Sábado, 25 de mayo de 2019

Si quieres hacer de tu hijo un delincuente, dale todo lo que te pida

El eje trasversal de la corrupción y la delincuencia lo encontramos en toda la estructura que compone el tejido social. Lastimosamente no importa el estrato de donde provenga, el delincuente puede ser igual un pobre que un rico, haber estudiado en los colegios privados más caros de la ciudad como en los públicos del barrio, lo que echa por tierra aquello de que si ves un negro corriendo ese es delincuente o, por lo contrario, si es un blanco, de ojos azules, bien peinado y bien vestido, ese va haciendo deporte.

España, hablemos claro, se caracteriza por una población discriminatoria y clasista y prejuzgamos por la apariencia. Si es una mujer de vestimenta sencilla, de rostro humilde, se menosprecia aunque tenga en su haber un vasto curriculum, envidiable para muchos con un salario paupérrimo; mientras que el de cuello blanco, atlético y con pinta de ejecutivo puede ser el mayor corrupto y delincuente del país sin que nadie lo desprecie.

Se quiere ignorar que los principales cabezas de los delincuentes no están en las cárceles: están fuera de ellas, envueltos por una sociedad corrompida, donde el dinero lava desde currículos hasta prontuarios abriéndoles las puertas de los clubes, las universidades, las iglesias y hasta de la justicia. Siempre me he preguntado las razones del porqué ocurren estos hechos. Todos sabemos de familias ricas y de familias pobres que han tenido que desafiar la misma circunstancia: la de tener que ir a la cárcel a visitar a su familiar, llenos de apocamiento y desazón.

En el primer caso, esta familia graduó a su hijo en las mejores universidades tanto del país como del exterior, con títulos que le abrieron el abanico de las oportunidades laborales, hasta ocupar gerencias, presidencias y vicepresidencias de un banco o una empresa prestigiosa, pero de buenas a primeras tuvo que enfrentar escándalos de fraudes, estafas, así como el manejo de millones de Euros para pagos de  sobornos y otros delitos. El otro caso, aquel chico que va de tumbo en tumbo, que ni trabaja ni estudia, que dispone de coche aunque no lo necesite, del último modelo de móvil y no se pierde una fiesta a costa de unos padres permisivos, convencidos de que si le dan todo gratis aunque tengan que quitárselo ellos, el muchacho buscará el rumbo correcto porque no ha tenido que vencer dificultades.

Pues no, esa no es la realidad. La realidad es que hay que ganarse lo que se desea con tenacidad, sacrificio, esfuerzo, trazarse metas y lograrlas a brazo partido para saber valorarlas. Pensar que lo no ganado con esfuerzo es el pasaporte para llegar al éxito es el mayor fracaso.

Que quede claro:

Si no cambiamos la subcultura de valores, nunca saldremos de la crisis que estamos viviendo, pues eligiendo nuevos gobernantes, no lograremos erradicar el cinismo. No sólo hay corruptos dentro de la clase política y hay políticos que no son corruptos. Corrupto, mejor dicho, delincuente, es el que se corrompe y el que corrompe; el que comete las malas acciones y el que se las aplaude; el que las hace y el que se las encubre.

Nada Más y nada menos.