Comienza la “fiesta”

El próximo martes comienza el juicio contra los líderes independentistas. No me gusta decirlo así, pero así es como lo titulan la mayoría de medios. ¿Cómo debería decirse? Me parece que lo correcto sería destacar que el martes comienza el juicio contra los gobernantes y líderes catalanes independentistas que violaron la Constitución y las leyes promoviendo un golpe de Estado. Pues eso, y no otra cosa, es lo que sucedió en el otoño de 2016 en Cataluña. El presidente de la Generalitat y los políticos más destacados del ámbito nacionalista tomaron una vía castigada por la ley, aquí y en todas partes. Se les juzga no por sus ideas, que son libres, también defender el independentismo, sino por transgredir la Constitución y el Código Penal, es decir, por haber cometido un delito. Con la política también se pueden cometer delitos, no es un ámbito al margen de la ley, todo lo contrario.

Hay que subrayar que los encausados van a ser juzgados por el tribunal más importante de España, el Tribunal Supremo, cuyos jueces están entre los mejores de nuestro país y cuya independencia es difícil cuestionar. Van a tener, por tanto, un juicio imparcial, y la sentencia ya veremos qué depara. Digo esto porque, de un lado y otro, se da por hecho que va a ser condenatoria y que el juicio es un trámite, pero quienes así piensan lo hacen superficialmente y desconocen nuestro sistema judicial penal.

Ha habido una instrucción previa, muy importante y nada baladí, por parte del magistrado del Supremo, Pablo Llarena, pero lo decisivo va a ser el juicio y las pruebas que se practiquen en el mismo: testificales, documentales y periciales. En el juicio y no en la instrucción estarán las claves del resultado final. Me temo, por eso, que va a haber decepciones generalizadas cuando se haga pública la sentencia. ¿Por qué? Pues ya lo he dicho antes, porque aquí todo el mundo quiere ganar por goleada, y los hay que antes de practicarse las pruebas y aplicarse el tipo penal correspondiente, ya han condenado a la máxima pena a los acusados, y los hay también del lado opuesto, que como defienden que no ha habido ningún delito, todo lo que no sea ponerlos en la calle, va a ser considerado una sentencia amañada y prevaricadora.

¿Por qué destaco lo de juicio imparcial? Porque en el círculo separatista se da por hecha la condena y apuestan todo a un recurso ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en Estrasburgo, y que este tire por tierra a nuestro Tribunal Supremo. Si tal fuese, España quedaría KO, al descalificar nuestra justicia, y un Estado sin poder judicial independiente, democráticamente quedaría en cueros. Sería el triunfo final del independentismo y en eso están. Por eso el Tribunal Supremo va a afinar todo lo posible y esa hipótesis me parece descabellada: España es un país rigurosamente democrático y su poder judicial plenamente independiente, y se va a demostrar sobradamente en este juicio.

El juicio más importante de nuestra democracia, tras el del 23 F, va a durar muchos meses, y en esta columna daré cumplida cuenta de lo que allí ocurra. Pero hoy quiero concluir diciendo que debemos tener claras las ideas y no dejarnos intoxicar interesadamente. No se juzga a políticos por delitos de opinión ni por defender sus ideas, se juzga a presuntos delincuentes que en el ejercicio de la política han violado el Código Penal y, más importante aún, han saltado haciéndola añicos a la Constitución. Como en su día escribió el jurista más importante del siglo XX, Hans Kelsen, a esto se le llama golpe de Estado. Y se les va a juzgar con todas las de la ley, es decir, con todas las garantías que solo se dan en un Estado de Derecho, como ha acreditado sobradamente el nuestro. Y el Tribunal Supremo resolverá, cómo: ¿absolviendo o condenando, y si es esto último: por el delito de rebelión, sedición, malversación de fondos públicos, o desobediencia? Todo cabe, hasta un abogado de medio pelo sabe que antes de un juicio no se puede aventurar el resultado, sin haber valorado todas las pruebas y examinado la aplicación del Derecho, que casi nunca es unívoca.

Esperemos, pues, respetemos la sentencia sea cual sea, y sintámonos orgullosos de vivir en un Estado democrático y un sistema judicial independiente, aunque no nos den la razón. En cualquier caso, la ley habrá triunfado.

Y dejo de lado lo del “relator” que el Gobierno se ha inventado. Lo del juicio es una cosa muy seria, lo del “relator” es pésimo circo protagonizado por infames payasos.

Marta FERREIRA