Domingo, 25 de agosto de 2019

¿Quién decide qué es lo bueno y lo malo para el organismo?

Cuanto más caos, conflictos y posibles desgracias nos acechan en nuestro país y en el conjunto del planeta, más nos aferramos a las pequeñas cosas sobre las que- al menos en teoría- tenemos posibilidad de manejar. Lo que consumimos y hacemos cada día está dentro de las cosas que, en gran parte, dependen de nosotros mismos.

Pero la realidad es que ni siquiera en esas “pequeñas” cosas somos muy libres, pues hemos recibido tanta mala información, o tan escasa, de tantos temas que nos conciernen, que nos resulta muy difícil elegir libre y conscientemente. Pondré hoy dos ejemplos: uno sobre los graves perjuicios de la ingesta de alcohol y otro sobre los enormes beneficios de escuchar, estudiar, interpretar Música. Este ejemplo de la Música forma parte del tema de las prescripciones sociales que la sanidad inglesa está potenciando y con ella ahorrando muchos internamientos médicos, mucha medicación, mucho sufrimiento en enfermos crónicos.

Hace unos días un periódico nacional nos informaba de la última estadística de consumo de alcohol en la población española: el resultado más llamativo es que casi el 75% de la población consume algún tipo de alcohol diariamente. El prejuicio interesado de que una copita de vino al día es beneficiosa para la salud o que una cerveza diaria es inofensiva, nos ha calado a la mayoría; es muy difícil ir contra los pequeños placeres de cada día. Y sin embargo, el mismo diario recordaba investigaciones médicas serias sobre la relación entre esta “pequeña” ingesta de alcohol y varios tipos de cáncer.

Realmente es muy fácil creernos lo que deseamos que fuera realidad; que, por ejemplo, una copita de “buen” vino sea bueno para nuestro organismo.

Pero hay otro argumento que nos sale desde esa parte “valiente” y escéptica que todos tenemos: “bueno…¡de algo hay que morir!” También es una faceta de la libertad. Y, además, pata terminar de complicar las cosas, la función del psiquismo sobre los resultados de los efectos de la química o de agentes físicos sobre nuestro organismo es siempre sorprendente: con no demasiada ingesta alcohólica hay bebedores que terminan cirróticos y otros con mayores cantidades y más daños de consumo tienen un hígado sano.

Con el uso tan beneficioso de la Música en nuestra salud física y mental nos pasa algo parecido: que sale nuestra parte escéptica, la negación de nuestra ignorancia. Cada vez hay más estudios rigurosos sobre el efecto positivo de la Música en numerosos aspectos de nuestro bienestar y en nuestras capacidades cognitivas; pero, primero, apenas se divulgan y, segundo, cuando leemos el titular solemos decir “¡no será para tanto!”. Porque nos cuesta vencer la inercia de los ocios pasivos ( televisión, móviles, sofá…) y decidir escuchar al menos unos minutos diarios de Música, de la mal llamada clásica, la que nos exige una mínima concentración, un silencio adecuado alrededor, una espera para que la escucha sea placentera y creativa. Todo lo que nos rodea nos empuja a la prisa y a la obtención inmediata de algún beneficio…y con ese planteamiento nos perdemos lo mejor. Lo mejor de nosotros mismos y de los demás.

Prescriban los médicos o prescribámonos nosotros mismos más prescripciones sociales (cantar, pasear por el campo, escuchar música, jugar con la mascota…) aunque las farmacéuticas se quejen de que venden menos medicinas.