Viernes, 15 de febrero de 2019

El grave problema del populismo político

Profesor de Derecho Penal de la Usal

En los últimos tiempos el populismo político se está imponiendo a la dignidad y al compromiso ético de los políticos tradicionales con los ciudadanos y  que construyeron algunas democracias europeas, apoyadas por EEUU después de la Segunda Guerra Mundial.

Por una parte era lógico, puesto que el nacimiento de los fascismos y totalitarismos del periodo de entreguerras, constituyó el germen de las atrocidades cometidas antes y durante este gran conflicto bélico, entre 1939 y 1945. A partir de esa fecha, Europa escarmentó y comenzó a construir el mejor futuro que una comunidad internacional haya atesorado nunca. Por un lado,  en 1957 y con el Tratado de Roma, se constituye la Comunidad Económica Europea que, después del Tratado de Maastricht se incorporó a la unidad económica una acción política conjunta y posteriormente pasó a denominarse Unión Europea con el Tratado de Lisboa, de 2009. La unión económica y política de los países de la Unión Europea se ha conseguido mediante una actividad política de cooperación entre todos, dialogando y llegando a consensos y acuerdos, en muchas ocasiones impensables, pero que fueron posibles.

En esta línea de construcción y no de destrucción han ido evolucionando también otras comunidades de países en otros continentes y siempre con la cooperación de EEUU, aunque, también es verdad, nunca exenta de intereses de toda índole por parte de los norteamericanos.

Con el nacimiento del terrorismo internacional liderado por el yihadismo fundamentalista y los atentados de las Torres Gemelas, occidente comenzó a cerrar sus puertas a ciudadanos extranjeros y a incrementar la seguridad de sus fronteras, surgiendo sentimientos de xenofobia, racismo y exclusión; odio al extranjero, pero no a todos, sólo a los pobres y a los que tienen “malas pintas” y proceden de países orientales o latinoamericanos dirigidos por gobernantes tiranos y cuya situación social es insoportable. Y, simultáneamente a esto, comienzan a aparecer partidos políticos xenófobos, reaccionarios y populistas, que se han alimentado de votos precisamente por proclamar el odio al extranjero, al que no es de su raza, a los pobres, a los excluidos, generándose un sentimiento de “aporofobia” que no se había conocido en las últimas décadas.

Ese populismo reaccionario y elitista ha ido creciendo en progresión geométrica no sólo en algunos países europeos como Francia, Alemania, Italia o Hungría, sino también en EEUU con la victoria inesperada de Trump, seguido por Brasil, con la elección de Bolsonaro y recientemente en España con la irrupción de Vox en las últimas elecciones andaluzas.

Nada cambiaría en España si la derecha política (que ya en democracia ha sido leal a la construcción europea y a los principios y valores del Constitucionalismo moderno y del Estado de Derecho) no se dejara guiar por los populistas y reaccionarios de Vox. Pero, por desgracia, no es así y el PP de Pablo Casado está quedando abducido por los encantos patrióticos, elitistas y ultraconservadores de Vox. Y lo que es más grave aún, esa corriente está arrastrando también a Ciudadanos, un partido que sus líderes lo definían como liberal, progresista y de centro, pero el muro intelectual que está construyendo Vox está paralizando las neuronas de los dirigentes de Ciudadanos. Es lamentable.

La triste consecuencia de todo esto es que tanto Casado como Rivera están teniendo reacciones políticas inusuales en partidos moderados. Están aprovechando cualquier suceso para atacar sin tregua al gobierno de Sánchez, incluso les produce satisfacción golpear al presidente haciendo oposición en España a gobiernos tiranos y corruptos de algunos países, como el de Venezuela.

Sabemos que el régimen político de Maduro, en Venezuela, es tirano, dictatorial, perverso y corrupto. Sabemos que no respeta la voluntad popular y ha llevado a su país no sólo al caos político y a la vulneración flagrante de los derechos humanos de los venezolanos, sino también a la ruina económica del país y a la pobreza de sus ciudadanos. Y esto lo reconocemos todos y cualquier formación política censura con firmeza lo que ocurre en Venezuela. Incluso también Podemos ha criticado duramente la política de Maduro en Venezuela diciendo que es un “régimen nefasto”.

Por todo ello me parece un despropósito, es esperpéntico y ridículo que Casado haya salido en la Puerta del Sol de Madrid con el candidato del PP a alcalde de la capital, reconociendo presidente de Venezuela al opositor Juan Guaidó (postura que es muy legítima, por otra parte) y haciendo un mitin del PP (esto ya no es tan ético y racional) diciendo que “en la ciudad de Madrid nos gobierna un partido que ha asesorado en la represión del chavismo y en la miseria de lo que pasa en Venezuela. Por eso nuestro candidato al ayuntamiento será el alcalde que acabe con los amigos de Maduro en Madrid”. Creo que estas manifestaciones son un vómito a la inteligencia, al sentido común y a la sensatez. Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, ha demostrado durante toda su vida tener una talla intelectual, una preparación técnica y un compromiso ético con el bien común a los que nunca podrá llegar el líder del PP. Una vez más, Pablo Casado ha demostrado su falta de preparación, su incapacidad técnica, su carencia de escrúpulos y su escaso tacto político; síntoma claro de que algo no va bien en su partido. Lo sabe y por eso actúa con esa rabia incontenible. La misma, por desgracia, con la que se manifiestan políticamente sus adorados líderes Trump o Bolsonaro, en sus respectivos países, intentando, además, contaminar a la comunidad internacional.