El problema Vox

La política en nuestro país ha pegado un viraje importante tras las últimas elecciones andaluzas. Nadie esperaba estos resultados, pero aquí están, impepinables. Todas las previsiones apuntaban a una reedición del gobierno socialista, pero surgió lo inesperado y el centro derecha ha ganado la alternativa, cosa innegable. Pero hay que ser precisos y no quedarse en generalidades: en Andalucía ha habido dos partidos que han fracasado rotundamente, con una pérdida de votos impresionante: el PSOE y el PP. Ambos han sido los grandes derrotados, y no se puede ocultar la realidad. Pero surgió lo imprevisible: la aparición de un nuevo partido, desahuciado en anteriores comicios, que es Vox, y a quien han ido a parar buena parte de los votos huidos del PP y también de otros partidos (no olvidar esto, también de la izquierda).

Pero ¿quién es Vox? Está claro, un partido ultraderechista, que ha recibido ni más ni menos que 400.000 sufragios de los andaluces, y esto no se puede menospreciar. Decir esto no es demasiado, aunque sea cierto, Vox no es una reedición del partido de Le Pen en España, estaría más cerca de otros partidos extremistas centroeuropeos, con componentes tradicionales (toros, caza, Semana Santa…) y nostálgicos de un tiempo que se fue para algunos (tintes confesionales de un catolicismo retrógrado), pero no para todos.

 ¿Pero por qué Vox ha recibido este apoyo? No es casual, es fruto de la desilusión y el desengaño de esos andaluces. La abstención de 700.000 antiguos votantes socialistas no es una casualidad, es un voto de castigo de quienes se sienten defraudados. Y la huida de votos del PP es el resultado de la corrupción que ha enfangado a este partido, y sus votantes también lo han castigado. Por lo tanto, basta de engañifas: si Vox está ahí, es por culpa de la indolencia e irresponsabilidad de los dos grandes partidos. Las cosas en política nunca son casuales, qué fácil es condenar el éxito de Vox, ¿pero quién se pregunta por qué está ahí?

Ciudadanos ha sido el receptor de muchos sufragios provenientes del granero socialista y popular. Junto con Vox es el gran triunfador de esas elecciones, pero insuficientemente. El voto de protesta a derecha e izquierda no se ha transferido en su totalidad al partido de Rivera. De alguna manera, el voto radical de derecha no confía en Ciudadanos, al que le ve en una posición tibia o ambigua, que puede conducir a apoyar al PSOE si los números dan para ello. Y es así, pero no hay que olvidar que Ciudadanos no es un partido de derechas sino de centro, aunque algunos no entiendan este concepto porque su concepción política es de blancos y negros, y en ella no quepan los matices. Pero, claro, la aparición de Vox ha privado a Ciudadanos de su condición de partido al que van todos los defraudados por los partidos mayoritarios.

Y entro en lo principal: entre los tres partidos de derecha y centro han obtenido el voto mayoritario, lo que les permite gobernar, pese a que, y conviene recordarlo, el PSOE haya seguido siendo el partido más votado. Pero quien gobierna es quien tiene la mayoría absoluta y esta la ha perdido la izquierda. De ahí que sea legítimo llegar a pactos entre esos tres partidos. Pero aquí ha surgido el problema: Ciudadanos se ha negado a pactar en cualquier caso con Vox, ¿por qué? Porque a este último se le ha endilgado el letrero de partido de extrema derecha, anticonstitucional y antisistema. Ciudadanos ha visto el riesgo de contaminarse políticamente (la alarma ha llegado hasta Macron, en Francia) y ha impuesto el doble pacto: por una parte, PP y Vox, por otra PP y Ciudadanos, entendiendo que este procedimiento les salvaba de la cercanía al partido ultraderechista.

Es una cuestión de imagen, pero políticamente, necesitando los votos de Vox para gobernar en Andalucía, Ciudadanos no podía vetarlo porque los andaluces se lo habrían penalizado, al no entender que se desaprovechara la oportunidad histórica de gobernar. Haber repetido elecciones en Andalucía habría sido letal para Ciudadanos. El pueblo no entiende de esas complejidades y sinuosidades. No hay que olvidar tampoco que la despensa de votos de Ciudadanos tiene diversos orígenes, y uno importante es el del PP, y aunque estos votantes conservadores estén decepcionados y hayan huido del partido de la calle Génova, haber rechazado la oportunidad de hacerse con el gobierno andaluz, podría haber tenido consecuencias negativas en las próximas elecciones de mayo.

Por todo ello, como era lógico estratégicamente, gobernarán PP y Ciudadanos, con el apoyo sotto voce de Vox, entrando en una nueva etapa histórica en Andalucía, donde, porque así lo han querido los andaluces durante 40 años, no había habido alternativa hasta ahora. Es bueno que haya un cambio. La alternancia es presupuesto de la democracia, y en España solo quedaba Andalucía por llevarla a la práctica (País Vasco y Cataluña pasaron por ella antes), lo cual era una anomalía, y hay que reclamarla siempre por higiene democrática, cosa que los fanáticos de cada partido no hacen cuando les beneficia a ellos. No obstante, el cambio en Andalucía no será fácil de llevar a cabo: la infiltración socialista en la Administración y su dominio absoluto en la paralela, además de unas prácticas consolidadas en su forma de actuar, no auguran un camino de rosas al PP y Ciudadanos.

Vox ha acelerado la situación política en España. Pero todo sigue abierto. En los próximos meses, con las elecciones europeas, municipales y autonómicas, veremos si la situación política en nuestro país ha entrado realmente en una nueva fase. Hasta entonces, esperemos. Momento apasionante y lleno de incertidumbres. Todas las hipótesis son posibles.

Marta FERREIRA