Jueves, 23 de mayo de 2019

Nuevo censo, misma evolución

Hace unas semanas, el Instituto Nacional de Estadística (INE) hizo públicos los datos definitivos del censo de población del año 2018 y, como viene siendo habitual en los últimos años, tanto la provincia de Salamanca como nuestra comarca han perdido nuevamente habitantes.

En este sentido, poco se podía esperar si tenemos en cuenta que no se están tomando ningún tipo de medidas (y mucho menos profundas) para atajar el problema de la despoblación en nuestra tierra, con una Raya que se desangra año sí, año también.

A este respecto, la incomunicación que posee el noroeste salmantino con respecto a Portugal y Zamora (apenas enlazados mediante la presa de Saucelle y el puente de La Fregeneda con Portugal, y mediante la presa de Almendra y el puente de Trabanca con Zamora -hasta el paso de Ledesma-) no es sino una piedra más en el camino que imposibilita unas mayores relaciones comerciales con Portugal y Zamora y, con ello, cortando las posibilidades de un mayor desarrollo económico.

Por otro lado, tampoco ha ayudado en demasía, de cara poner en valor nuestros productos y con ello que pueda fijarse población, el hecho de que tanto en las Cortes autonómicas como en el Senado en los pasados debates de Presupuestos, PP (en el caso de las Cortes) y PP, PSOE y Ciudadanos (en el caso del Senado) rechazasen las enmiendas de Unión del Pueblo Leonés para poner en valor los productos agroalimentarios del noroeste de Salamanca (para los que solicitaba un plan de promoción para la marca de garantía Queso Arribes de Salamanca, el vino DO Arribes o las carnes salmantinas).

Y otro tanto se podría decir de la enmienda conjunta de CCRL y UPL para un Plan de Desarrollo de la Raya, que buscaba fijar una serie de inversiones en la zona fronteriza de Salamanca y Zamora con Portugal, y que fue imposibilitado por el rechazo de PP, PSOE y Ciudadanos en el Senado, ayudados también por el voto en contra de otras formaciones como el PNV o Foro Asturias.

 

2017

2018

Diferencia

El Abadengo

5.348

5.219

-129 (-2’4%)

La Ramajería

3.174

3.055

-119 (-3’7%)

La Ribera

3.724

3.587

-137 (-3’7%)

Tierra de Vitigudino

4.336

4.256

-80 (-1’8%)

TOTAL

16.582

16.117

-465 (-2’8%)

 

Con tan insignes representantes, que cortan cualquier posibilidad de inversión en la Raya, no es de extrañar que los datos demográficos arrojen las cifras que ha publicado el INE, y que se fijan en una pérdida de casi medio millar de habitantes en el noroeste salmantino en el último año, lo que se traduce en una caída de casi un 3% de la población entre 2017 y 2018, con los peores datos en las comarcas de La Ramajería y La Ribera, que rozan el -4%.

De esta manera, en lo que concierne a las principales poblaciones de la zona, cada vez quedan más lejos los tiempos en que Vitigudino superaba los 3.000 habitantes, habiendo pasado de 3.108 habitantes censados en 1991, a los 2.538 del último censo. Y otro tanto se podría decir de Lumbrales, que en el mismo periodo ha pasado de 2.291 a 1.619 habitantes (cuando a mediados del siglo XX llegó a acercarse a los 4.000), así como de Villarino, que de superar los 2.000 habitantes en los setenta, ha visto reducido su censo a 805 personas en 2018.

Evidentemente, no escapan a esta catástrofe demográfica otros núcleos menos populosos, más si cabe si ampliamos el análisis a un espacio temporal más amplio. Así, si Guadramiro inició el siglo XX con 830 habitantes, en el último censo su población ya estaba reducida a 145 personas. Misma evolución que tuvo Mieza (de 1.181 habitantes a 208 en el mismo periodo), Cerezal de Peñahorcada (de 538 a 76), Iruelos (de 321 a 34), Brincones (de 444 a 56), San Felices de los Gallegos (de 1.754 a 413), Espadaña (de 388 a 34), etc.

En definitiva, que si queremos mantener con vida nuestros pueblos, el noroeste salmantino necesita soluciones y las necesita urgentemente, con una fuerte inversión de las instituciones que ayude a cortar de raíz el problema, creando unas mejores conexiones con otros territorios, poniendo en valor y promocionando los productos agroalimentarios de la zona, y debiendo crearse una cierta capa de industria en nuestras comarcas (aunque tenga que ser de capital público) que facilite el asentamiento y permanencia de población en el territorio. De lo contrario, la decadencia de la zona se seguirá alargando hasta que no queden seres humanos en ella.