Jueves, 13 de agosto de 2020

José Antonio nos da la pista

José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia fue un abogado y político falangista español

En el fascismo (…) hay, por debajo de las características locales, unas constantes, que son patrimonio de todo el espíritu humano y que en todas partes son las mismas.

(José Antonio)

Se suscita la cuestión de si es propio considerar fascistas a Vox u otros partidos de extrema derecha (Liga Norte, Frente Nacional, FPO, etc.) o hay que inventar algún término específico nuevo.

Creo que el análisis histórico puede aclarar un poco el tema y nos puede ayudar en ello la opinión de José Antonio (Primo de Rivera). Él rechazó asistir a la conferencia fascista de Montreux en 1934 alegando que Falange no era un partido fascista, aunque sí tenía con el fascismo, añadía, “coincidencia en puntos esenciales“. Luego, ya en la Guerra civil, la prensa identificaba a sus seguidores como fascistas y ellos mismos lo asumían sin problema. Y el primer libro serio de historia de la Falange, el de Stanley Payne, de 1965, se titulaba “Historia del fascismo español”.

Pues por ahí vamos: hay “coincidencias esenciales“ y diferencias importantes entre el viejo y el nuevo fascismo (VF y NF).

Quizá lo principal es que, a diferencia del VF, el NF es menos violento. Aquel surgió como “Partido de la porra“, “Fascio de combate “, “primera línea”, etc., siendo todo ello algo más que palabras. Se buscaba amedrentar, acongojar, hacer la vida imposible a la gente y de paso comerle el coco con la propaganda. Ahora no es que se repudie la violencia, pero se plantea de otro modo. Por decirlo así, donde antes se usaba la “dialéctica de los puños y de las pistolas“, ahora se prefieren “muros infranqueables“; a donde antes se mandaba a los piquetes, ahora se llama a la policía. Por suerte la guerra ha desaparecido del horizonte, de momento, aunque sigue, sin embargo, la vieja dialéctica maniquea de “nosotros o ellos”.

Otra diferencia importante estriba en lo económico. El VF supuso un pacto con el gran capital, de modo que, asegurando los intereses de éste, se planificaba una renovación económica nacional basada en la autarquía y en un fuerte intervencionismo estatal orientado a las obras públicas y a la remilitarización. Ahora las reglas del juego del globalismo permiten menos alegrías y el programa de Vox no es muy distinto del del PP: rebajas generalizadas de impuestos y drástica disminución del gasto público. Poco más, no hay nacionalismo en lo económico.

No es concebible la figura del caudillo ahora. Si nos imaginamos a Abascal en un informe nos viene más a la mente un segurata de Mercadona que un alférez provisional.

Y ¿dónde estarían las “coincidencias esenciales“ con el VF?

En un estruendoso nacionalismo españolista, que niega incluso el carácter de español a los idiomas de Galicia, País vasco y Cataluña.  Quienes vivimos la Dictadura sabemos bien de qué va esto.

En reivindicar la vuelta a al centralismo puro y duro, eliminando el estado de las autonomías. Sólo faltaría reponer a los gobernadores civiles al mando de la cosa provincial.

En una fuerte xenofobia, enésima versión histórica de la vieja tendencia humana de proyectar los males colectivos hacía un chivo expiatorio exterior.

Y, en fin, en fuertes dosis de tradicionalismo en cuestión de familia, trato a la mujer, usos y costumbres, junto con una visión de la historia de España del tipo de la “Enciclopedia Álvarez”, tampoco muy distinta de la que tiene Pablo Casado

Pues eso; como diría José Antonio: sólo algunas coincidencias esenciales.