Jueves, 2 de abril de 2020

Pero el oasis

 

Estaba aquí, siempre estuvo aquí. No hacía falta ir a buscarlo a ningún lugar. Ni siquiera era necesario evocarlo, despertarlo.

El oasis era el desierto, por eso no lo veías, por eso no lo veíamos. El oasis era el cansancio, la sed. No era agua ni luz ni paraíso. El oasis era la tierra oscura, el viento. El oasis era el deseo del oasis, las ganas de creer. Y tú, claro, sobre todo eras tú. Tú temblando bajo un sol insaciable. Tú gritando en silencio, tú en tu búsqueda constante.

No es que no existiera el oasis, existía y estaba aquí, estaba todo el tiempo aquí, justamente aquí, admirando tu miopía, tu torpeza.

Aquí lo tienes: el oasis. Y ahora qué.