Viernes, 20 de septiembre de 2019

Don Julián

Julián Bernal, médico rural

“Uno de los elementos definitorios de lo que es el ser humano es nuestra capacidad de preocuparnos por los otros; no sólo decir que nos preocupamos, sino vivir esa preocupación, tener empatía”.

-Y, Don Julián tenía mucha Empatía- y era capaz de: “Sentir las emociones que experimentaban otras personas como se fuesen suyas”.

-Con nuestro personaje de hoy, Julián Bernal, (q.e.p.d), quedamos citados en el-Colegio de Médicos-salmantino. Puntualmente allí estaba junto a otros compañeros de profesión y debo confesar, que tal vez, por connotaciones personales yo tenía “in mente” desde hacía mucho tiempo esta entrevista a un médico jubilado carismático, que fuera representante y portavoz de todos aquellos que ejercieron la medicina en unas condiciones precarias, tanto económica como en medios materiales; pero que eran poseedores de una gran-Empatía-: “Con gran capacidad de preocuparse por los otros y que aparece cuando se está expuesto al sufrimiento y que instintivamente se intenta evitar el dolor y a menudo tenemos la tentación de  eludir precisamente lo que nos hace humanos; el preocuparnos por los demás”…  

-Decía que yo “buscaba” un personaje singular que tuviera estas premisas de “no mirar para otro lado” y pienso que lo encontré con creces en-Don Julián-, pues une a sus muchas cualidades, como médico y persona, la de haber ejercido la medicina rural durante muchos años.

-Nací en-Calvarrasa de Abajo- un 18 de abril de 1916, pero a los 4 años de edad nos fuimos a-Babilafuente-donde mi padre había sido trasladado para ejercer la profesión de Veterinario. Allí comencé  mis estudios con el célebre plan-Callejo- y luego inicié medicina en el año 31. Que me “cogió” cuando el-Movimiento Nacional- con cuatro cursos aprobados y que terminé después en el-Segundo Cursillo-de la postguerra. Fui de esa promoción de médicos de esa terrible –postguerra- y mi primer destino lo fue de interino en-Garcihernández- casi al día siguiente de terminar la carrera el día 15 de julio y el 26 ya estaba ejerciendo. El médico llegaba al pueblo, se le contrataba con carácter colectivo que generalmente controlaba el alcalde y te decían lo que ibas a ganar…

-Y, ¿Cuánto era?

-Pues, 8.250 pesetas al año por todos los servicios, excepto partos y accidentes de trabajo que se cobraban aparte a 25 pesetas y pagaban los interesados. Yo estaba en una pensión de pupilo, regentada por la –señora Violante- y en la que siempre me maravillaba pues al entrar en  la cocina a la hora de la comida yo nunca veía ninguna vianda en la lumbre de paja… y me  decía yo ¡caray!, cuando se comerá en esta casa. Pero no había cuidado, a las dos estaba la comida en la amplia mesa.

-Como comprenderás los medios de desplazamiento eran muy precarios, pocos y malos; recuerdo aquel coche de línea llamado “el amigo de todos” que iba de-Peñaranda a Alba de Tormes y que parecía que estaba hecho con piezas de otros coches y en las cuestas había que empujarle, ante el regocijo del señor Dámaso que era el chofer de aquella reliquia. Y te contaré también que yo tenía que visitar otros lugares como “La Lurda”, que lo realizaba a pie y seis fincas más “La Granja”, “Gemingómez”, “Matamala”, “El Pardo”,  “La Aceña” y “La Cida” que realizaba a caballo, cosa que en aquel momento me encantaba.

-Llegados a este punto de confesiones yo tengo que decir que-Don Julián- se emocionó y mucho cuando me contó: “Era el santo de mi padre-San Agustín-y yo tenía el caballo atado a la ventana esperando terminar la visita para irme a-Babilafuente- que está a 12 kilómetros; cuando me llegó el aviso de que estaba de parto la señora-Beatriz-que era una señora que tenía ya seis hijas y el parto se solucionó en una hora. Al marido le llamaban-Chemari- y estaba con las seis niñas en la explanada del juego de pelota esperando con ansiedad el nuevo nacimiento. Así que cuando nació el bebe le llamé a gritos; ¡Chemari, ven hombre! Y él desde lejos, nervioso e impaciente me preguntó… ¿Qué tengo?... ¡otra niña! Y a lo lejos, pude ver la desilusión del hombre, que cuando llegó a mi lado susurraba resignado… ¡bueno, habrá que criarla!

-Don Julián también fue médico en-Candelario-, cambiando de orografía y ambiente dos años y luego marchó a-Mancera de Abajo- ¡para seis meses, pero estuvo 37 años y 15 días! Llegó un 2 de noviembre de 1940, más tarde le acumularon-Bóveda- a la que iba a pie o en bicicleta por un camino horroroso, todos los días a las 9 de la mañana. Cuando llovía se ponía las botas de goma y para acortar caminaba por el regato. No existía –Televisión, la-Radio- era de galena y ni siquiera había ¡llegado el 600! Así que la vida era sencilla con muchas tertulias y camaradería. Don Julián terminó pasando consulta en-Salamanca- y siempre, siempre repartiendo empatía.

Personalmente hoy quiero terminar esta entrevista con una –aseveración y una –pregunta-. La primera cuando le pregunté (con conocimiento de causa, pues mi padre también fue médico rural y tuvo las mismas penurias que él y siendo compañero de tertulias en aquellos famosos jueves en Peñaranda de Bracamonte de inolvidables recuerdos, empatía y amistad entre los médicos de aquella Zona).

-¿Contento con la singladura?

-Mucho, solamente te diré que: “El-médico-rural-, era una institución. De aquella generación de médicos de la postguerra yo podría dar nombres, sin moverme de la silla, de más de cien compañeros que adquirieron tal prestigio ejerciendo la –Medicina-Rural-, que no tenían que envidiar a nadie a ningún nivel”.

-Y  la pregunta, me la hizo Don Julián a mí; fue una pregunta dolorida: ¿Tú qué opinas Anselmo?... Cuándo pase un tiempo en esto del devenir de la medicina ¿Abriremos los ojos ante el dolor de los otros, y sentiremos con ello la necesidad de ayudarles?

--Confieso que: “No supe contestarle y puedo ahora menos, en esta época de Posverdad”. Solamente sé… que lo que él me preguntaba y proponía; ahora se llama-EMPATÍA”.

-Y, no olvidéis que personas singulares; son aquellas que “pasaron por aquí” y dejaron su-HUELLA-(pisada del hombre o la mujer en la-TIERRA-). Pues eso.

  • Julián Bernal ejerció de médico en Mancera de Abajo durante 37 años y 15 días