Jueves, 24 de enero de 2019
Béjar al día

El ingeniero Norberto Redondo repara en tiempo record el telearrastre de La Covatilla

El Ingeniero, hijo del conocido profesor de la Escuela de Ingenieros Félix Redondo Quintela, consigue una solución para evitar el uso de hormigón armado, que no fragua con las heladas extremas de la alta montaña de la zona del Canchal Negro

Primer alzado y puesta en tensión

El lunes 17 de diciembre, durante el acto conmemorativo de los 800 años de la Universidad de Salamanca celebrado en la Escuela de Ingenieros, el Alcalde de Béjar encomendó el diseño y la dirección de las reparaciones del telearrastre del Canchal Negro en La Covatilla al Dr. ingeniero industrial Norberto Redondo Melchor, hijo mayor del varias veces director de la Escuela Dr. Félix Redondo Quintela, que se ofreció voluntario para asumir la tarea. El Ingeniero con una oficina técnica en Salamanca, inspeccionó durante la mañana del martes, 18 de diciembre, el lugar ocupado por la estación tensora derribada. Vientos de 140 km/h en la cumbre y manchas de nieve helada dificultaron mucho el acceso.

El miércoles 19 ya disponía de una idea válida para solucionar los múltiples problemas prácticos que presentaba la reparación. El primer problema surgía del hecho de que el Ayuntamiento de Béjar consideró necesario retranquear la estación tensora para reubicarla fuera de los terrenos en litigio, con independencia del resultado de los juicios en marcha. Ello implicaba acercar la estación tensora más de 10 m hacia la última pilona del telearrastre, acortando consecuentemente la longitud del cable tractor al que se enganchan las perchas que suben a los esquiadores, y hacer cimentaciones nuevas.

El segundo problema era ejecutar los anclajes en nuevas cimentaciones construidas en un entorno muy difícil y con un tiempo atmosférico impredecible, teniendo en cuenta, además, la imposibilidad de acceder al lugar con medios de construcción habituales.

Y el tercer problema era la urgencia para terminar toda la intervención, considerando la inminencia del invierno, de la Navidad y sus fiestas, y los condicionantes de las soluciones basadas en hormigón armado, que requiere temperaturas por encima de 0ºC para asegurar su fraguado seguro y, sobre todo, al menos tres semanas de pausa de todos los trabajos posteriores hasta conseguir su endurecimiento total.

La solución diseñada consistió en asumir que el hormigón que se pudiera aportar allí arriba no fraguaría en las debidas condiciones, y que, por ello, nunca podría aportar rigidez a la cimentación. Pero siempre le daría peso, y por ello se optó por construir dos subestructuras metálicas enormemente rígidas, sobre sendas planchas de acero reforzado en su base, de manera que estas subestructuras aportaran la rigidez que el hormigón nunca podría dar, mientras que éste, el hormigón, simplemente aportaría peso muerto en forma de lastre sobre dichas subestructuras.

Con esta solución se eliminaban los problemas segundo y tercero anteriores: las dos estructuras eran razonablemente transportables con los medios de que disponía la propia estación de esquí, y una vez lastradas con hormigón en masa, eran inmediatamente utilizables. No se pudo encontrar una solución factible más rápida que esta.

El jueves 19 ya estaba la empresa Metal Izard, con talleres en Béjar, delineando los planos de cerrajería de las dos subestructuras. Su director, Santiago Sevilla puso, ese día, a disposición de este proyecto todos los medios de los talleres de Venta de Baños, donde tenían más material inmediatamente utilizable que en Béjar. El ingeniero Julio Plaza coordinó las acciones, de forma que las dos subestructuras de más de 2500 kg en total se entregaron en Béjar el viernes 20 por la noche, “en un ejercicio de responsabilidad y buen hacer profesional absolutamente encomiable”, según las palabras del propio Norberto Redondo.

A la mañana siguiente, el sábado 21 de diciembre, Javier Maíllo, responsable de la base de la estación de esquí, coordinó con los servicios municipales el transporte hasta la estación de ambas subestructuras, más los acopios necesarios de grava, cemento y anticongelante proporcionados por Almacenes Revilla en Béjar. Ese mismo sábado el personal de la estación consiguió subir hasta la cumbre, en el cazo de las palas retroexcavadoras, el grupo electrógeno, la hormigonera, agua en bidones, arena, grava y cemento, en cantidad suficiente para ir preparando la cimentación de los anclajes de la estación tensora en su nueva ubicación. También se subió la subestructura trasera, y el lunes 24 por la mañana, día de Nochebuena, se subió más material y la subestructura delantera.

Durante el sábado y el lunes el personal de la estación, dirigido por el ingeniero Norberto Redondo y con la inestimable colaboración de D. Abilio, maestro cantero al servicio del Ayuntamiento de Sorihuela, quedaron acondicionados los dos fosos de cimentación para las subestructuras. Algún villancico se cantaba mientras los trabajos progresaban entre el viento y el frío.

Las dos subestructuras se lastraron hasta la mitad de su profundidad el miércoles 26 por la mañana. Por la tarde, manejando con muchísima delicadeza los brazos de las dos retroexcavadoras de la estación, el personal de base y de montaña consiguió izar y asegurar en su lugar tanto la pilona inclinada como su bequilla vertical trasera sobre su dos nuevos anclajes, que al estar tan robustamente construidos se comportaron magníficamente. Y ya se pudo solicitar de una empresa especializada el acortamiento del cable tractor.

El resto de esa semana se empleó en continuar afianzando los márgenes de las nuevas cimentaciones, acopiando y colocando piedra, y añadiendo hormigón en masa para que formara todo el volumen de lastre que requerían los cálculos del ingeniero para las dos subestructuras.

La nueva posición adelantada en más de 10 m de la estación tensora requería acortar el cable tractor al que se enganchan las perchas que suben a los esquiadores. La empresa de Alfredo ‘el Maño’ desplazó dos operarios que llegaron el lunes siete de enero, y que fueron auxiliados por hasta seis miembros más de la estación. Ese día se comenzó tensando el cable, comprobándose que la estación tensora cumplía su función perfectamente. El frío y el viento convirtieron la jornada del día siguiente, martes ocho de enero, en un horror, pero se pudo culminar el acorte del cable tractor poco antes de las 19 horas, ya oscurecido.

A continuación el responsable de montaña de la estación, Javier Conesa, y su equipo, comenzaron a rematar la durísima tarea de poner a punto todas las regulaciones de las numerosas poleas, tensores, vientos y demás ajustes que requiere el telearrastre, que ha variado su longitud y precisa de un tense nuevo. Son las operaciones que se hicieron antes del inicio de temporada y que hay que repetir.

El trabajo de equipo ha conducido al resultado pretendido. La ilusión y el esfuerzo generoso de todos los participantes, en especial del personal de la estación de esquí, han permitido llevar a cabo una tarea eficaz en tiempo récord, sin importar vacaciones ni festivos, que las empresas especializadas habían considerado imposible y cuya solución habían diferido hasta el verano con buen tiempo.

Según Redondo, durante todos estos días el impulso del Ayuntamiento ha sido también ejemplar, no solo del concejal Santiago Sánchez Yuste, sino especialmente del alcalde Alejo Riñones Rico, que confió en que el personal de la estación sería capaz de llevar a cabo, bajo la dirección del ingeniero, las acciones excepcionales que el proyecto requería, y solucionar el problema como a Béjar y su Comarca convenía.

El Alcalde ha señalado, que aunque se ha solucionado el problema y la estación está preparada para empezar a hacer nieve con los cañones, en cuanto las bajas temperaturas y el grado de humedad lo permitan.  Ha añadido que el Ayuntamiento no perderá ni un metro de los terrenos que le pertenecen y se tiene previsto interponer acciones legales contra los responsables. Además se están valorando los costes de todas las obras que se han tenido que llevar a cabo  para pasar la factura a los propietarios implicados en el derribo de la pilona de La Covatilla.

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  • Entorno hostil en el que se han tenido que realizar los trabajos
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