Sábado, 16 de febrero de 2019

Cartas de los lectores

Mi relator y yo

Mira por cuando--- en esta crisis inducida sobre la España Nación---, y hasta por cuanto--- con este proyecto de Presupuestos Generales del Estado (¿Español?)---, que ahora, a estas alturas del mundo--- ya el Papa Francisco se reúne con dirigentes mahometanos--- y la aceleración de los tiempos--- o sea “la red”---, una figura y/o forma del arcano otrora--- así es,  sí así parece---, que apenas se utilizaba, es lanzada al presente y alcanza altas cotas en la actualidad, tanto próxima como lejana, de nuestro derredor vivencial, y casi salta, ¡de sopetón!, a las primeras filas de los chismes, anécdotas, correveidiles, cenáculos, múltiples cotilleos, páginas de reflexión, tertulianismo, editoriales prestigiados y columnas de opinión por doquier, viajando avasalladoramente, en la banda ancha, por las autopistas, cual lucro de peaje yanqui, de la información.

Aquello de la cinéfila situación, tras la(s) posguerra(s), del “habeas corpus”, con el: “solo hablaré en presencia de mi abogado” (recuérdese que hasta en el film “Espartaco”--- de Stanley Kubrick, del novelado texto de Howard Fast--- se metieron frases  de la Constitución USA), se ha revenido en la (pos)verdad casi última, con el aquello de la mentira emocional, en el (re)descubrimiento de la ecléctica (¿y profesional?), trasparente, incolora, inodora e inocua---cual si fuera un anuncio de agua mineral ---  figura integral (tanto interna como externa) del sujeto actuante, y hasta pudiera ser visible individuo, que se encarna en la figura del relator y/o descriptor de unos hechos presenciales.

Esta sobrevenida expectante situación, del ahora activo presente social, hace que lo anterior que hasta aquí hemos tenido y/o se nos ha legado, en o por  alguna forma y/o procedimiento, todo ese amplio espacio del proceso integral historiográfico de “nuestro” global pasado, se preste, tal vez, a necesarias (¿acaso obligadas?) relecturas y observancias, que miren con otros posibles enfoques, que resitúen o confirmen, en tales exposiciones, sus antiguas descripciones, en atención a la más verosímil de sus escenificaciones y con la clara observancia del atestiguamiento fidedigno de quien--- o quienes---, en la neutralidad vivencial--- situación que es harto complicada de practicar --- aceptablemente nos guíen a todos.

 En el cobijo de lo que pudiera haber sido una posible tienda o casamata militar de la época, tal vez y en un parecer ocasional, el militar Bertrand Du Guesclin fue ocasional testigo del encuentro entre dos hermanos, en los campos de Montiel (23-3-1369), que terminó, en su descripción histórica, en tragedia y de la que el condestable francés--- que lideraba las Compañías Blancas--- pudiera haber sido secuencial relator (¿qué otros lo presenciaron?) del hecho, pero que, por lo conocido que nos ha llegado hasta aquí, su imparcialidad  no solo no fue cero, es que por su propia intervención, y en el completo conocimiento de la causa que era,  determino y concluyo el encuentro, ya que fue beligerante actor al favorecer a quién sobre él mismo ostentaba patronazgo. El escenificado y posible relator fue consumadamente interactivo en tal ocasión.

Tendríamos pues que, a la hora de encontrar un relator, escudriñar  toda una serie de recovecos objetivables (¡ y desinteractivados !, con un sí o puede que un no) para, ya una vez hallado tal “ideal espécimen”, darle ampliamente la total carga de positivización, que produzca, en derivación de su situación relatante, la necesaria fiabilidad --- con consistente crédito--- y con ello, que es lo que parece se suele buscar --- en cualquier momento --- hacerlo viablemente operativo, con su posible dimensionada universalización, en su relato.

Estamos en aquel entonces del año 1519 y surge, desde la soberanía de las Coronas (Leonesa, Aragonesa y Castellana) y los Reinos (Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada) de una Hispania que lidera Carlos I de Habsburgo, la impronta de una expedición marítima que trata de encontrar, en allende de la mar océano --- y no, ¡y nunca!, de cabotaje --- un camino en el oeste para llegar “a las Indias”. Al frente de tal proyecto --- y desde su amistad con Juan de Aranda (de la Casa de Contratación de Sevilla) y del leonés, nacido en Toro, Juan Rodríguez de Fonseca (obispo que fue de varias diócesis), lograron la autorización de Carlos I para tal singladura, además de la financiación efectuada por Cristóbal de Haro ---, se encuentra Fernäo de Magalhaes {hijo de Rui de Magalhaes y de Inés Vaz Moutinho), natural de Vila Sabrosa en la freguesia de Sé en Oporto (Portugal)}, quien con cinco barcos (La Flota de Las Molucas) y 239 hombres ( con la anécdota de las siete vacas) , y como Almirante de Carlos I (tras las capitulaciones del 22-3-1518) emprenden su especial odisea. De tal iniciativa/proyecto/compromiso, tres años después (el 6-9-1522) regresaron 18 hombres famélicos {con la adscripción actual: 13 españoles, 3 italianos, un portugués y un alemán} al mando de Juan Sebastián Elcano {natural de Guetaria, hijo de Domingo Sebastián de Elcano y de Catalina del Puerto}, después de recorrer unos 60.000 km. Cupo recobrar también, días después, a 12 hombres detenidos por Portugal en Cabo Verde  e igualmente, ya en el año 1526,  a otros cinco supervivientes de la nave Trinidad que se derivó a otra ruta en Las Molúcas.

 Toda esta proeza---sita en el proceloso mundo de Carlos I de León,…--- tiene un relator sustancial que, como participante, da descripción de los hechos aportándonos todos y cada uno de los puntos de información, su nombre Antonio Lombardo de Pigafetta, uno de los 18 que consiguieron regresar al territorio de lo que ahora es España. Aquí el relator es un miembro inclusivo más del acontecimiento y, a lo que ahora observamos, figura clave en la comprensión del mismo, y hasta también referente puntero actual para que el Reino de España protagonice, por sí mismo, ¡y en exclusiva !, el V Centenario de tan descomunal aventura, intrépida navegación  y excepcional odisea de la época de Carlos I y referenciada en Juan Sebastián Elcano del Puerto.

Cuando en aquel momento del 23-F, entró  en la sala del edificio de las Cortes el general Alfonso Armada Comins para entrevistarse con el coronel Antonio Tejero Molina, y salió a relucir aquel listado pormenorizado de “un gobierno de concentración”, el relator estaba en la usencia consciente de su presencia efectiva, pero sí en la conciencia de su hacer voluntario de acción democrática y por ello, al ir anotando desde su observatorio, los nombres de venidero equipo ministerial que se citaban, estaba pasando a ser relator oficiante  del encuentro, a la vez que dejo plena constancia de que uno de los dos interlocutores, el de menor graduación, no dejo pasar al otro, el de mayor graduación, al pleno del hemiciclo de las Cortes Españolas para hacer su, parece ser (¿con listado explícito de un gobierno de concentración?), personal y directa propuesta.

Aquí tenemos un relator “en off”, cuya importancia en la descripción de los hechos es altamente relevante y que actúa en el completo desamparo de los intervinientes directos. Se ve pues que la figura del relator no conlleva, obligada y necesariamente, a la oficialización del cargo y/o el mandato, con las atribuciones pertinentes, que lo faculta para ejercerlo.

Corrían los tiempos de año 1981, y los relatores tendrían que cumplimentar igualmente su oficio, aun en medio de las mayores dificultades técnicas y ambientales, casi era una vorágine progresiva de acontecimientos, en unas aceleraciones que llegaron hasta “los idus de marzo” y los pasaron de largo, donde los poderes, en su trilogía divisoria, parecían hasta monotemáticos, cuando una comisión de siete expertos oficiantes desgranaba, tras tres años de vigencia constitucional (1978-1981),  sobre aspectos que, en forma constituyente, estaban hechos al 6-12-1978 y prácticos operativos en el 29-12-1978, donde la estampa fina, cuál tapiz, del Estado Regional Constitucional Español reproducía el mismo mapa regional de la CE´1931 y lo enlongaba en la CE´1978. Y en este impasse temporal el relator debe intentar describir, en su oficiante hacer, secuencial y procesualmente, los objetivables hechos  --- el cómo, cuándo y porqué ---en ese así del transcurrir negociador, con la dinámica desde la fase umbral que se pasa por el iniciático y oficiante cuatripartito (UCD,PSOE, AP y PCE), a la ya acción colegiada ( de 17 miembros) del Gobierno de UCD en  acción pactada con el órgano colegiado (de 25 miembros) del PSOE, sobre varios asuntos generales y  el singular de una modificación territorial, de una España dimensionada en 504.750 km2, en la que se mueven limites regionales ( y sociedades regionales compuestas por ciudadanos españoles que votaron el 6-12-1978 la CE´1978; situación que, de forma previsible, el relator establecerá, a tenor de que en su profesión debe conocer y saber de los temas objeto de su actividad) de 207.491 km2 y se dejan sin tocar 297.259 km2, en la fecha del 31-7-1981.

Aquí el relator debe ser ampliamente experto, versátilmente preparado, ducho en las motivaciones políticas y por encima de todo, y  sobre tales características!, tener solidos referentes antropológicos de toda la España Nación y de la variedad de la misma; saber de los grandes hechos acontecidos en lugares pequeños y de los pequeños hechos celebrados en ampulosos espacios,…, en una frase: estar al loro de casi todo lo hispánico.

 Al final resultara que los relatores, si es que no los tenemos ya, tendríamos que ir pensando, tal vez, en ponerlos. Lo de la mauriana “luz y taquígrafos” va ya más rápido,¡ mucho más!, y a más lugares con las redes actuales de la información, y por ello casi podríamos decir que, de algún modo o manera, ciertos aspectos de esta “nueva tecnología ya en uso” son componentes relatores de nuestros procesos integrales (sociales, económicos, científicos, literarios, ambientales y políticos) a todos los niveles.

Si ello fuera así, estamos todos, o casi todos, en posesión de una fuente relatora, que podemos complementar, ¡y completar!, con la instrucción pertinente sobre cada hecho. Y ese puede ser uno de los caminos a seguir por nuestra sociedad en ese caminar hacia el próximo futuro.

Francisco Iglesias Carreño

Instituto de Estudios Zamoranos Florián d’Ocampo