Martes, 19 de noviembre de 2019

Zaniki, filigrana fílmica con el ritmo de Mayalde y el talento de Gabriel Velázquez

En los cines Vialia se estrena la película del cineasta salmantino Gabriel Velázquez protagonizada por el grupo de folk Mayalde
Gabriel Velázquez, ZAniki y Eusebio "Mayalde" / REP. GRÁFICO: CARMEN BORREGO

La valiente apuesta por el cine salmantino por parte de Megarama, primero con la proyección de la película El Pastor, de Jonathan Cenzual y ahora por Zaniki, ha permitido al público salmantino, y esperemos que permita durante un tiempo más, disfrutar de la más sorprendente propuesta fílmica sobre la música y las tradiciones salmantinas. Narrada como un viaje iniciático de ida y vuelta, la película, mezcla de documental y largometraje, ahonda en el valor ancestral de la tradición la tradición es la obligación de contarle al siguiente lo que te han contado, como declara Eusebio Mayalde, protagonista de este singular visión de la música tradicional y la forma de vida en el campo de Salamanca.

Las palabras preliminares del protagonista, reconocido como “guión vital” de la película, fueron una excelente introducción a la misma. A Mayalde le preguntaron en el estreno del festival de Gijón por qué no se quitaba la boina, y él respondió que para él, la boina es el pequeño territorio en el que habitan los viajo sabios analfabetos que les contaron todo lo que saben; y que demasiado se habían enguruñado la boina en la mano para decir “sí patrón”, “sí amo” para que ahora él se la quitara. Un personaje, Eusebio Mayalde, que articula la película, llena con su personalidad, con su música, con su carisma y su recorrido vital todas las escenas, deseoso de transmitir al nieto, al “Zaniki”, toda la sabiduría de un folklorista entregado, dotado de la percusión del corazón.

“Zaniki es un bofetón al cinismo, una hermosa crónica desnuda y esperpéntica que asume que lo que defiende le quedan dos días”

 

Zaniki es pura poesía convertida en cine. Dirigida por Gabriel Velázquez, con guión de Blanca Torres, Manuel García y el propio director, la película es una joya de la fotografía, geometría de campos desolados, fascinante trabajo de Manuel García cáñamo donde bordar una partitura única, la del investigador, músico y folclorista salmantino, Eusebio Mayalde. Relato y documento etnográfico, Zaniki no solo ha recibido todo tipo de reconocimientos, sino que despierta en el crítico de cine, Javier Tolentino, palabras admiradas: “Que se pueda hacer en estos tiempos una película como Zaniki es como para decir que no todo está perdido en esta aldea global mercantil, paraíso de franquicias. Zaniki podría ser una película persa o una crónica desesperada y poética de un realizador chino que relata un cuento de los últimos héroes que habitan en los bosques de Mongolia. Pero no, hablan de una resistencia numantina: La familia charra de Los Mayalde, una familia de músicos que construyen un elogio hermoso de la tradición, de la cultura rural”.

Javier Tolentino sabe leer en esta película el alma de la tierra, esa tierra virgen que recorre en moto un jinete solitario enfrentado al olvido conjurándolo a través del niño, el delicioso nieto de Eusebio, quien con su perfil virgen y su entrega al abuelo compone una de las más hermosas parejas del relato cinematográfico español. Ambos recorren los campos –fotografiados como hermosas telas de esparto con la misma maestría con la que Jonathan Cenzual hacía versos con los cielos y las nubes- rememorando el abuelo una forma de vivir de la que sale la música, fruto de la necesidad y la soledad que lo mismo se sirve de cucharas que de platos, de martillos que de calderos, piedras o sierras. Música soplada a través de una gaita hecha con el hueso del ala de un buitre que se entrega al otro, al siguiente, con la generosidad de la herencia que perdura, como perdura el campo, ajeno a la modernidad y en cierto modo, al paso del hombre. Para Javier Tolentino, “Zaniki es un bofetón al cinismo, una hermosa crónica desnuda y esperpéntica que asume que lo que defiende le quedan dos días: el entierro ficticio de Eusebio Malyalde es el cierre a una cultura rural que se encuentra ya en el tanatorio. Nadie sacará ya música del viento, ni hará melodías con las latas de sardinas, nadie utilizará la percusión como lo hace el pequeño hijo del folk”.

Apuesta que se hace con el corazón, la película se recrea en el personaje de Eusebio Mayalde, disfruta de la bisoñez del nieto, retrata dulcemente a una familia en el campo e indaga en el proceso de iniciación mientras el patriarca guarda el secreto de su enfermedad y de sus visiones. Subido al Alto del Castillo, el paisaje de Calvarrasa de Arriba que mira a los Arapiles, Eusebio Mayalde es la película entera, como es suyo ese amor al nieto al que llamó “zaniki” de forma cariñosa a lo largo del rodaje, nombre que se le quedó al pequeño zagal rubio entregado al abuelo, compañero de viaje, receptáculo de sus saberes. Un Mayalde que recuerda al público su trabajo de folklorista, su grabación del conocimiento de tantos mayores analfabetos que fueron generosos con su sabiduría como lo es él junto a su familia, entregados a la difusión de un legado infinito: el de la música tradicional salmantina.

Y junto a Mayalde, Gabriel Velázquez, el director que ha conseguido poner en pie este hermoso ejercicio de la memoria, canto a un tiempo que perdurará aún mejor después de su película y de la que habla encuadrándola en su trayectoria de director a media camino del documental y el largometraje de cuidada factura fotográfica. Lírica rodada con pasión.

Charo Alonso: No sabemos si Zaniki es un documental, una película o un poema ¿Qué formato prefieres?

Gabriel Velázquez: Yo hago filmes largometrajes mutantes que sobrevuelan el documental, pero siempre con la ficción por delante para darle un poco de juego y libertad a la historia. Mis trabajos siempre cruzan esas leves líneas, como ya hacía el maestro Patino.

Ch.A.: La línea la cruzas también trabajando codo a codo con otro director salmantino ¿No tienes con Chema de la Peña un problema de egos?

G.V.: Con Chema he trabajado mucho en los inicios de los cortos y publicidad, luego en su película con Colomo, Shacky Carmine y más tarde con nuestra productora Artimaña con De Salamanca a ninguna parte, yo de productor y ya en Sud Express, los dos dirigiendo, escribiendo y produciendo. Nos consultamos cosas, nos ayudamos, tenemos casi el mismo equipo y somos amigos, pero no nos da para tener lucha de egos.
Ch.A.: Tus imágenes siempre han sido enormemente poéticas ¿Qué parte de responsabilidad tiene el director de fotografía Manuel Martín?

G.V.: Yo he ido aprendiendo con la fotografía, a encuadrar, a fotografiar, a buscar la belleza porque así todo entra mejor y le da ese poso de poesía, que necesita más calma. Manuel García es un grandísimo fotógrafo y encuadra a la perfección. Trabaja muy rápido, como a mí me gusta y es amigo y me entiendo muy bien!!!! Para mí actualmente es básico.

Ch.A.: En Zaniki retratas a toda una familia, los Mayalde ¿Es cierto que no la ensayasteis? ¿Qué la rodasteis en dos semanas?

G.V.: Fue una aventura de dos semanas sin conocer las localizaciones ni las horas de luz de cada sitio. En ese sentido íbamos un poco a ciegas y nos íbamos amoldando. No había guión escrito al milímetro y había que improvisar y a toma única, sin ensayo. Participa toda la familia. Yo confiaba mucho la Familia Mayalde, que tienen muchas tablas en el escenario cuando interpretan sus canciones, así que perfecto.

…nos recuerda la esencia de las cosas, la dignidad ante el paso del tiempo y la maravilla del niño que se maravilla  

Ch.A.: Es una película sobre folklore ¿Nos resulta difícil apreciar lo nuestro?

G.V.: En este caso, la película Zaniki es muy bella y cuenta cosas de nuestra tierra de una manera emocionante y nada aburrida, con lo que el público sale muy contento y aprecia nuestro arte, que es ancestral y maravilloso. Me siento un estudioso de nuestras tradiciones, de nuestros paisajes, de nuestros personajes interesantes, de las pequeñas historias que son grandes universalmente. Me gusta reivindicar nuestra belleza y me siento orgulloso.

Ch.A.: Javier Tolentino, espléndido crítico de cine, excelente escritor, dice que Cenzual, Rollán. Moreno, de la Peña y tú sois herederos del cine de Martín Patino. ¿Lo subscribes?

G.V.: Yo he mamado la obra de Patino, muy charro él, aunque con mucha crítica. Pero nadie como él ha sabido sacar jugo a nuestros paisanos, a nuestra mentalidad charra, dura y cerrada a veces. Pero siempre interesante. Basilio toma cierta distancia de ella y quizás yo le tengo más apego. Pero a los dos nos importa mucho retratar nuestra tierra y nuestras gentes.

Ch.A.: Gabriel ¿Qué hace especial esta película?

G.V.: Mayalde ha sido esencial para realizar esta película, porque la han llenado de verdad. La preciosista fotografía la ha hecho bella y yo creo que le he dado el tono y el tempo.

Un tono y un tempo poético que sobrecoge. Es la grandeza de la herencia de una tierra dura y de una forma de vivir solitaria y entregada al ritmo de los días, al flujo de esos amaneceres que sobrevuelan la acción de la película. Geometría de labranza, heladas de la incertidumbre. El latido del corazón prende en la lumbre del recuerdo de todos los que asistimos a ese poema a la vida y a lo auténtico. Con valentía, con ganas, con todo el agradecimiento. Porque nos recuerda la esencia de las cosas, la dignidad ante el paso del tiempo y la maravilla del niño que se maravilla. Es el ritmo de la vida convertido en las imágenes que harán eterna la música nuestra. La linde de la memoria. Esa que recorre Mayalde encaramado en su caballo metálico, jinete no de otra época, sino de lo eterno. Zaniki.

Charo Alonso.

Fotografía: Carmen Borrego.