Lunes, 20 de mayo de 2019

El mercado de la seducción. La vida sexual y amorosa, ¿un producto más de consumo?

Numerosos productos de consumo, especialmente electrodomésticos e informáticos, tienen fecha de caducidad programada. Los móviles son uno de los ejemplos más escandalosos.

¿Tienen la vida sexual y amorosa (deseo, atracción y enamoramiento) fecha de caducidad? ¿La temporalidad de estos afectos sexuales es inevitablemente corta? ¿Son las relaciones sexuales y amorosas un producto de usar y tirar? ¿Hay varios cubos de basura en nuestro interior para cada uno de esos productos? ¿Hay alguna manera de reciclarlos?

Numerosos profesionales, sexólogos, psicólogos y sanitarios responden afirmativamente a las dos primeras preguntas; sé que estoy en minoría. Estos afectos, vienen a decir, duran lo que dura la bioquímica en la que se sustentan. Así piensan también muchas personas, adolescentes, jóvenes y adultas seducidas por los nuevos mitos sobre la sexualidad.

Yo creo que la caducidad programada de ciertos productos es una estafa comercial y la caducidad programada del deseo, la atracción y el enamoramiento es un nuevo prejuicio o mito social al que se apuntan numerosos profesionales. Pero considero que están gravemente equivocados, porque el ser humano es muy complejo y no es solo bioquímica.

Como una columna no da para muchas reflexiones, pondré solo un ejemplo por si les hace pensar; lo haré en forma de preguntas:

  1. ¿Es la adrenalina que acompaña a un gran enfado, por el dolor o la faena que alguien nos ha hecho, la causa u origen del enfado? ¿No es la adrenalina más bien una respuesta fisiológica que nos ayuda a mantener la vigilancia o la agresividad durante el momento más álgido del conflicto, por si tenemos que defendernos o coger por el cuello a quien nos ofendió? ¿Convenimos entonces que no es la causa, sino una sabia ayuda fisiológica?
  2. ¿No es verdad que pasado un tiempo, normalmente el nivel de adrenalina vuelve al nivel basal anterior al enfado?
  3. ¿No es también cierto que con frecuencia, bien porque nos reconciliamos con quién nos ofendió, bien porque olvidamos, desaparece también el enfado?
  4. ¿Pero no es menos verdad que hay enfados y odios que duran años o toda la vida, entre personas, exparejas, familias enteras, nacionalismos, filias y fobias deportivas, étnicas o minorías sexuales?
  5. ¿No le parece a usted que también el deseo, la atracción y el enamoramiento hacia una persona puede tener una evolución muy variable, corta, larga o de por vida? ¿No le parece lógico que, si una emoción elemental como el enfado puede mantenerse de por vida, un ser humano puede mantener procesos más ricos que son también emocionales, afectivos, mentales (imágenes, recuerdos, memoria, comunicación, empatía, intimidad) y pueden estar alimentados por experiencias positivas, alianzas y compromisos? ¿O piensa usted que en la vida humana todo es líquido, como dicen los postmodernos?
  6. ¿La interacción entre los afectos sexuales y los empático-sociales (apego, amistad, sistema de cuidados y generosidad o altruismo –amor, si lo prefiere-) no le parece que puede enriquecer y fortalece la vida sexual y amorosa?
  7. Es seguro que conoce personas que han vivido la temporalidad de estos procesos, su duración no está predeterminada ni es obligatoria. No somos medias naranjas destinadas a una unión eterna. Pero le pregunto: ¿Conoce usted a   parejas de enamorados que ya son ancianos? ¿Conoce usted a parejas de adolescentes enamorados, que sueñan con que su relación dure toda la vida? Le aconsejo leer el próximo libro de Sabater sobre estos temas y a tantos poetas que han sabido cantar la vida, la sexualidad y las relaciones amorosas, sus dolores y sus gozos, temporales o eternos.

 

No tenemos derecho a negar el sueño o la memoria de tantos enamorados con una profecía negativa sobre estos procesos afectivos y amorosos. La profecía negativa es en este caso, como la estafa comercial, un engaño que promueve el consumo de la sexualidad y las relaciones como un producto en mercado de la seducción. Lo que creemos que va a suceder es más probable que se haga realidad. Lo que pensamos que puede suceder, conviene que respete también los mejores sueños.