Empleo de hogar y justicia

Hace ya más de diez años – corría el 2008 – se celebró en Valladolid el Primer Encuentro Regional de Empleadas de Hogar, convocado por Cáritas Regional de Castilla y León, al que acudieron ochenta personas procedentes de Salamanca. Eran años en los que nadie parecía tener interés en dignificar las condiciones laborales de – probablemente – el colectivo de trabajadoras más infravalorado y “maltratado” legalmente del momento. Cáritas, cumpliendo con la tarea encomendada de apostar por los últimos y los olvidados de la sociedad, puso en la palestra las insuficiencias de la legislación existente y nos hizo reflexionar sobre lo inmoral de las condiciones laborales que sufrían estas trabajadoras. A la luz del Evangelio y siguiendo las indicaciones planteadas por la Doctrina Social de la Iglesia se articularon toda una serie de actos y movilizaciones que fueron incluyendo a – cada vez – más agentes y entidades implicados, cuestionados por una realidad a la que no cabía la posibilidad de dar la espalda.

Posteriormente y gracias – en gran medida – a las sinergias derivadas de esa campaña se produjo un cambio de la regulación legal del trabajo doméstico. Aunque no se llegaron a cumplir todas las reivindicaciones del colectivo, se produjeron avances muy significativos en lo que a condiciones laborales y salarios se refiere. Ahora, finalizando ya la segunda década del siglo XXI, podemos decir que se está cerca de alcanzar la meta y conseguir que el sector del empleo de hogar sea uno más, equiparado totalmente al resto de trabajadores desde el punto de vista legal.

Sin embargo, el reto en este momento – aunque diferente – sigue siendo mayúsculo: conseguir que la totalidad de las personas que contratan a una empleada de hogar lo hagan legalmente, cumpliendo con los salarios y obligaciones que se han establecido por las sucesivas regulaciones. Desde nuestra perspectiva de seguidores de Jesús de Nazaret, no podemos olvidar aquellas palabras de la Primera Carta del Apóstol Santiago: “El jornal defraudado a los obreros que han cosechado vuestros caminos está clamando contra vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el oído del Señor” (Stg, 5, 1-6). Seamos ejemplo de honestidad y justicia con el trabajo – tan importante – que realizan las empleadas de hogar, paguemos salarios justos, cumplamos con las obligaciones de la Seguridad Social, hagamos que nuestra sociedad sea más inclusiva y estaremos haciendo que el Reino esté un poquito más cerca.

Los próximos 23  y 24 de febrero, la Mesa de Empleadas de Hogar de la Plataforma Salmantina de Entidades por el Empleo, en la que hay representadas varias entidades de la Iglesia Católica, han organizado actos para que podamos reflexionar y sensibilizarnos sobre la realidad del trabajo en el ámbito doméstico. Será un espacio privilegiado en el que podamos tomarnos el pulso y al que estamos – todos – invitados.

 

Fco. Javier Portilla Serrano

Cáritas Diocesana de Salamanca