Lunes, 6 de julio de 2020

El ciclo ‘Visiones Contemporáneas’ continúa en el DA2 con el trabajo de Elena López Riera

Se podrán ver las obras de esta cineasta,“Pueblo” (2015), “Las Vísceras” (2016) y “Los que desean” (2018), en la Sala de proyección de la primera planta

Natalia Piñuel y Enrique Piñuel en la presentación de este nuevo ciclo de Visiones Contemporáneas, dedicado en esta ocasión a la artista Elena López Riera. Foto de Eva Fernández

Desde este 14 de febrero y hasta al 26 de mayo, en la Sala de proyección de la primera planta del DA2, se podrán ver los trabajos de Elena López Riera. Se trata de una nueva entrega del ciclo Visiones Contemporáneas, que da a conocer las últimas tendencias en el cine y vídeo en España, un proyecto comisariado por Playtime Audiovisuales.

En este sentido, explican que “para este ciclo, hemos seleccionado sus tres últimas películas rodadas en solitario: “Pueblo” (2015), “Las Vísceras” (2016) y “Los que desean” (2018) un conjunto de trabajos que transitan en torno a los límites de la no-ficción, teniendo como protagonista los escenarios de su pueblo natal, Orihuela (Alicante), los rituales y tradiciones que componen la memoria del lugar y funcionan como eslabón generacional, creando comunidades que incorporan a personas de todas las edades, atraídas por estas ceremonias”.

La Semana Santa, la colombicultura o la matanza del conejo se presentan como vestigios de una cultura que une pasado y presente y que, a su vez, sirven a la cineasta alicantina para conectar con sus raíces, ahora que su residencia habitual está en Ginebra.

Sus imágenes huyen de la literalidad narrativa acercándonos en sus historias, de una manera poética, a todo lo misterioso y fascinante que se encuentra en la realidad, jugando habitualmente con contrastes, donde observación y recreación pueden convivir sin complejos.

La artista

Elena López Riera es cineasta y docente alicantina, con base en Suiza. Doctora en Comunicación Audiovisual, ha enseñado cine y literatura comparada en la Universidad de Ginebra. Siendo también invitada como investigadora a la Universidad Sorbonne-Paris III y como profesora a la Universidad Carlos III en Madrid.

En 2009 funda el colectivo de experimentación audiovisual “Lacasinegra”, quienes, tras varios años trabajando con diferentes formatos en torno a las prácticas artísticas, en 2014 realizaron el largometraje “Pas à Genève”. En solitario, estrenó “Pueblo” en la Quinzaine des Réalisateurs de Cannes de 2015. Desde entonces no ha parado de cosechar premios en algunos de los certámenes más prestigiosos a nivel internacional, como el Festival Internacional de Cine de Locarno, el Festival de Cine Europeo de Sevilla o el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde, en su última edición, ganó una mención especial del jurado. Fue también seleccionada con su nuevo proyecto, el largometraje “El agua”, en Ikusmira Berriak 2018, un programa de apoyo a proyectos audiovisuales que apuesten por la innovación y la experimentación.

Obras seleccionadas

Pueblo. Sonido. Color. Digital. 2015. 27’

Con esta obra comienza la trilogía enmarcada en Orihuela, el pueblo de Elena, lugar al que, tras varios años viviendo en el extranjero, regresa Rafa, su joven protagonista, un personaje a la deriva que intenta reubicarse en un lugar al que ya no sabe si pertenece, ni emocional, ni físicamente, donde incluso acaba perdiéndose por sus calles, pese a que las ha recorrido toda su vida.

La noche es siempre lugar propicio para el misterio y lo inesperado, es en ese momento donde se ubica esta historia y allí convivirán dos rituales, el de la fiesta con los amigos y el de la Semana Santa. Rituales que, tanto a unos como a otros, hacen sentir que se pertenece a una comunidad y que, sin embargo, para el protagonista son los fantasmas que acentúan su sensación de pérdida y desencanto.

Como ocurría con Salamanca en “Nueva cartas a Berta” (Basilio Martín Patino, 1966), película imprescindible para entender la España de la dictadura franquista, este pueblo, se puede ver como una maqueta que, a pequeña escala, representa el paisaje social y emocional de la España actual, al que Rafa, igual que Lorenzo, aquel joven interpretado por Emilio Gutiérrez Caba, ha regresado tras pasar un tiempo fuera. Un lugar en el que muchos no encontramos nuestro sitio y del que, en ocasiones, ya solo reconocemos por sus ruinas y sus estampas y, sin embargo, nos cuesta alejarnos.

Pese a ser su obra más enmarcada dentro del cine de ficción, en ella ya aparecen muchos de los elementos que estarán presentes a lo largo de este ciclo, como es ese acercamiento documental al pueblo, sus tradiciones y rituales, capturados desde la distancia justa para mostrar sin juzgar y que sea cada espectador quien empatice con ellos de una forma u otra según sus convicciones.

Las Vísceras. Sonido. Color. Digital. 2016. 15’

En esta obra, trabaja sobre dos de los temas universales por excelencia, amor y muerte y lo hace relacionando un brutal texto medieval sobre la infidelidad, en el que una persona es obligada por su pareja a comerse el corazón de su amante y que la propia Elena reelabora a manera de poema contemporáneo, con una tradición muy extendida en su pueblo natal, Orihuela: la matanza del conejo. Un ritual en el que lo salvaje y lo doméstico conviven estrechamente y que reúne de forma cotidiana a distintas generaciones, en torno a un acto vinculado, de forma directa, con la muerte. Una escena que recuerda también al arranque de una de las películas más estimulantes de la última década, “Nana”, dirigida en 2013 por Valerie Massadian, en la que unos niños asisten de forma natural a la matanza del cerdo.

La fascinación por lo ancestral está muy presente en las obras de López Riera y lo ritual siempre ocupa un lugar destacado en sus películas, sin embargo se acerca a ello no por la necesidad de entender lo que acontece en torno a esas tradiciones sino, precisamente, por todo lo contrario, para reflejar lo misterioso y lo inexplicable que las envuelve, que es justamente lo que provoca esa atracción.

En “Las vísceras”, abandona la imagen de ficción que estaba presente en su anterior película para trabajar completamente sobre imagen documental filmada durante las tardes de un verano, a la que posteriormente y a lo largo de seis años desde que fuera rodado, fue dotando de un componente mágico en el proceso de montaje, a través de la incorporación de elementos con un carácter mitológico como son el relato, el fuego y las procesiones. Uniendo, nuevamente, así realidad y ritual como las dos caras de una misma moneda que conforman nuestra existencia.

“Las vísceras” ha participado en algunos de los festivales de cine más prestigiosos, estrenada en el de Locarno (Suiza) se ha podido ver en Portugal, Brasil, Francia, Chile, Reino Unido, Colombia, Islandia y por supuesto España, donde fue galardonada con el Mikeldi de Plata al mejor documental en la 58 edición del Zinebi de Bilbao.

Los que desean. Sonido. Color. Digital. 2018. 24’

Las comunidades que se generan en torno a una actividad popular vuelven a ser el eje sobre el que gira esta obra. En esta ocasión la protagonista es la colombicultura, en su variedad deportiva, una práctica de adiestramiento de palomos para participar en competiciones basadas en la seducción, ganando el que consiga volar el mayor tiempo posible junto a una paloma.

Al igual que la matanza del conejo de “Las vísceras”, estas competiciones de palomas forman parte de los recuerdos de infancia de Elena, unos recuerdos que el paso del tiempo y la distancia han ido dotando de un peso identitario y que son recuperados en su cine casi como un ejercicio de reconstrucción personal. En el caso de la representación de la colombicultura, práctica que forma parte de la tradición de su familia, su mirada se vio reforzada por la obra del fotógrafo Ricardo Cases, concretamente por su serie “Paloma al aire” (2011) como la propia Elena cita en los créditos.

Como sucede a lo largo de su filmografía, en “Los que desean”, se ve reflejada esa fascinación que tiene Elena por los grupos heterogéneos que se originan alrededor de las tradiciones y cómo gentes de todas las edades forman parte de un mismo ritual, creando una comunidad que, de forma efímera pero constante, transforma el paisaje con su actividad, añadiéndole un componente performativo a la naturaleza del lugar.

Este ritual, en concreto, es diseccionado por López Riera a través de un exquisito montaje que recorre un día completo de competición, en el que la paciencia y la mirada de los participantes que asisten al certamen, atentos al deseo de los palomos, se convierten en auténticas protagonistas, produciéndose así el juego de mirar a los que miran, mientras la poética imagen de un grupo de aves de colores surca el cielo.

Sobre el deseo y la sociedad patriarcal también reflexiona la obra a través de la incursión en off de varios de los artículos del reglamento oficial del concurso, que aportan un imponente componente socio político a la película.

“Los que desean” ha sido galardonada en varios de los festivales de cine más importantes a nivel internacional, obteniendo Pardino d"oro en Locarno y premios en San Sebastián, ZInebi y Abycine.

Fotos Eva Fernández y Da2

  • Las imágenes de Elena López huyen de la literalidad narrativa acercándonos en sus historias, de una manera poética, a todo lo misterioso y fascinante que se encuentra en la realidad