Miércoles, 11 de diciembre de 2019

De la salud y los dineros

Las farmacéuticas solo destinan un 16% de sus beneficios a la investigación, mientras que más del 60% lo invierten en campañas de marketing

El desarrollo de nuevos medicamentos, métodos diagnósticos y otras tecnologías sanitarias constituye un elemento central en las políticas públicas tanto sanitarias como científicas y, al mismo tiempo, curar a los pacientes y satisfacer las necesidades en salud de las generaciones presentes y futuras es la principal motivación de profesionales sanitarios e investigadores. Este es el primer párrafo del informe titulado “Interés público en la investigación biomédica[1]”, elaborado por Óscar David Sánchez Jiménez e Irene Bernal Carcelén y publicado recientemente por la Fundación Salud por Derecho.

Entre los elementos importantes para que los ciudadanos podamos ejercer nuestro derecho a la salud están el acceso a los medicamentos y la investigación para mejorar estos. Disponer de los remedios que necesitemos lo podemos hacer bien pagándolos directamente, bien a través del Sistema de Seguridad Social, que también pagamos.

Pero el mercado de los medicamentos tiene dos características que le hace diferentes al resto de mercados. Primero, en la gran mayoría de las ocasiones no es el cliente, es decir nosotros, quien decide que articulo quiere comprar, sino un especialista, un médico. Segundo, los precios no son fijados por un mercado de libre competencia, sino que vienen fijados desde las propias empresas que los fabrican, las industrias farmacéuticas. 

Si tenemos los recursos necesarios para comprar los medicamentos que necesitamos o contamos con la protección de un Sistema de Seguridad Social que nos los proporciones, pues no hay problema pero ¿qué sucede sino tenemos capacidad económica para adquirirlo, si nuestra cobertura sanitaria no alcanza para que podamos disponer de ellos o si no existe el medicamento que precisamos? Entonces tenemos un problema, un problema serio.

El precio de los medicamentos y los recursos que son necesarios para la investigación y el desarrollo de otros nuevos es el tema sobre el que pivota todo el problema. Pues sobre todo ello, el informe citado trata de aportar algo de luz para poder contestar a preguntas como ¿por qué ciertos medicamentos son tan caros? ¿por qué no es posible saber cuánto pagan los gobiernos a las farmacéuticas por ellos? ¿quién corre con la mayor parte de la inversión en investigación? o ¿es justo que existiendo medicamentos capaces de curar a millones de enfermos, su alto precio impida ciudadanos privados y a sistema de salud públicos ponerlos a su disposición?. Tambien hace propuestas concretas. Les dejo referencia al pie de página. Solo daré algún indicio, el resto lo dejo a su interés, si lo tienen.

Primero, deben saber que las negociaciones para fijar los precios de adquisición que mantienen las farmacéuticas con los distintos gobiernos son secretas, así como sus resultados. Es prácticamente imposible saber cuál es el precio que se paga, que pagamos entre todos, por los medicamentos que se incluyen en nuestro sistema de salud.

Segundo, el mayor gasto en investigaciones relacionadas con la salud en nuestro país, el 62%, corre a cargo del sector público, es decir se financia con nuestro impuestos. El truco está en cuando alguna línea de investigación parece ir por buen camino, llega una farmacéutica y se la lleva, la remata, la comercializa, la patenta, y de esta forma cualquier beneficio posterior ira a engrosar sus arcas y seremos de nuevo nosotros quienes deberemos pagar por el producto terminado, con lo que pagamos dos veces.

Las farmacéuticas solo destinan un 16% de sus beneficios a la investigación, mientras que más del 60% lo invierten en campañas de marketing, compra de empresas, recompra de acciones, retribuciones de bancos y bufetes de abogados, salarios y bonos de sus altos ejecutivos, ganancias para los accionistas, etc.[2]

Pues esto, y mucho más, es lo que hay detrás de la salud y los dineros.