Domingo, 26 de mayo de 2019

26-M: En el filo de un procurador, un concejal o un diputado provincial...

Manifestación en la plaza de Colón

Superada la borrasca, mucho menos intensa de lo esperado, de la concentración rojigualda de la plaza de Colón, la ciclogénesis explosiva instalada sobre la política española continúa a partir de mañana con el juicio abierto a los dirigentes del “procés” catalán que no quisieron o pudieron poner tierra por medio para eludir al implacable juez Llarena.

Una vista oral que excitará aún más las bajas pasiones que vienen crispando el escenario político, máxime cuando uno de los letrados de la acusación particular no será otro que Javier “Rambo” García Smith, el número dos de Vox, el partido ultra que, antes de disponer de representación parlamentaria nacional, viene marcando la pauta tanto al PP como a Ciudadanos, los socios de gobierno a los que franqueado la toma de la Junta de Andalucía.

Ello justamente a dos meses y medio de la triple cita electoral del 26 de mayo (la posibilidad de que acabe siendo cuádruple parece remota, incluso aunque el Congreso de los Diputados tumbe el proyecto de Presupuestos Generales del Estado) que Pablo Casado pretende convertir en una suerte de moción de censura contra Pedro Sánchez.

Pese a venir instrumentando, con connivencia filial, el legado político de Adolfo Suárez, el líder del PP aspira a que esa figurada moción tenga efectos similares a la presentada en 1980 por Felipe González contra el gobierno de UCD, tras la cual el partido gubernamental ya no levantó cabeza, sirviendo en bandeja la arrolladora victoria electoral socialista en las históricas elecciones generales de 1982. Pero también forma parte de la Historia el “gatillazo” del entonces también imberbe Antonio Hernández Mancha, el efímero sucesor de Manuel Fraga que cavó su tumba política con la temeraria moción de censura presentada en 1987 contra el gobierno socialista, al que todavía le quedaría cuerda hasta caer derrotado ante José María Aznar en 1996.

El calendario propicia que la actual efervescencia política, lejos de remitir, vaya a ir in crescendo hasta el 26-M. Ello con un grado de volatilidad política que hace que los sondeos realizados en enero estén desfasados en febrero, que los que se están haciendo ahora vayan a ser corregidos por los que se publiquen en marzo y así hasta la última semana de campaña, en la que tendremos que volver a recurrir a “El Periódico de Andorra” para ver cómo se llega a la jornada electoral.

En esta coyuntura hacer porras sobre eventuales resultados electorales resulta tan aleatorio como jugar a la bonoloto. Convertidas en fosfatina las mayorías absolutas, resultan muy arriesgadas las cábalas sobre lo que puede suceder en esta o aquella comunidad autónoma, en cualquier ayuntamiento de cierta entidad y no digamos en las Diputaciones, donde hay que hacer las cuentas conforme a los compartimentados partidos judiciales de cada provincia.

Desde aquel año de gracia de 1987, en el que Aznar le madrugó la presidencia de la Junta a Juan José Laborda, quien hizo el canelo apoyando la ubicación de un laboratorio nuclear en Las Arribes del Duero que después no se instaló, no había vuelto a atisbarse la menor posibilidad de alternancia política. Y hasta después del 26-D no sabremos si hay agua o era un espejismo.

Vistas las reticencias del partido naranja a encamarse con el de Santiago Abascal, y excluyendo por tanto un pacto pleno entre las tres opciones que articulan la actual derecha patria, yo no descartaría que en una comunidad tan conservadora como ésta el PP y Vox se basten y se sobren por sí mismos para sumar los 41 escaños que marcan la mayoría absoluta del próximo Parlamento de Castilla y León. Pero tampoco puede descartarse que sean PSOE y Ciudadanos los que sumen ese número de procuradores.

Visto lo cual, puede estar en el filo de un escaño de las Cotes que el actual gobierno zombi de Juan Vicente Herrera ceda el testigo a otro de una coalición PP-Vox presidido por Alfonso Fernández Mañueco o, en su lugar, al que podrían conformar PSOE y Ciudadanos con el socialista Luis Tudanca a la cabeza. Y no me negarán que entre ambas alternativas no hay una sustancial diferencia, por más que el líder de Podemos, Pablo Fernández, consideré que Tudanca no sería el cambio, sino el “recambio” del declinante gobierno autonómico del PP.

Pero al margen de Podemos e IU, que, juntos o por separado, están condenados a favorecer sí o sí esa hipotética alternancia, el papel de otras minorías puede ser decisivo para decantar la balanza si ninguno de los dos binomios antes señalados alcanza la mayoría requerida para investir al nuevo presidente de la Junta.

Puede ser el caso de la Unión del Pueblo Leonés, que, aunque no aparece en todos los sondeos, cuenta con suficiente parroquia fiel para mantener el escaño obtenido en las dos elecciones autonómicas precedentes. Pero también el de la Plataforma del Pueblo Soriano (PPSO), formación provincial a la que mucho se le tienen que torcer las cosas para que no siente a alguno de los suyos en el próximo hemiciclo.

Y esto mismo puede extenderse al partido “Por Ávila” en el que, de no dar un vuelco las cosas, desembarcará el actual presidente de la Diputación abulense, Jesús Manuel Sánchez Cabrera, en rebeldía tras su frustrado intento de asumir la candidatura del PP a la alcaldía de la capital. (La represalia adoptada contra él por Casado a instancias del influyente tándem constituido por los senadores Sebastián González y Miguel Ángel García Nieto puede acabar saliéndole muy caro al PP abulense e incluso también al de Castilla y León).

 Y todavía más: En función de cómo se conformen las candidaturas autonómicas del partido, tampoco sería de extrañar que en alguna otra provincia alguien que se sienta marginado por la dirección del partido decida marcarse otro “sanchezcabrera” o similar, complicando aún más las opciones de Fernández Mañueco.

 Habida cuenta de que ese mismo fraccionamiento político será incluso mayor en alguno de los principales ayuntamientos, así como en las Diputaciones provinciales, es muy posible que nos acostemos el 26 de mayo sin saber quién va a gobernar en la Junta, quien va a ser el alcalde aquí, allá o acullá y quien va a presidir esta o aquella Diputación. Y habrá casos en los que la incertidumbre se prolongue hasta el mismo día en el que se constituyan las nuevas instituciones electas el 26-M. Al tiempo.