Miércoles, 20 de febrero de 2019

Sueños de educadores

Centro de FP Lorenzo Milani

Con veintitrés años  yo estaba colaborando en Perú en una posta médica en San José de Tiabaya. De pronto me llegó una carta para dar clase en el centro de FP Lorenzo Milani como biólogo y sin saber muy bien porqué acepté y me vine.

Empecé a dar clase en 1992 con una tremenda ilusión y con una preferencia especial por los que para otros profesores quizá eran los peores.

En aquel entonces era un centro de formación profesional agraria y donde hoy tenemos la sala de informática era una cochiquera y había también vacas.

Ya en aquel entonces leíamos el periódico con los chicos, hacíamos redacciones de actualidad y ya estaban publicados los escritos colectivos de los muchachos del pueblo.

Seguíamos la pedagogía de Barbiana clasista a favor de los últimos.

Ya al año siguiente si la memoria no me falla me ofrecieron ir de educador voluntario a Santiago Dos, y allí fui con la que hoy es mi mujer.

Allí encontramos un buen equipo de educadores, se hicieron algunos cambios y empezaron nuevas amistades.

Éramos educadores que vivíamos allí con los chicos, trabajábamos fuera y estudiábamos o sólo estudiaban.

Éramos tres en Santiago dos, el educador que estaba con nosotros era filósofo y hoy un gran maestro de pueblos de Salamanca y un gran amigo.

Al año siguiente ya se incorporaron amigos que habían estado en el grupo scout Calasanz conmigo. Un poco después el escolapio que estaba de director se jubiló y ya quedé como director de esta gran familia. Pronto nos dimos cuenta que los últimos iban cambiando y ya empezamos con convenios para chicos de protección de menores y bastante más tarde con jóvenes infractores para cumplir medida en medio abierto.

Seguimos estudiando terapia familiar, medicina, e incorporando psicólogas, educadores sociales, gerente,  trabajadores sociales, ingenieros, pedagogos, cocineras,  en poco tiempo intentamos profesionalizar la plantilla sin perder el ambiente familiar y nuestro gobierno en asamblea.

Empezaron varias parejas, que ahora algunos son matrimonios con hijos y fuimos ampliando recursos y estudios para los chicos según nuestras especialidades. Pretendíamos que los chicos y chicas de Santiago Uno tuvieran las mismas oportunidades que nuestros propios hijos. Vivíamos allí y nacieron en mi caso mis hijas y al igual que estábamos allí hasta tener nuestra propia casa, así ha sido también para las distintas generaciones de chicos y chicas que también han ido teniendo sus propios hijos. Algunos de esos chicos de Santiago Uno son educadores con hijos, que también comparten su familia biológica de sangre con esta familia extensa que es para muchos la Casa Escuela Santiago Uno.