Sábado, 24 de agosto de 2019

Jubileo de un cura rural

“Insiste a tiempo y a destiempo, arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina” (2 Tim 4,2)

Nadie estuvo más solo que tus manos /perdidas entre el hierro y la madera;/ mas cuando el pan se convirtió en hoguera/ nadie estuvo más lleno que tus manos”.

J. L. Martín Descalzo

Vivimos en el tiempo, que no es el lapso en el que me limito a vivir, sino el momento y lugar de la creación. El tiempo crea, suscita y promueve, de ahí que sea el lugar del ser humano. Gracias a él el ser humano tiene la posibilidad de construirse, de llegar a ser él mismo. En nuestras sociedades de lo efímero y fugaz, es necesario detenerse y subrayar que cada momento histórico requiere su Kairós (su tiempo oportuno), lo importante es saber captarlo.

Este es un momento oportuno y la comunidad de la Unidad Pastoral del Centro histórico, está de Júbilo para acompañar a uno de nuestros Párrocos, Policarpo Díaz, Don Poli, en sus bodas de plata sacerdotales. Un momento oportuno para dar y darle las gracias, por una vida injertada en el misterio de Jesucristo, que enamora y compromete en la misión pastoral de cada día. Un momento oportuno para subrayar su entrega, renunciando a otras vidas, a otros amores, a otros caminos, dejándolo todo para ser libre junto a Jesús y estar disponible para todos los que formamos su comunidad. Ser sacerdote es ser un hombre de Dios, sin dejar de ser hombre. Es ser el corazón de la comunidad, un corazón de amor y de servicio ¡Qué hermosos son los pies que anuncian la paz a sus hermanos! ¡Y qué hermosas son las manos maduras en el surco y en la mies! Si dejas los pedazos de alma en el sendero, ¡qué dulces, mensajero, ¡qué hermosos, que divinos son tus pasos!

Tal día como hoy, un 6 de febrero del año 1994, Policarpo Díaz se ordenaba sacerdote en la Iglesia de San Esteban de Salamanca, junto a Pablo Lamamie de Clairac y Rafael Blanco Morales. Presidió la ceremonia don Mauro Rubio, obispo de Salamanca y concelebraron cerca de 150 sacerdotes, con un templo que estaba abarrotado ya que asistieron más de 1.300 personas. Su primera misa, como no podía ser de otra manera, la celebró en su pueblo natal, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Guijuelo al domingo siguiente, acompañado de sus familiares y amigos.

En 1994, se ordenaron otros dos sacerdotes, en enero el P. José Luis Calvo Vicente, CM; y el 10 de julio, Juan Andrés Martín Fernández. A pesar de la abundancia y los buenos frutos de todos ellos, en ese tiempo comenzaba la preocupación por el futuro sacerdotal de la Diócesis, ya que se ordenaron cinco, pero fallecieron seis sacerdotes ese mismo año.

La razón que se celebrara en San Esteban, templo más grande de la ciudad después de la catedral, es que en ese año la edición de Las Edades del Hombre (El contrapunto y su morada), ocupará los dos edificios catedralicios de la ciudad. Fue todo un éxito, visitada por múltiples personalidades entre las que se encontraban los emperadores de Japón, se cerró con un total de 1.300.000 visitantes, la cifra más elevada alcanzada por una edición de Las Edades. En la semana que se ordenó Poli Díaz, la visitaban unos diez colegios al día, unas 5.000 personas a la Semana. Fue un gran acontecimiento en la ciudad, donde participamos de una manera activa.

Fue una semana fría, pero caldeada por la Huelga General que los sindicatos realizaron a Felipe González y el incendio del Gran Teatro Liceo de Barcelona que quedó destruido por completo. En Salamanca la intelectualidad no consiguió evitar el cierre del Teatro Liceo, que desde el año 1862 había animado la vida musical y teatral de los salmantinos. Cerró ese mismo día, el 6 febrero, con una última función representada por la compañía de Juan Antonio Quintana con la obra “Sonatas de Espectros”. La ciudad decía adiós a uno de los corazones culturales de la ciudad.

Los recién ordenados, no merecieron ni una pequeña mención de los periódicos de la ciudad, más preocupados por la fiesta de las Águedas y el carnaval en las puertas, solo una pequeña reseña de Enrique de Sena en El Adelanto. La prensa se centró en la campaña de Manos Unidas, que presentó en el Palacio de Congresos el ballet de danza de la india del sacerdote Francis Barboza; así como las Conversaciones de San Esteban, dedicadas ese año a la “Opción preferencial por los pobres”; o las inversiones del Obispado en la construcción de la parroquia de San Francisco y Santa Clara. Pero tampoco la revista Comunidad 2000, más preocupada por difundir el Año de la Familia, la importancia de sacerdocio o la opción preferencial por los pobres, o la campaña de Cáritas “Sin techo ni Derecho”, entre otros temas interesantes.

Dice el Eclesiastés que todas las cosas tienen su tiempo, posiblemente la decisión de Poli comenzó en el ambiente familiar. Su madre Teresa, mujer humilde de hondura y de oración, con valores cristianos, pediría a Dios muchas noches para que alguno de sus hijos se ordenara Sacerdote. Dios la escuchó y el pequeño de la familia, acudirá al Seminario Menor de Calatrava con 11 años y siendo un niño, en los juegos, en las travesuras, en el estudio, como todos sus compañeros. Comenta Poli, que guarda un gran recuerdo de sus años en el Seminario, en un ambiente de alegría, de fraternidad, bajo la responsabilidad y guía de Domingo Martín, Antonio Romo y Joaquín Tapia.

Unos años después, maduraría la decisión de estudiar Teología en la Universidad Pontificia, así como Comunicación Social. Es la época de una formación no solo teórica, sino de práctica pastoral y vida apostólica, centrada en lo fundamental, Jesús y los pobres. En alguna de nuestras conversaciones, habla del apoyo de los compañeros y de la importancia de su formación pastoral en la Parroquia de San Juan Bautista con José María Miñambres. Allí trabajó con la Pastoral Universitaria, Parresía, vida apostólica, acompañamiento, catequesis, hasta que un día se encontró con don Mauro que le pide ordenación para el servicio de Jesucristo y la Iglesia. Después de dar un sí, se encontraría de repente con 27 años recién cumplidos, no sin alegría y con muchas ganas de trabajar, pero con muchas preguntas todavía por resolver y con un conjunto de instantáneas en la hermosa Iglesia de San Esteban: la postración en tierra, la imposición de manos, la oración, la estola que cae desde tu cuello, la casulla que llevará en cada celebración de la Eucaristía y la compañía de tantos, para sentirse en comunión con Jesús y la Iglesia.

Don Mauro, quiso que continuara con la Pastoral Universitaria y le encomienda dos pueblos de la zona de Vitigudino: Moronta y Escuernavacas. En ellos ejercerá la vida pastoral durante dos años, hasta que fue nombrado formador del Seminario menor San Carlos Borromeo, labor que desempeñó hasta el año 2004. Durante esa etapa colaboró en la Delegación diocesana de Pastoral Universitaria y fue profesor de Religión en el Colegio Maestro Ávila y en el Colegio Sagrada Familia de Salamanca. En 2004, don Carlos López, le encomienda diferentes Parroquias de la Sierra de Francia (Sotoserrano, Herguijuela de la Sierra, Madroñal, Rebollosa, Monforte de la Sierra, El Cabaco, Nava de Francia y La Alberca), en las que ejerce como pastor, primero en compañía de Pablo Lamamié y después con Leo Ramos. Una hermosa labor, con una gran actividad pastoral y humana, acercándose a las personas en una iglesia de cercanías y de puertas abiertas a tiempo completo.

Se considera un cura rural en “comisión de servicio”. Ser cura rural en esta “España vacía”, no es tampoco fácil, ya que se vive una realidad de un mundo totalmente olvidado por todos, incluso de lo religioso. Pero con una implicación y cercanía mayor que en las zonas urbanas, facilitando la transmisión de la fe. En todos los lugares que ha estado, se ha ganado el cariño de todos, a pesar de que en este último destino no lo ha tenido nada fácil. Está practicando una pastoral de la alegría, sonrisa, de la cercanía, de la humildad, misionera y en salida, de caridad, de calidad, cultural, sanitaria, junto a los más pobres y necesitados. Pastor con el Buen Pastor, al pie de la cruz con el que está en la cruz, lámpara de luz en la oscuridad, en sus manos da el pan de vida.

No es don Poli, es simplemente Poli, el amigo, el pastor, el compañero, el “señor cura”. El que dice la misa, da la catequesis, acude a la vicaría, acompaña al Obispo, el que se reúne con los catequistas, el que trabaja en equipo, el que delega responsabilidades, el que acompaña, visita a los enfermos, recibe a los pobres, el que vive justo al lado de la iglesia y si se le llama siempre responde y acude. Un pastor, despojado de sí mismo para una radial disponibilidad, tejiendo en el silencio redes de amor, lanzándolas a la comunidad y al mundo

Con un “cura amigo”, nos atrevemos a mirar juntos en la misma dirección y apreciamos cosas que antes no nos preocupaban o nos eran indiferentes, una “Philia” de corresponsabilidad que tiende a Dios y está en Dios. Su ministerio pertenece a la manera que Dios quiere comunicarse con el hombre, para Cristo en la amistad.  Un cura humano y humilde, sensible, risueño y alegre, capaz de mirar con ternura, un cura que huele a Jesús. Sabe valorar a todos y hacer que todos nos sintamos válidos, haciendo con la palabra y con su vida presente el Reino cada día. Gracias hermano, te queremos. Te acompañamos en la Eucaristía esta tarde de corazón.

Acción de Gracias, hoy miércoles a las 19 h. en la Iglesia de la Purísima.