricos, por el estilo y tipo de piedra del claustro, había que situarlo en Salamanca, coincidiendo además sus dimensiones con las del desaparecido claustro de la catedral vieja de Salamanca, que fue retirado a finales del siglo XVIII de la misma.

De esta manera, ante las hipótesis que ubicaban el origen del monumento fuera de Cataluña, y para evitar posibles reclamaciones del mismo, la Generalitat de Cataluña se planteó a finales de 2013 declararlo como “Bé Cultural d’Interés Nacional” (el equivalente en el resto de España a “Bien de Interés Cultural”), pero finalmente, debido al informe previo de su departamento de cultura que negaba su originalidad, realizado por el catedrático Eduard Carbonell, descartó dar ese paso.

Sin embargo, por aquello del “por si acaso”, el ayuntamiento de Palamós decidió el año pasado incluirlo en el catálogo de bienes protegidos del municipio, para asegurar de este modo que no pudiera sacarse de su término municipal, tal y como reconoció su alcalde Lluís Puig, que declaró a la prensa que “Consideramos que el valor y la trascendencia social que ha obtenido el claustro en los últimos años es motivo suficiente para garantizarle la protección y también para preservar su permanencia en el municipio”.

Ahora, como último capítulo de este pequeño culebrón, la Universidad de Salamanca ha publicado el libro “Salamanca, Ciudad Lineal, Palamós. Las arcadas claustrales de Mas del Vent”, coordinado por el mentado Gerardo Boto, y en el que han participado una docena de expertos, entre historiadores del arte, arquitectos y geólogos, de cuyo análisis se desprende que prácticamente la mitad de los capiteles del claustro son originales del siglo XII, casi el 40% de los cimacios y gran parte del zócalo, procediendo, por su tipo de piedra, de Salamanca. El resto de elementos que compondrían el conjunto se habrían añadido con posterioridad, presumiblemente para favorecer su venta, al hallarse deteriorados o perdidos parte de los elementos originales.

Respecto a cómo acabó el claustro románico en Cataluña, su periplo parece iniciarse en 1917 con la venta que hizo el obispo salmantino de la época de los elementos del claustro que se almacenaban entonces en el Colegio de Calatrava de Salamanca, venta registrada en el asiento contable de la catedral salmantina.

Posteriormente, el anticuario Ignacio Martínez, que había adquirido dicho claustro, habría transportado sus piedras hasta un solar que poseía en el distrito madrileño de Ciudad Lineal, donde montó el mismo, poniéndolo a la venta, consiguiendo venderlo en 1958 por un millón de pesetas a Hans Engelhorn, antepasado del actual propietario de la finca de Palamós en que se ubica, donde fue montado en la primera mitad de 1959.

De este modo, llegó el claustro ahora conocido como “Mas del Vent” (por el nombre de la finca en que se ubica) hasta nuestros días, confirmando el reciente estudio publicado por la USAL su origen salmantino y con casi total seguridad, que se trataría del antiguo claustro románico de la catedral vieja de Salamanca, aunque con las vías legales cerradas para su retorno, dada su titularidad privada y su catalogación como bien local del municipio de Palamós. Un expolio que, aunque según la legislación vigente consideraría legal, mantiene a nuestra Catedral Vieja huérfano de su claustro original, y a los salmantinos sin poder disfrutar de este bien erigido en nuestras tierras allá por el siglo XII.