Sábado, 16 de febrero de 2019
Bracamonte al día

Constanza Sánchez: 100 años de una vida cosida con retales de felicidad, lucha y esfuerzo

Familiares y residentes compañeros en la residencia San Pedro Advíncula festejaron este centenario cumpleaños con una animada fiesta en la que no faltaraon los canticos y los recuerdos
Constanza Sánchez González recibía una placa homenaje por sus 100 años
Hablar de la vida de Constanza Sánchez González es contar como el esfuerzo, la lucha y la capacidad de superación han protagonizado un recorrido vital propio de una novela pero que hoy, radiante y feliz, llega a cumplir 100 años. Ha sido este ocho de febrero cuando la residencia San Pedro Advincula de Peñaranda ha querido homenajear a esta vecina centenaria, preparando para ella un emotivo acto que contaba con la participación de trabajadores y residentes.
 
Constanza llegaba al mundo en 1919 en la localidad de Carpio Medianero, en la provincia de Ávila, pasando allí una bonita infancia y juventud hasta los 19 años, cuando llegaba a su vida Teodosio, un apuesto vecino al que conocía desde niña y que se convertía en su marido como si de un flechazo se tratara. Él trabajaba en Madrid como chofer de un camión que transportaba hielos a comercios y empresas asique con el trabajo en la capital de España, ella se trasladaba allí para iniciar una nueva vida en matrimonio.
 
Era en Madrid donde vivió el estallido de la Guerra Civil, un momento que recuerda con especial inquietud, trasladándose tras ello hasta las Navas del Marqués donde su marido era reclutado para el Frente, una experiencia que le duro apenas unos meses, volviendo de nuevo a Carpio donde tuvo a sus dos hijos en un principio ella sola, ya que su esposo volvía a casa con la guerra prácticamente vencida, regresando nuevamente a Madrid a continuar con su vida.
 
A los 41 años Constanza se quedaba viuda, iniciando una nueva etapa en su vida en la que tuvo que sacar adelante a sus dos hijos en la capital ella sola, trabajando duramente como modista, una de sus grandes destrezas y pasiones. 
 
Corrieron los años y ya, sin prácticamente vecinos ya que todos fueron muriendo, decidió venirse a vivir a Peñaranda con su hermana ya que sus hijos comenzaron a tener mayor independencia trabajando. Fue en esta etapa cuando comenzaba una nueva experiencia cuidando a un vecino con el que mantuvo una especial relación que recuerda con gran felicidad y que duraba más de dos décadas.
 
Hoy a sus 100 años sigue siendo plena vitalidad y sigue haciéndose sus “arreglos” de costura, una pasión inolvidable a la que no renuncia, a la vez que disfruta de sus dos hijos, sus cinco nietos y ocho biznietos, que copan su plena felicidad, por la que brindamos y esperamos que siga soplando velas con la vitalidad y elegancia que la caracteriza.