Sábado, 24 de agosto de 2019

Nuestro sustrato legendario

El pasado lunes, en el primer momento de la mañana, en rueda de prensa, presentábamos en la Diputación Provincial, editora del libro, nuestra obra ‘Leyendas de tradición oral en la provincia de Salamanca’.

Un libro que nos ha llevado lustros de trabajo, desde los inicios de la década de los años ochenta del siglo pasado, hasta prácticamente hoy, el momento en que la obra ha visto la luz.

En él, a través de un trabajo de campo continuado y de una tarea de investigación y estudio paralela, hemos ido recogiendo, transcribiendo de modo fidedigno y catalogando todo el sustrato legendario vivo en la tradición oral de nuestros campesinos, dentro de una estructura de diez grandes campos con no pocos sub-apartados cada uno de ellos: el cielo, la tierra, las aguas, la vegetación, los santos y los héroes, las etnias, las figuras del miedo, el humor, los animales y los seres imaginados.

En tal marco, creemos, se da una noticia completa –en la medida en que este calificativo puede aplicarse a una tarea infinita e inacabable– de la vitalidad que hoy tiene el sustrato legendario tradicional en el mundo rural salmantino, un mundo, desgraciadamente, como le ocurre a las demás provincias castellano-leonesas, envejecido y despoblado.

Leyendas en torno al arco iris, las tormentas, las estrellas o la luna; los nombres de los pueblos, los tesoros, las localidades desaparecidas; las fuentes y los ríos; la piedra del rayo, los distintos árboles y arbustos; las imágenes sagradas aparecidas y veneradas en nuestras ermitas, los héroes; los moros, los franceses, los carlistas, los antiguos oficios; las figuras con que se atemoriza a los niños; las golondrinas, el cuco, el bastardo o la culebra; las moras encantadas, las brujas o el demonio… van desfilando –entre otras muchas– por las páginas de este libro.

En él, damos etno-textos (leyendas transcritas de modo riguroso y fidedigno) recogidos en doscientas dieciséis localidades distintas, de toda la provincia (más o menos el sesenta por ciento de ella); están representados todos los antiguos partidos judiciales (la propia capital, Ciudad Rodrigo, Béjar, Sequeros, Vitigudino, Ledesma, Alba de Tormes y Peñaranda de Bracamonte), a través de una encuesta de lustros, donde aparecen en torno a quinientos informantes; parte de ellos ya han fallecido, por lo que acometer hoy una tarea de tal tipo ya sería imposible.

La tarea de recogida etnográfica, así como de transcripción de los etno-textos, de clasificación de los mismos y de establecimiento de un marco de estudio que les dé sentido, es una tarea que ha de ser realizada con lentitud; se trata de un oficio de paciencia.

Nosotros lo hemos realizado, tanto en esta obra, como en otras de tipo etnográfico comarcal (por ejemplo, el romancero de la Sierra de Francia), utilizando nuestros propios recursos, sin subvención ni ayuda alguna; solo, eso sí, con la edición de sendas obras, en el marco de una institución pública provincial como es la Diputación.

Es –entre otras– nuestra contribución al mejor conocimiento de la cultura tradicional de nuestra provincia, de esa cultura de nuestras gentes humildes, de nuestras gentes campesinas, de nuestras gentes intrahistóricas, que desde su existir anónimo han ido configurando una cultura poderosa, que hemos de conocer, valorar y, en la medida de lo posible, preservar y salvar de la desaparición y del olvido.