Sábado, 7 de diciembre de 2019

La crisis del botijo

Aitor Esteban ha utilizado lúcidamente una metáfora que ha iluminado los variados y oscuros “porqués” del fracaso del gobierno de Sánchez y la vuelta a empezar con el juego de azar de nuevas elecciones: el diputado vasco dijo que si no hubiera sido por la cuestión del relator o mediador, por lo que las fuerzas de los barones socialistas (?) y la derecha de tres cabezas han torpedeado la continuación del actual gobierno, hubiera sido por un botijo. Sí, por un botijo, o una maceta, o una coma en el máster inexistente de Casado, o un gol más del Barça, o un gesto de alguien que pasaba por el Congreso.

El argumento, el relato es lo de menos: lo único importante es que cualquier cuento o relato conduzca a donde estamos hace muchas décadas: a la inmovilidad. A ese estado al que muchos con placer llaman “estabilidad”, en el que no se resuelve ningún problema, ni político, ni social, ni educativo, ni sanitario…ninguno. La especialidad española es dar vueltas a la tortilla para que nadie se la coma ni la trocee, ni la reparta; y mientras tanto ya aparecerá algún ladrón que la cogerá y la enviará “de aquí pallá”. Desde hace décadas disfrutamos malsanamente con el aplazamiento de los conflictos o su agravamiento: ¿Qué hay un conflicto en, o con Cataluña? Pues hay dos posibilidades ¡no más!, una, la de no hacer nada con él ( el especialista Rajoy dio clases) y otra, la de aumentar el conflicto hasta hacerlo irresoluble ( de nuevo Rajoy y el dubitativo Sánchez que lleva tiempo por  el camino de la duda crónica).

No sé, lector, si está de acuerdo conmigo, o cree que exagero, si digo que lo de cronificar o aumentar los problemas es una característica cada vez más generalizada de la población española: yo la observo no ya en los grandes problemas políticos de nuestra nación, sino en la mayor parte de nuestra vida cotidiana: desde los crímenes en la violencia de género, en los que el enloquecido “amante” mata a su “amada” como solución al problema, hasta la empresa a la que hemos contratado para arreglar el tejado, pero que nos lo ha dejado a medias, y luego no encuentra tiempo para subsanar los errores, al problema que presenta el niño en el colegio, maltratado por sus compañeros, problema del que todos opinan, pero nadie soluciona nada.

En nuestro país, ya empezamos a caer en el gran estereotipo: hay uno o dos graves problemas…¡se convocan elecciones! Se pasa la patata caliente al “pueblo”. Si uno piensa que a la clase política le pagamos la millonada de euros que les pagamos para que resuelvan los problemas, nuestro interlocutor en babia nos responderá: “¡ es más democrático convocar elecciones!”

Pues eso, sigamos siendo el país especialista en no resolver problemas…¡para ser los más demócratas!