El estilo

Este mundo de la posverdad (es decir de la mentira) se vale de las imágenes de la posverdad tanto, al menos, como de las palabras. Será por aquello de la máxima de los periodistas de que una imagen vale más que mil palabras. He visto que en la tele aparecen imágenes que no aparecían antes del cambio de gobierno. Una señora o señorita que presentaba o nos daba antes las noticias es la misma que nos las da ahora, pero su imagen no es la misma desde que la periodista Rosa María Mateos fue nombrada algo así como “administradora general provisional” de la TVE. No me acuerdo del nombre de la presentadora porque no me interesa el nombre, lo que me interesa es su imagen; no, no es la misma. Es la misma presentadora que hace unos meses salía los fines de semana un ratito a decirnos cosas, casi siempre acompañada de un presentador, guapo mozo él, y bien cuidado y acicalado, seguramente para que no desentonaran uno de la otra, ni la otra del uno; porque ella por supuesto ¿qué trajes! ¡qué elegancia! y que bien cuidada y maquillada, con un peinado que yo no sé calificar, pero sin duda le daba un aspecto juvenil y a la vez mucha seriedad y más elegancia. Y ahora, sin embargo (y no digo ni que esté mejor ni peor y que no lleve trajes elegantes) se ha desmelenado o la han desmelenado, vamos, como para trabajar a destajo. Me sospecho que puede ser por eso de la progresía. Seguramente que tampoco son las mismas las imágenes que nos ponen en las noticias y telediarios de hechos y acontecimientos, ni son los mismos los periodistas y políticos que salen a hablar y discutir de todo, que llaman tertulianos. Seguramente que si cambiara el gobierno cambiaría también la presentadora y los demás presentadores y lo que nos dicen y las imágenes que quieren que veamos.