Ashanti es una joven víctima de la trata de personas. Abandonó su hogar, en Nigeria, siendo solo una niña con la esperanza de encontrar un futuro mejor en Europa. Pero desde el principio de su viaje sufrió abusos, palizas y explotación. Hoy día, es “una mujer libre”, como ella misma dice. Acompañada por las Religiosas Adoratrices del Programa Esperanza, ha llevado a cabo su “proyecto vital en España” y ahora que ayudar a las mujeres que han pasado por su misma situación. Por eso, nos cuenta su historia: para que los ciudadanos sepamos que en pleno siglo XXI hay esclavos viviendo en nuestros barrios, a las puertas de nuestras casas.

El viaje de Ashanti

“Mi nombre es Ashanti, que significa gracias. Nací en Benin City, en el sur de Nigeria. Cuando llegué a España tenía 16 años, pero me hicieron una prueba y me dieron una tarjeta que decía que tenía 18.

Soy huérfana de padre y madre. Mi mamá falleció cuando yo nací. En mi país es muy frecuente que las mamás mueran dando a luz, por lo que me quedé a cargo de mi padre, que se volvió a casar y tuvo cinco hijos con su nueva esposa.

Allí fui al colegio hasta la secundaria. Me gustaba la costura y la informática.

Al morir mi padre, me quedé a cargo de mi tía, que me trataba muy mal y quería casarme con un hombre mayor y con dinero para poder hacer a mi padre un funeral como manda nuestra tradición. Mi tía me pegaba porque no quería casarme.

Un día robé a mi tía 300.000 nairas y con ese dinero me escapé a casa de una amiga; ahora sé que son unos 1.500 euros. Mi amiga me dijo que huyera al extranjero para que mi tía no me encontrase.

En manos de las mafias

A través de un amigo conocí a un “connection man”, que me puso en contacto con un hombre al que llamaban “brother”. Con él, realicé el viaje desde Nigeria a Marruecos. Me prometieron que en Europa tendría una vida mejor. Antes de salir me hicieron el vudú con el que me comprometía al pago de una deuda; yo no sabía muy bien qué era eso. El viaje a Marruecos duró más de un mes. Fue terrible, sufrí mucho, me golpearon y violaron varias veces.

En Marruecos, me encontré con más mujeres y otras personas que iban a realizar conmigo el viaje hasta Europa. Estuvimos escondidos durante un mes en un bosque hasta que nos montaron en una lancha. En el mar pasé mucho miedo, pensé que era el final de mi vida.

Cuando llegué a España pasé por distintas ciudades. Iba de una a otra y no recuerdo el nombre de ninguna. En Madrid, las personas que me habían traído me obligaron a pedir asilo en una oficina a la que me llevaron.

Tuve que estar en la prostitución en un polígono industrial de Villaverde para poder pagar la deuda que tenía con estas personas; si no lo hacía las cosas podían ser peor.

En Proyecto Esperanza

Dios quiso que en diciembre del 2015 me cogiera la Policía. Me hablaron de Proyecto Esperanza y me dijeron que allí podían ayudarme. Yo tenía mucho miedo y poca confianza. Me ofrecieron apoyo que yo rechacé al principio, pero a los pocos días las llamé para que me ayudaran. Sabía que eran las personas que Dios había puesto en mi camino para ayudarme.

Hoy, después de tres años, estoy muy agradecida a todas las personas que me han ayudado a llevar a cabo mi proyecto en España. Doy gracias a Dios por todo lo que ahora tengo. Soy una mujer libre, terminé el grado de electricidad y ahora trabajo para mantenerme y poder pagar la habitación en la que me alojo.

Tengo amigos y amigas con las que salgo y comparto mi tiempo libre. También puedo viajar libremente para ver a mi hermana y sobrina siempre que quiero. Quiero ayudar a las mujeres que han pasado por la misma situación que yo”.